Furtwängler y su Anillo radial, revisitado

Como parte de las ediciones que conmemoran el 125ª aniversario del nacimiento de Wilhelm Furtwängler y aprovechando la fiebre por la saga nibelúngica que con mayor o menor intensidad se enciende cada verano, EMI reedita en un cofre con 13 CD (más uno extra con argumento y libreto) el Anillo originado en los estudios de la RAI romana con la orquesta sinfónica de la entidad en noviembre de 1953. Es uno de los dos únicos integrales debidos al director grabados, paradójicamente en Italia, junto al de La Scala en 1950 con la suprema Brunilda de Kirsten Flagstad (con gallardos 55 años) y que, pese a un sonido precario, inmortaliza la reunión de soprano y director en la tetralogía completa.

Furtwängler murió un año después dejando sólo Die Walküre del proyectado  Anillo en estudio con la filarmónica vienesa; por ende, éste tomado en vivo para transmisión radial es el más cercano testamento a la vastedad de su concepción. Con más de veinte Anillos completos disponibles en la actualidad – cifra que no deja de asombrar – el “antes y después” continúa siendo  el referencial (venerado o vilipendiado) primer completo en estudio (y en estéreo) producido por John Culshaw con Georg Solti grabado entre 1959-66. Le seguirían Böhm, Karajan, Janowski, Boulez, Goodall, Sawallisch, Haitink, Barenboim, Levine y Thielemann más las ediciones en DVD por Chéreau, Schenk, Kupfer, Audi, Holten, Zagrosek y la Fura dels Baus.

Entre los registros contemporáneos de Furtwängler debe mencionarse el pionero de Moralt (1949, Viena) y la seguidilla de Anillos de la década del 50 en Bayreuth por los cuatro grandes “K” (Krauss, Keilberth, Knappertsbusch y Kempe), cada uno icónico a su manera. Pero es Furtwängler, el modelo místico, aquel que sabe contagiar, impulsar, impregnar y conquistar a la más modesta orquesta de la radio italiana en comparación con las filarmónicas de Viena o Berlin; la que, aparte de entradas fallidas o pifias en los bronces – recuérdese que es una toma en vivo – responde honesta y ferviente ante el ímpetu e incandescencia del maestro, cuyo discurso musical fluye con su mítica naturalidad.

El elenco, cabal reflejo de la especialización del ensemble vienés, es excepcional y en ciertas instancias atípico, como el caso de Wolfgang Windgassen como Loge y Siegmund – juvenil, impetuoso, lírico – en vez de su acostumbrado Siegfried que queda en manos del notable Ludwig Suthaus, que venía de grabar Tristan con Furtwängler un año antes. El Wotan de Ferdinand Frantz no es el clásico de su contemporáneo Hans Hotter pero su aporte no es menos memorable. Gottlob Frick y Gustav Neidlinger son los definitivos Hunding y Alberich (sólo en Rheingold) de la época y Joseph Greindl, amenazador Fasolt y Hagen. Hilde Konetzni fue una de las mejores Sieglinde de su generación, sin el impacto más vívido que tendrán Rysanek o Crespin, pero en justo balance tímbrico con el luminoso valsungo de Windgassen.

Otros lujos son Sena Jurinac como Gutrune, Woglinde y Tercera Norna; Elisabeth Grümmer como Freia, Rita Streich como pájaro del bosque y Margaret Klose como Erda, Waltraute y Primera Norna sin olvidar al Mime de Julius Patzak, lejos de toda caricatura. Un punto por debajo Ira Malaniuk y Elsa Calveti (Fricka), Alois Pernerstorfer (Alberich) y Alfred Poell (Gunther).

Queda para el final la Brunilda de Martha Mödl, una de las más polémicas e inteligentes artistas de posguerra. Sin el brillo enceguecedor de Birgit Nilsson o su contemporánea, la genial Astrid Varnay, junto a éstas asimiló y encarnó el modelo del nuevo Bayreuth. Voz oscura, velada, difícil, en la categoría de “gusto adquirido” es su urgencia, expresividad e instinto dramático el que impacta y en última instancia triunfa incluso frente a la tesitura vocal incómoda de, por ejemplo, Siegfried y en ciertos tramos de Götterdämmerung. Una Brunilda vulnerable, imperfecta, no por eso menos grandiosa.

En su biografía “So war mein Weg” , Mödl resume el evento “Furtwängler no prestaba ninguna atención a los micrófonos, se perdía en la música. Eso se percibe y es la gloria de la grabación”. Tiene razón, es éste un Anillo fascinante, si bien no recomendado como primera opción discográfica, y absolutamente ineludible máxime en un año en que San Francisco y el Met transitan las mismas aguas, en las que Furtwängler navegó como ninguno☼

Wagner: Der Ring des Nibelungen; EMI-908161 2 3

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