Nicolai Gedda, el último de los tenores ardientes

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Comenzaba mi pasión por la lírica y el nombre Nicolai Gedda aparecía y reaparecía constantemente en mi flamante discoteca. Alguien me contó que era un gran tenor suizo, eso creí… hasta que me enteré que era sueco – tierra de gigantes del canto – y que su nombre completo era Harry Gustav Nikolai Gädda. De padre sueco (al que nunca conoció) y madre soltera ruso-sueca (a la que vió una sola vez en 1977) fue abandonado al nacer y adoptado en difíciles circunstancias por su tia Olga Gädda quien luego casó con Mishail Ustinov, cantor de la iglesia ortodoxa rusa en Leipizg (donde vivió hasta el ascenso de Hitler) y pariente lejano del gran Peter Ustinov.

Políglota como pocos, hablaba sueco, ruso, alemán, inglés, francés, italiano y latín, y cantaba en aún más idiomas. Trabajando como cajero de banco, fue descubierto por el mismo profesor que descubrió a su más ilustre antecesor, Jussi Bjorling y llevado a la fama por el célebre productor Walter Legge en el Dimitri de Boris Godunov poco después de verlo en su sensacional debut en Estocolmo en 1952 en El Postillón de Longjumeau. Legge telegrafió a Karajan “Acabo de escuchar al mejor cantante mozartiano de mi vida”. La Scala le abrió las puertas con Don Ottavio y el resto es historia.

Lo cierto es que Gedda fue el mas versátil y completo de los tenores líricos del siglo XX, sólo Plácido Domingo y Helge Rosvaenge se le acercan en la amplitud de repertorio, y en cuanto a grabaciones, está entre los más grabados, con más de doscientas. Como todos los grandes cantantes suecos, era dueño de un fuego en la voz disimulado bajo una capa de aparente frialdad. Un “todo-terreno” total que no necesitó promoción desmesurada. Su marca de fábrica fue el estilo y la inteligencia, siempre impecable, camaleónico como ninguno, podía ser francés, italiano, ruso o alemán y además ser el mejor partenaire para rutilantes compañeras: Des Grieux, Don José, Fausto y Werther para Victoria de los Angeles; Pinkerton, Narciso y Don José para Maria Callas; Alfredo, Des Grieux y Arturo para Beverly Sills, sin contar las grabaciones con Elisabeth Schwarzkopf, Pilar Lorengar, Anneliese Rotenberger, Mirella Freni, Montserrat Caballé, Joan Sutherland, Birgit Nilsson, Anna Moffo, Helen Donath, Lucia Popp, Marilyn Horne o Galina Vishnevskaya. 

Gedda dominó ópera y oratorio, opereta y canciones, fuese Lied, chanson, melodies, inglesas, rusas o italianas. Desde aquel soberbio Palestrina de Pfitzner y Lohengrin de Wagner a Guillermo Tell, Sou-Chong, Romeo, Rodolfo, Admeto, Elvino, Edgardo, Gherman, Alfredo, Lensky, Orfeo, Nemorino, Max, Mario, Idomeneo, Pelléas, Gustavo III, Oberon y el célebre Tamino de la multiestelar grabación con Klemperer; desde el referencial Requiem de Verdi con Giulini y sus incursiones en Berlioz, el primer Anatol en Vanessa de Barber en su estreno metropolitano al veterano en Candide con el mismísimo Lenny Bernstein, Gedda fue sinónimo de un modelo a seguir. Sus mejores años, la década del 50 y 60, en las que tuvo a rivales de la talla de Kraus, Bergonzi y el llorado Wunderlich, todos paradigmas de la elegancia aplicada al canto. Era un gigante modesto que no necesitó ser el mejor, simplemente, era. La Opera Garnier, el Covent Garden, el Met (370 funciones!), Viena, Roma, Tokyo, el Colón algunos de los escenarios donde pisó fuerte. Con el tiempo fue incursionando en roles característicos hasta retirarse con medio siglo de carrera sobre sus espaldas para dedicarse a la enseñanza y transmitir las bases de una carrera ejemplar y una técnica prodigiosa.

Hace dos años un rumor lo dió por muerto, llegaron a publicarse obituarios, la noticia fue desmentida. Ahora, a los 91 años, su desaparición fue confirmada por su hija. Su legado es materia obligatoria para las jóvenes generaciones, la de cantantes y la de un público que debe aprender a escuchar lo mejor para poder discernir y disfrutar. Ese será el mejor homenaje al sueco que, paradojicamente, falleció en Suiza. Ni sueco, ni suizo, ni ruso, ni francés, ni alemán, ni italiano, sino tenor y punto. De pura cepa.

Nicolai Gedda (Estocolmo, Suecia, 1925 – Tolochenaz, Suiza, 2017)

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