Intensidad & incandescencia: Goldmund Quartet en Miami

Una gratísima sorpresa fue el debut en Miami del Cuarteto de Cuerdas Goldmund, auspiciado por Friends of Chamber Music of Miami. Más que uno de los sensacionales cuartetos jóvenes que surcan hoy la escena de la música de cámara, trayendo renovación, innovación y sangre nueva, el Goldmund se perfila como uno de los conjuntos que señala la ruta a seguir.

Originado en Múnich e integrado por Florian Schötz (violín), Pinchas Adt (violín), Christoph Vandory (viola) y Raphael Paratore (cello), el ensemble presentó para esta gira americana un cambio significativo: el primer violín fue reemplazado por Lun Li, quien se destacó como un notable concertino plenamente integrado al conjunto, empuñando su Stradivarius “Samazeuilh” de 1735.

Los intérpretes ofrecieron no solo precisión y disciplina, sino una intensidad incandescente que convirtió cada compás en discurso. Su rigor intelectual y su entrega combinados con un programa exigente y exquisito, produjeron interpretaciones de gran autoridad y cohesión. La homogeneidad tímbrica no anuló, sino que potenció, la individualidad de cada instrumento. No se limitaron a ejecutar la música: la revelaron, desentrañando tensiones ocultas y sutiles, dando forma a un discurso que fluyó con natural y convincente.

El Cuarteto n.º 2 en la menor de Johannes Brahms ofrece una mezcla de complejidad y belleza que atrapa tanto a oyentes como intérpretes. Inspirado en Franz Schubert y en el lema “frei aber einsam” (libre pero solitario) de Joseph Joachim, Brahms infunde melancolía, pero también destellos de gozo incluso dentro de la tristeza. La obra evita el dramatismo excesivo, priorizando claridad, espacio e intimidad expresiva, y sumando elementos de estilo “gitano” libres y vitales. El contrapunto, ampliamente asociado a Bach, desempeña un papel central desde una perspectiva romántica, destacando la interacción de las líneas musicales característica del lenguaje brahmsiano.

El mayor desafío para cualquier cuarteto de cuerdas es sostener una narrativa musical que fusione complejidad y expresividad; el Goldmund lo logró con un sonido pleno, cálido y generoso, donde la riqueza y profundidad expresiva convivieron con un enfoque vigoroso y moderno.

El centro del programa fue La muerte y la doncella, Cuarteto de cuerda n.º 14 en re menor, D. 810, de Franz Schubert, obra cuyo peso existencial sigue desafiando a intérpretes y oyentes. Compuesta en un período en que Schubert enfrentaba enfermedad y conciencia de la mortalidad, la pieza extrae su núcleo emocional del lied citado en el segundo movimiento.

Para el ensemble, esta obra es esencial desde su fundación en 2009, y a ella regresan cada vez con mayor experiencia y madurez; incluso la han grabado recientemente junto a arreglos de otros lieder del compositor. La interpretación del Goldmund, casi orquestal en vigor, sugirió no solo terror sino inevitabilidad, intensificada por cambios dinámicos abruptos resueltos con precisión milimétrica. La música no ilustró la muerte: la encarnó. El primer movimiento avanzó con urgencia fatalista, entre estallidos y silencios tensos, con una sonoridad de densidad casi sinfónica administrada con precisión quirúrgica.

El célebre Andante con moto se desplegó con gravedad procesional. Desde la más rigurosa austeridad emergieron variaciones donde cada instrumento mostró carácter propio. En el Scherzo, los pasajes más cantábiles permanecieron bajo la sombra del impulso rítmico inicial, reforzando la inquietud que atraviesa toda la obra y advirtiendo ecos del Erlkönig, sutil pero significativo de la fascinación de Schubert por la muerte y lo sobrenatural.

Como bis, ofrecieron Augenstern de su más reciente trabajo Dahoam, exquisito arreglo de melodías alpinas y bávaras.

Mención aparte merece el uso de los Stradivarius del denominado “Cuarteto Paganini” —instrumentos que pertenecieron al virtuoso italiano y que el Goldmund utiliza desde 2019 en calidad de préstamo de la Sasakawa Music Foundation de Japón. Estos incluyen los violines “Comte Cozio di Salabue” (1727) y “Desaint” (1680), la viola “Mendelssohn” (1731), una de las doce violas conservadas de Stradivari, y el violonchelo “Ladenburg” (1736), considerado entre los últimos ejemplares del maestro antes de su muerte en 1737. Si bien su aporte sonoro es innegable, la excelencia sonora quedó clara: radica en la inteligencia musical y la disciplina técnica de los intérpretes.

Con esta actuación, el Goldmund Quartet clausuró su gira norteamericana ofreciendo versiones que superan la mera exhibición de virtuosismo. En un panorama camerístico altamente competitivo, el conjunto reafirma su posición como uno de los exponentes más lúcidos y consistentes de la actualidad.

Un rotundo “Bravo” para Friends of Chamber Music  que apostó por presentarlos en el necesitado ámbito del género de cámara en Miami.

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