ARTBASEL 2012: “Paren Miami, me quiero bajar”

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Miro, Picasso, Rothko y Calder en la edición ARTBASEL 2012 Miami Beach

Preludio

Rio tiene el carnaval y Miami tiene Art Basel. Ciudad adolescente adicta al circo a la que este carnaval con ribetes artísticos y sobredosis de frivolidad le va como anillo al dedo. Y una semana donde la sensación predominante – extraña, placentera, agobiante, indefinible – coincidió con el paradójico “Paren el mundo, me quiero bajar”.

Desde hace once años el circo llega al pueblo, se instala, marea y se va, dejando la agridulce sensación de una fiesta en la que todos los que llegaron, llegaron tarde o se perdieron algo. Sensación aún más exacerbada durante la edición 2012, donde la desmesura fue absoluta protagonista reflejada en mas de veinte ferias de arte satélites que orbitaron el huracán ArtBasel, nave madre del bien y del mal, núcleo y ojo de ominosa calma.

Quienes repiten que las artes visuales aquí se dividen en A.B. y D.B. (“Antes y Después” de la feria suiza) olvidan el boom de los noventa con galerías locales en plenitud, pequeños museos pioneros y la tradicional ArtMiami (este año en su edición XXIII) que de enero se mudó a diciembre para acomodarse al $igno Basel y convertirse en competidora nada desdeñable. En aquel entonces, por estos lares el arte latinoamericano tomaba impulso, después los americanos miraron hacia este extraño sur, luego los europeos… y mañana seguramente, serán los asiáticos. En poco tiempo, Miami se convirtió en ombligo catalizador, ideal cruce de caminos para huir del invierno boreal añadiéndole un pseudo exclusivo barniz a esta nueva e impredecible legión de Springbreakers.

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Duane Hanson en Van de Weghe

Acción

Esta vez, la saturación de antemano quedó justificada. Peor que otros años, fue aún más difícil ver lo que había para ver. Las distancias sumadas al tránsito imposible y al deficiente sistema de transporte público parecieron colapsar la infraestructura ante las hordas excitadas por la suprema feria de vanidades donde todo vale, dos minutos, sí, apenas dos, de fama incluidos.

Cuando se abrieron las puertas primó un demencial sistema de castas para llegar cuanto antes a lo que fuera. Apenas entró la prensa  (que este año sufrió falta de tacto y ni siquiera fue acreedora del catálogo para consulta general debiendo resignarse a buscar cada nombre online) mientras pujaba la elite de bi/millonarios (vívida encarnación de los maggots del vitriólico Tom Wolfe) abalanzándose sobre las presas incluso antes que los VIPs y coleccionistas mas tranquilos y avezados. Siguieron los invitados al vernissage y finalmente, una multitud que  desbordó el Convention Center (y la contigua Design Miami y el Bass Museum) de Miami Beach para cinco días de voraz supermercado disfrazado de museo donde se vio y se compró lo que se pudo.

En este vía libre para el narcisismo rampante con egos encontrados, ensalzados, desbocados, robustecidos o aplastados entre desayunos, almuerzos y fiestas incoherentes, fue imprescindible hallar los oasis verdaderos, razón de ser del hecho artístico. Y afortunadamente los hubo en abundancia. La pintura estuvo más presente que en otras ediciones por sobre la fotografía e instalaciones además de nuevos materiales, mas video y mas digitalización. Se observó fuerte presencia de galerías venezolanas, brasileñas e italianas sumándose al aluvión de alemanas, británicas y norteamericanas. Un sublime rincón Calder de la Fundación Beyeler compitió en serenidad con los Rothko, Klee, Nolde, Matisse, Feininger, Soutine, Albers, Nevelson, Miró, Chillida y un pequeño Rene Magritte atípico que valió la pena el viaje.

Monstruos sagrados como Gerhard Richter, Anselm Kiefer, Max Ernst, Lucien Freud, Francis Bacon, Donald Judd, Fernand Léger y Richard Serra tampoco quedaron atrás. Las galerías Mary Anne Martin, Sicardi, Jorge Mara (con una recoleta Ana Sacerdote), Ruth Benzacar y la uruguaya Sur (un literal museo Berni, Torres Garcia, Atchugarry y Gurvich) hicieron desear por más latinoamericanos en la madre de todas las ferias.

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Emil Lukas en Hosfelt Gallery

Quien logró cruzar el puente hacia Miami vio como el otrora olvidado Wynwood florecía con carpas gigantes donde se asentaban las ferias satélites capitaneadas por una excesivamente crecida ArtMiami y su flamante adición Context. A Wynwood y su vecino Design-District, repletos de galerías, murales con graffitis y un zoológico fellinesco más informal que aquellos que sólo se dedican a “Baseling”, se sumó la apertura al público de las colecciones Rubell, MarguliesDe la Cruz, Cisneros-FontanalsSackner, la portuguesa Berardo en la galería Gary Nader y en MOCA, bien al norte, una impactante muestra de Bill Viola que incluyó “The Raft“.

ArtMiami y sus eclécticas hermanas (que en este 2012 fuera de cauce incluyó una asiática, una africana y la madrileña JustMad, lamentablemente fuera del circuito) como Pulse, Scope y la nueva y espaciosa Miami Project, también apostaron fuerte con la representación latinoamericana.  Se destacó la abstracción, la figuración, los geométricos y consagrados como Soto, Paternosto, Cruz Diez, Kentridge, Matta, Le Parc y los hermanos Starn. Imposible mencionar a todos como imposible no mencionar la luz de Garry Fabian Miller, la sabia conjunción este-oeste de Xiao Guo Hui, los sedosos blancos de Udo Nöger, los alucinantes tramados de Emil Lukas o Sam Messenger y el decadente erotismo de Christian Schoeler.

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William Kentridge en Osborne Samuel Gallery

De Yayoi Kusama y Rubén Torres Llorca a David Hockney y Fernando Botero pasando por Julie Mehretu y Lucio Fontana, consagrados y emergentes, otra vez originalidad y efecto rivalizaron con el arte que evoluciona, decanta y permanece amén de modas y tendencias. Y en todo sentido, éste último fue el ganador.

Más allá de la alarmante desmesura que favorecería una contracción lógica (lejos de suceder si se tienen en cuenta los planes de mayor expansión para el 2013), la próxima ArtBasel verá también la ansiada inauguración del PAMM (Pérez Art Museum Miami) que se espera consolide un polo local e internacional independiente del glamour de las cada año mas numerosas ferias pasajeras; y entonces, cabe la pregunta ¿por qué no una que concentre  selectas galerías locales como referencia y estrategia de la creciente importancia de las artes en Miami?

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Desbalance evocador del Koyaanisqatsi de Philip Glass, soberbia y codicia entrelazadas, algún perfume de fin de mundo y  “a río revuelto ganancia de pescadores”…  todo aplicó para esta danza de la fortuna hasta que el brillo prestado se desvaneció y otra vez Miami regresó a su condición de cenicienta después del baile. Quizás el príncipe le llegue pronto pero, mejor que se apure porque el mar implacable, ay, sigue subiendo☼

(una versión abreviada se publicó en el diario Ambito Financiero de Buenos Aires)

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Gerhard Richter – 921-4 STRIP – 200×440 cm – Cortesía Galerie Marian Goodman