Miami, Cleveland, Filadelfia: Paradojas & Repertorios

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Franz Welser-Möst

Oh paradoja. Hace apenas una década Miami se esforzaba en construir un soñado teatro acorde a su estatus de pujante ciudad multicultural. Mientras tanto, se las arreglaba como podía para alojar a sus orquestas y “hermanas” visitantes en el anticuado Miami Dade County Auditorium o en su defecto el Gusman de Downtown y el entonces Jackie Gleason de Miami Beach.

Vale recordar que en aquel momento, las temporadas musicales gozaban de la visita anual de entre cinco y ocho orquestas de nivel internacional (Chicago, Filadelfia, Nueva YorkLos Angeles, Londres, Israel, Dresde, San Petersburgo, Berlin, Viena, etc) que “sacaban punta” a las locales – y se impone el respetuoso recuerdo para la desaparecida Florida Philharmonic – incitando a la sana competencia mientras pulían el gusto de la audiencia al exponerla a diferentes perspectivas sonoras y colores orquestales originados en otras latitudes (más allá de la “internacionalización” del sonido actual de las orquestas, pero ése es otro tema).

Finalmente el ansiado multiteatro abrió sus puertas en el 2006 pero poco después el tsunami de la crisis económica mundial arrasó con orquestas, solistas y todo lo que halló a su paso. Hoy, mientras las organizaciones de música locales luchan por sobrevivir se suma la invalorable contribución de la New World Symphony (“laboratorio y academia orquestal” que supera los estándares de tantas orquestas profesionales con el beneficio extra de haber aportado un magnífico nuevo hall a Miami Beach) y la residencia de invierno de la Orquesta de Cleveland, una de las tradicionales “Big Five” americanas.

Esta semana, en la excelente acústica del Knight Concert Hall del Adrienne Arsht Center y a manera de añorado déjà vu, coinciden dos de esas “cinco grandes” (aunque las de San Francisco y Los Angeles, dignas de inclusión, elevarían el número a siete), la Orquesta de Cleveland y la Orquesta de Filadelfia. Venerables y célebres, fundadas en 1918 y 1900 respectivamente, al mencionarlas acuden a la memoria nombres como Szell, Stokowski, Ormandy, Muti, Sawallisch y von Dohnányi entre tantos ilustres de la dirección orquestal. Cada ostenta con un sonido propio, el bien más preciado de una orquesta. A Szell se le atribuye el terso sonido europeo de la Cleveland, a Ormandy la opulencia sonora es su legado en la de Filadelfia. Ambas han sufrido vaivenes y traspiés de todo tipo pero, a diferencia de muchas menos afortunadas, aún siguen en pie.

No obstante, mientras MTT y la New World Symphony diseñan una programación variadísima para entrenar a sus jóvenes huestes, con el consiguiente inmenso beneficio de la audiencia que se ve expuesta a todo tipo de música, tanto Cleveland como, en esta oportunidad, Filadelfia optan por una programación ceñida a “caballitos de batalla”, arma de doble filo que puede atraer nuevo público pero ahuyentar a la corriente central de fieles aficionados que ansían programas más variados, imaginativos y por ende, atractivos.

El primer fin de semana de febrero los clevelanders presentaron un programa Beethoven-Berlioz. El Cuarto concierto para piano contó con una soberbia interpretación de Garrick Ohlsson, de una elegancia e intimismo memorables que no dejó a un lado la bravura requerida. Ohlsson derrochó ejemplar musicalidad para ubicarse en el punto exacto entre clásico y romántico. La conversación entre piano y orquesta mantuvo un diálogo fluido y balanceado dentro del marco proporcionado por la sobriedad de Franz Welser-Möst y un ensamble que sonó definitivamente vienés.

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Garrick Ohlsson

Completando la noche, la Sinfonía Fantástica de Berlioz – que se escuchó hace sólo un mes en la NWS – pareció seguir con el envión teutón. Exuberante fresco para lucimiento de toda gran orquesta, clama por efecto y virtuosismo por partes iguales, un catálogo de virtudes que Cleveland tiene asimiladas desde el vamos. Welter-Möst lideró una interpretación refinada y robusta desde la tradición centro-europea, sin amaneramientos aunque alejada de la sensualidad, fantasía y evanescencia francesa. Técnicamente irreprochable careció del sarcasmo, humor y malignidad propia del Berlioz satánico, factores que se notaron particularmente en el aquelarre y la marcha al cadalso que tuvo carácter solemne y opresivo a diferencia del volcán acostumbrado.

El jueves 7 será el turno de la Orquesta de Filadelfia con dos admirados veteranos, el maestro español Rafael Frühbeck de Burgos (en lugar de su sensacional nuevo director, el joven canadiense Yannick Nézet-Séguin) y André Watts como solista del concierto “Emperador” de Beethoven. Además, la Primera Sinfonía de Brahms y el arreglo de Stokowski del “Wachet auf ruft uns die Stimme” de Bach. Será una provechosa ocasión para volver a escuchar a una de las más distinguidas orquestas americanas y poder apreciar los contrastes y diferencias con su “rival” de Cleveland que cerrará su temporada miamense  en marzo con la Novena de Beethoven.

Siempre bienvenidas, las sinfonías de Beethoven, Brahms y Tchaicovsky a las que se han sumado las de Mahler y Shostakovich – y en cierta medida las de Prokofiev – son obvias piezas fundamentales del repertorio orquestal aunque no vendría mal recordar que dentro del mismo catálogo tradicional – y sin contar Mozart y Haydn – hay sinfonías de Schubert (9), Schumann (4), Dvorak (9), Sibelius (7), Mendelssohn (5), Bruckner (8) – dicho sea de paso, una especialidad de Cleveland y su director titular – y de otros grandes compositores (Nielsen compuso seis, Vaughan Williams nueve, Saint-Säens tres, Charles Ives cuatro…) así como decenas de poemas sinfónicos y composiciones referenciales que están prácticamente ausentes de la programación local, hecha la salvedad de la NWS y la Miami Symphony Orchestra que, dentro de sus posibilidades, también se arriesga con programas eclécticos.

Más allá de la paradoja señalada al comienzo, y en vísperas del segundo aniversario de MIAMICLASICA, no es verdad que todo tiempo pasado fue mejor. Miami hoy cuenta con las instalaciones adecuadas y un potencial muchísimo mas grande e importante del que tenía hace una década. Sólo faltan ajustar ciertos mecanismos; unir los puntos para obtener una mejor ecuación que satisfaga a todos por igual y que le permita acceder a un nivel más alto en el consenso internacional. La ciudad y su gente lo esperan y lo merecen.

©Sebastian Spreng

INFORMACIÓN

Orquesta de Filadelfia en Miami – 7 de febrero

Orquesta de Cleveland en Miami – 15 y 16 de marzo

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Rafael Frühbeck de Burgos

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André Watts

nota relacionada: MIAMI AL FILO DEL ESPEJISMO MUSICAL (A UN AÑO DE MIAMICLASICA)

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