MIAMI: HITOS MUSICALES DE UN 2025 QUE DESAFIÓ BARRERAS
En Miami, la buena música sobrevive. Aún entre obstáculos urbanos y culturales, la ciudad demuestra que puede seguir ofreciendo veladas de gran jerarquia. La Serie Clásica del Arsht Center cerró la temporada 2024-25 con un despliegue que revivó la pasión por la música. Ignorando los desafíos que plantea el estacionamiento, el público respondió ante un arte que trasciende cualquier dificultad.
La incomparable Orquesta de Chicago bajo el mítico Riccardo Muti, regaló un programa que combinó tradición y grandeza: la “Inconclusa” de Schubert, la Cuarta de Tchaikovsky y la obertura de “Norma” de Bellini. En marzo, la London Symphony Orchestra bajo Sir Antonio Pappano deslumbró con la violinista holandesa Janine Jansen y la “Serenade” de Bernstein, mientras que la Orquesta Filarmónica de Israel, con el talentoso Lahav Shani, pese a su sólido desempeño, quedó un punto por debajo del impacto de la londinense.
La National Symphony Orchestra y Gianandrea Noseda exhibió inusitado nivel con Hilary Hahn y el “Concierto para violín” de Brahms. Su interpretación combinó virtuosismo, limpieza y nobleza estilística, mientras la “Quinta” de Beethoven resplandeció con frescura inesperada.
La Orquesta de Cleveland ofreció espectacular desempeño con las violinistas estrellas Sayaka Shoji y María Dueñas, bajo la batuta de Kahchun Wong y Stéphane Denève respectivamente. Su interpretación de “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky, en la orquestación de Ravel, fue un despliegue de color, transparencia y precisión que transformó cada nota en imágenes vívidas.
En Miami Beach, el adiós de Michael Tilson Thomas marcó un hito en la historia de la New World Symphony, que fundara hace veintisiete años. Coincidentemente, MTT se despidió con la Quinta de Beethoven, la misma obra que inauguró la orquesta en 1988. Fue una velada de emociones intensas, con un largo adiós que culminó en un bis apropiadamente nostálgico: la sempiterna “Primavera” de Grieg.
Siguiendo la senda dejada por MTT, la orquesta mostró nuevos bríos bajo el liderazgo del francés Stéphane Denève, quien este año ofreció algunos de los mejores momentos de la temporada. Su “Requiem de Guerra” de Benjamin Britten constituyó otro hito: la combinación de solistas de primerísimo nivel – el “Agnus Dei” por Ian Bostridge y Roderick Williams se reveló como una instancia imborrable tanto en emoción como en calidad – contribuyendo con un éxito rotundo en la serie “Resonance of Remembrance”, conmemorando el octogésimo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.
Los conciertos finales de la New World Symphony destacaron su excelencia sostenida y los anhelados debuts de dos artistas británicos de renombre: el cellista Sheku Kanneh-Mason y el director Edward Gardner.
Bajo Stéphane Denève, el último “Wallcast” combinó la suite de “The Book Thief” de John Williams con los contrastes de Berlioz y Shostakovich. Kanneh-Mason brilló con el “Primer Concierto para cello” de Shostakovich ofreciendo una interpretación impecable que incluyó un inolvidable pizzicato de “She used to call me” de Bob Marley. La “Sinfonía fantástica” de Berlioz probó la madurez y cohesión de la orquesta, bajo la dirección de Denève, con cada sección destacando precisión e intensidad.
El debut de Edward Gardner al frente de la orquesta, con Gil Shaham como solista, incluyó el “Concierto para violín” de Dvořák. Shaham desplegó maestría y nobleza proverbial en el diálogo con Gardner. Luego, el “Concierto para orquesta” de Bartók puso a prueba tanto a instrumentistas como a director mostrando el refinamiento alcanzado al fin del ciclo.
Una noche de intensidad y simbolismo, donde la música trascendió lo puramente artístico para convertirse en mensajera del espíritu humano abrió la presente temporada. Stéphane Denève inició el programa al aire libre en SoundScape Park con la “Fanfarria para el hombre común” de Copland, dando la bienvenida a los asistentes del primer Wallcast de la temporada. Debutó Zewei Ma, notable flamante becaria de dirección orquestal, con “Chuphshah! Harriet’s Drive to Canaan” de James Lee III. Con la “Heroica” beethoveniana, Denève condujo con intensidad controlada. Previamente la orquesta interpretó el “Retrato de Lincoln” de Copland, recitado por Joshua Malina, proyectando sobre las pantallas la imagen del monumento a Lincoln y reforzando un mensaje universal de libertad y responsabilidad cívica.
Brilló Nicolaj Szeps-Znaider en colosal versión del “Concierto para violín” de Chaikovski, que culminó con un bis: “Estrellita” de Manuel Ponce. También destacó la “Tercera Sinfonía” de Florence Price, donde Denève subrayó su vitalidad rítmica y claridad expresiva.
El venezolano Domingo Hindoyan convenció con la “Sinfonía del Nuevo Mundo” de Dvořák, obteniendo equilibrio ejemplar y permitiendo brillar a orquesta y a Alban Gerhardt en el “Segundo Concierto para violonchelo” de Shostakovich.
Indudablemente fue el último fin de semana oficial de la NWS el regalo del año con el único Mahler de la temporada bajo la batuta Manfred Honeck que dio a la orquesta brillo y carácter esplendidos. El director austriaco regaló una noche vienesa en la gran tradición austrogermana. Una obertura chispeante francamente magistral elevó las acciones de “El murcielago” de Johann Strauss II, la “Sinfonía 93” de “papá” Haydn sonó elegante y clara y la “Cuarta Sinfonía” de Mahler puso de manifiesto un enfoque diferente, detallado y preciso, con un vuelo poético tan celestial como quiso el compositor. Después de un tercer movimiento literalmente sublime, la soprano Lauren Snouffer fue el ángel describiendo las delicias de la vida celestial. Memorable Honeck, a los 18 años de su primer visita, ésta clama por un pronto regreso.
En Florida Grand Opera, “Silent Night” de Kevin Puts, abrió la temporada reviviendo la célebre tregua de 1914. La puesta en escena de Tomer Zvulun retrató astuta el conflicto con trincheras en tres niveles. Destacaronse el tenor Kameron Lopreore y la soprano Sarah Joy Miller, especialmente en su soliloquio a capella. Si más modesta que “La pasajera” de Weinberg, la ópera recuerda que incluso en la guerra es posible vislumbrar un instante de paz.
Por su parte, Seraphic Fire deslumbró bajo su creador Patrick Quigley con los seis Motetes de Bach con los que el director va despidiéndose del exitoso coro que fundó hace un cuarto de siglo. Quigley imprimió sonoridad rica y transparente que condujo a la emoción contenida del recinto repleto, la veintena de voces alabaron espléndidas al Bach mas elevado, es decir, a lo mas granado del espíritu humano.
Último hito de la temporada, la descollante actuación de Benjamin Grosvenor para Friends of Chamber Music. El joven pianista británico, asiduo visitante a la institucion señera fundada por el lamentado Julian Kreeger, mostró una madurez envidiable y un impresionante crecimiento como artista en un programa por demás exigente que abarcó la “Segunda Sonata” de Chopin, “Gaspard de la nuit” de Ravel y “Cuadros de una exposición” de Mussorsky. Cada una en versión sencillamente memorable.
Miami demostró, una vez más, que más allá de todo, la buena música siempre encuentra su camino.






