Fiesta de orquestas en el Arsht de Miami
El formidable desfile de orquestas que ofreció la Serie Clásica del Arsht Center se ubica cómodamente entre lo mejor de la temporada musical 2024-25 a punto de concluir. La posibilidad de apreciar y disfrutar de cuatro orquestas de gran calibre con sus respectivos directores titulares recompensaron la apuesta de la entidad con entusiasta respuesta por parte del público en la sala Knight del Adrienne Arsht Center.
El mes de marzo trajo los dos últimos conciertos que debieron competir con el recuerdo dejado en primer término por la Orquesta de Chicago bajo el inmenso Riccardo Muti seguido por la visita, después de varias décadas de ausencia, de la fenomenal London Symphony Orchestra bajo Sir Antonio Pappano; ésta última con la violinista holandesa Janine Janssen que deslumbró en la “Serenade” de Bernstein.
Mas allá del entusiasmo desbordante de la audiencia que colmó el recinto, a decir verdad, la presentación de la venerable Orquesta Filarmónica de Israel se situó un punto por debajo . Si la orquesta londinense dedicó su primera parte a compositores estadounidenses (y la segunda al ilustre Edward Elgar), la israelí acudió a tres compositores judíos que conformaron lo mas interesante y satisfactorio de un programa que en este tramo al alejarse de lo tradicional.
Tributo a su padre muerto en la revuelta árabe de 1936-39,“Plegaria” de Tzvi Avni (1927-), señaló un punto alto de la noche, una breve obra para cuerdas de certera inspiración apoyada en la calidez y lustre de violas y cellos sirvió de preludio al siempre emotivo “Kol Nidrei” de Bruch a cargo de Haran Meltzer, miembro de la orquesta en calidad de eximio solista. Nuevamente Bernstein, afortunadamente cada dia mas valorado como compositor, impactó con el bello nocturno “Halil” (flauta), conmemorando a Yadin Tanenbaum, joven flautista que murió en Suez durante la guerra de Yom Kippur y que fuera estrenada por Jean Pierre Rampal en 1981. El segundo solista de la noche, Guy Eshed, otro distinguido miembro de la orquesta realizó una labor notable saliendo airoso de los escollos dodecafónicos propuestos por el compositor; aqui percusión y cuerdas compiten con la flauta enlazándose en melodias de corte oriental interrumpidas por el irrefrenable impulso urbano, a puro jazz, del veterano “Lenny”. Tres joyitas de cámara en inusual desfile que además aportaron un mensaje pacifista con la concertación de Lahav Shani, el admirable joven director israelí que sucede a Zubin Mehta.
La esperada Patética de Tchaicovsky resultó un tanto problemática debido a entradas a destiempo y cierta falta de unidad en el ensamble que osciló entre momentos de consumada brillantez alternando con otros donde no se elevó mas que a un correctísimo nivel. A esto se sumó el público dando la nota de color interrumpiendo la concentración de músicos y resto de la audiencia al aplaudir entre movimientos. No obstante, vale destacar la elegancia y serena nostalgia con la que Shani plasmó el vals del segundo movimiento y el sombrio Adagio Lamentoso. Como bis, el solemne “Nimrod” de las “Enigma” elgarianas que rubricó la noche sirvió para recordar la orquesta británica que lo había interpretado hacia apenas dos semanas.
La bienvenida sorpresa llegó con la National Symphony Orchestra bajo la dirección de Gianandrea Noseda no sólo causando óptima impresión, sino con un ensamble capaz de equipararse a otras de nivel internacional como siempre debió ser aunque no sea éste el caso. Si es el maestro milanés el artífice de esta transformación valga un merecido reconocimiento. Lo cierto es que cada obra ejecutada el sabado 22 de marzo brilló por si misma.
En “Four Black American Dances” de Carlos Simon – compositor en residencia del Kennedy Center – Noseda mostró una energia contagiosa y absoluta precisión en las cuatro danzas que claman por un ballet, desde la intensidad de “Ring Shout” al hollywoodesco vals, el ritmo de “Stomp” y un “Holy Dance” que funciona como apropiado broche final.
El regreso al escenario de Hilary Hahn, después de un breve paréntesis por razones de salud, deparó no sólo lo mejor de la noche sino una de las cumbres musicales de la temporada en curso cuando la violinista abordó el “Concierto para violín” de Brahms. Everest del repertorio, Hahn regaló una suprema lectura gracias a su musicalidad excepcional. De una limpieza, vigor y rigor estilístico fuera de serie, sin un ápice de amaneramientos o espectacularidad per se, puso de manifiesto nobleza y inmaculada elegancia en el fraseo, magistralmente atenta al volumen orquestal, exhibiendo virtuosidad a toda prueba y un despliegue de legato tan asombroso como ejemplar. Toda una lección de naturalidad, Hahn “cantó” literalmente con pasión y rigor un Brahms genuino secundada por una orquesta modélica sabiamente guiada por Noseda. Como bis ofreció la exquisita“Shards of Light” que Carlo Simon compuso para la violinista.
Cerró la noche una espléndida versión de la “Quinta Sinfonía” de Beethoven. Baste decir que la trillada composición sonó renovada, plena de inusitada frescura en manos de Noseda, quien supo balancear la perspectiva moderna con la tradicional; la intensidad de las cuerdas, la urgencia de los tempi contrastaron con el lirismo envolvente del Andante y un camino hacia el glorioso final donde el Scherzo “mozartiano” liderado por cellos y contrabajos se enfrentó al poder de los bronces en verdadero duelo. La noche finalizó chispeante con la obertura de “Las bodas de Figaro” de Mozart como bis y definitivamente apropiado pendant vienés; sirvió de broche optimista a una serie de conciertos que este año supo brillar y que abriga esperanzas para la 2025-2026.
créditos: Israel Orchestra fotos Taylor Brown



