Alexey Lavrov, un buen presentimiento

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Descubrir talentos se ha convertido en deporte universal. Ni qué decir para el público asiduo a óperas, conciertos y recitales, fascinado con ser los primeros en detectar futuras estrellas. Amerita la exacta combinación de olfato y fortuna para estar en “el lugar preciso en el momento preciso” y ser partícipe de una coincidencia que con el tiempo y suerte mutará de ocasión memorable a – ¿por qué no? – legendaria.

Esa agradable sorpresa, esa sensación reconfortante invadió en mayor o menor medida al reducido público que asistió al primer recital americano del joven barítono Alexey Lavrov. Fue el miércoles pasado en el Gusman Auditorium de UM, último concierto de la temporada de Friends of Chamber Music que cada año tiene la buena costumbre de encargar al excelente pianista Ken Noda una novel figura para su único – debieran ser dos – recital lírico anual.

Armado con la determinación de sus jóvenes veintiséis años y respaldado por cinco de perfeccionamiento en Moscú y San Petersburgo, hace apenas un año Lavrov aterrizó en Nueva York con su esposa, la estupenda pianista Ekaterina Deleu. Nacido en la república de Komi, no lejos del círculo polar ártico ruso, Lavrov que ha participado en concursos internacionales – ganó el Hariclea Darclée y el Elena Obraztsova – demostró por qué es uno de los mimados del prestigioso programa Lindenmann para jóvenes artistas del Metropolitan Opera, escenario donde debutó en un pequeño rol en Don Carlo.

Lavrov sorprendió a la audiencia con un programa generoso y ecléctico destinado a testear su reacción y a probarse a sí mismo. En italiano, alemán, francés y ruso exhibió una voz de barítono lírico con caudal importantísimo que logra apianar sin esfuerzo, una falta de amaneramiento que debe conservar a toda costa, la desenvoltura del actor en potencia y la capacidad de convertir cada aria y canción en una pequeña historia vertida con emoción, nobleza y sinceridad ganadoras.

Su instrumento, con el típico brillo y emisión franca de las voces eslavas, deleitó en canciones de Rimsky Korsakov, Rachmaninoff y Tchaicovsky; punto alto del concierto que fue superado por arias de Iolanta y Eugene Onegin, donde el barítono tiene un personaje a su medida.

No sólo convenció en su idioma natal sino también en el O Carlo ascolta del Don Carlo verdiano, en la serenata de Don Giovanni (y la picardía del Meta di voi qua vadano) y en Lieder de Brahms y Schumann, donde exhibió una afinidad con lo alemán no siempre presente en cantantes rusos. Malatesta y Silvio dieron cuenta de su “timing” humorístico y de su dosis de fervor verista y la Canción de Don Quijote a Dulcinea de Ravel compitió en gracia con la penúltima del programa, la famosa Parlami d’amore que Bixio le compuso a Vittorio de Sica para la película Gli Uomini, che mascalzoni de 1932. Con la misma espontaneidad concluyó con una emocionante lectura de Oh Patria de Georgy Sviridov secundado por su esposa que se turnó durante el concierto con Noda, el pianista generador de estos encuentros.

Hace más de dos décadas un joven siberiano llamado Hvorostovsky debutaba en estas latitudes. Quizás Miami haya sido testigo del debut absoluto de otra estrella llegada desde el confín del mundo. Que la promesa y el presentimiento se cumplan, Lavrov tiene las condiciones para hacerlo. 

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