Ser Gil Shaham

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Gil Shaham

Sólo en esta temporada tocará con veinte orquestas en tres continentes. Lo esperan en París, acaba de tocar en Munich pero llama desde Berlin exultante después del Concierto para violín de Alban Berg en la Philharmonie y exclama “No veo la hora de ver el sol de Miami!”. Dueño de una honestidad y bonhomía tan inalteradas como irresistibles, a los 42 años, Gil Shaham sigue siendo la misma persona que entrevisté hace dos décadas cuando actuó como solista de la Filarmónica de Moscú en Fort Lauderdale. Toda una hazaña cuando se trata de navegar por el mundo de egos hinchados (e inflados) en el que vive y por el que transita indemne. Lejos del común denominador, Shaham es un rara-avis.

El hijo del notable astrofísico Jacob Shaham (1942-1995), también violinista, y la geneticista Meira Diskin, también pianista, nació en Illinois, creció en Jerusalén, donde debutó como solista de la orquesta a los diez años, para luego desembarcar en la Julliard School como ganador del Concurso Claremont “Ese día pensé en dejar el violín y hacerme electricista; llegué creyéndome alguien y me encontré con cien Itzhaks Perlmans de mi edad que me miraban afiladísimos… fue una lección de humildad inolvidable e invalorable”.

Casualidad o coincidencia, el nombre Itzhak Perlman continuó señalándole rumbos. Gil estudió con su maestra, la gran Dorothy DeLay y su imprevista consagración llegó el día que Perlman canceló enfermo un concierto en Londres “Y hasta hoy no sé quien sugirió mi nombre, lo cierto es que la idea de volar en el Concorde y de librarme de recitar Los cuentos de Canterbury para el examen de inglés me impulsó a aceptar de inmediato; recién diez minutos antes del concierto me di cuenta de que ese público esperaba a Perlman y no a mí para el concierto de Sibelius, y ahí si, me quise volver corriendo al colegio”. Para suerte suya, y de todos, ya era tarde, la consagración fue el postre al viaje en el avión supersónico. De ahí en más, no dejó de ser un número uno en una generación de titanes del violín. A partir de ese momento, fue Shaham aunque también para suerte suya y de todos, siguió siendo Gil.

En el camino encontró a Adele Anthony, la talentosa violinista de Tasmania con quien se casó y tuvo tres – por ahora – hijos que son el principal motivo para volver a casa, al Upper West Side: “Pensar que antes hacia planes de viaje y ahora sólo quiero volver para estar con ellos, llevarlos a la escuela o al mayor a basket”. Si conversar con Gil implica un capítulo dedicado a las vicisitudes domésticas y su devoción familiar, encontrarse con toda la familia significa enfrentarse a una bulliciosa troupe donde Elijah, Ella Mei y Simon llevan la batuta.

En todo sentido su carrera y enfoque no dejan de sentar ejemplo. Fue un niño violinista prodigio – sin contar con que sus hermanos Shai y Orli tocaban el piano desde los cuatro – a quien sus padres nunca forzaron insistiéndole que escogiera hacer aquello que lo hacía feliz. Tampoco fue un producto promocional y en algún momento llegó a plantearse si realmente quería seguir el camino de la música o vivir en otro lugar “Tuve que adaptarme a, por ejemplo, llegar  a Nueva York. Sacudirme la tierra de las rodillas de tanto jugar futbol, y abrirme paso en esta jaula anónima y que hoy no cambio por ninguna porque es el paraíso para un músico”.

Es uno de los máximos exponentes del instrumento pero a diferencia de otros no le dedica a la promoción mas que lo necesario, tiene demasiado que hacer y hasta ha fundado su propio “modesto” (aclara) sello: Canary Classics donde concreta proyectos soñados “Recientemente e inspirado por Eric Wen, el cd de melodías hebreas Nigunim [plural de Nigun, uno de los fundamentos musicales de la tradición religiosa judía] que incluye la bellísima sonata homónima de Avner Dorman y antes, uno dedicado a Pablo Sarasate, compositor que adoro  y del que celebramos su centenario con una gira por España con Adele y claro, los chicos. Fue una gran experiencia entrar en contacto directo con una tradición tan rica en Pamplona y Bilbao… Ni qué decir de la serenata andaluza, me gusta tanto como sus jotas aragonesas y zorcicos vascos, y el zapateado y el capricho vasco, son todas joyitas!”.

Inevitablemente surge el tema de la situación actual de la industria de la música “Vivimos tiempos ambiguos para la música en general, tanto clásica como popular. La abundancia de material gratis propone desafíos inmensos, a la industria le resulta muy difícil competir. Por otro lado, a  los músicos la tecnología nos ha liberado, se puede hacer casi todo apretando un botón. Recuerdo ir a grabar a los estudios con aquellas máquinas dolbys tamaño refrigerador familiar; hoy eso mismo se hace con una pequeña computadora. En cierto sentido, el futuro del mundo de la música es como el del periodismo… compartimos un futuro incierto pero a la vez fascinante”.

Sigue admirando a Heifetz y Oistraj como cuando era niño y dice que “si bien los violinistas de antes tenian mayores libertades expresivas, los de hoy no somos máquinas de tocar como sugieren algunos, somos todos muy diferentes y no sonamos igual”. A decir verdad, Gil suena muy diferente que muchos de sus eximios colegas actuales. Además de un virtuosismo a toda prueba, posee un sonido amplio y carnoso, profundo y terso que retrotrae a sus ídolos Heifetz y Oistraj y por qué no, al joven Perlman. Ese sonido inconfundible se  enriquece por el legendario Stradivarius que toca “Se lo conoce como Comtesse de Polignac porque perteneció a la condesa que según dicen fue amante de Benjamin Franklin cuando era embajador en Paris antes de la Revolución. Lo cierto es que fue un violín experimental que el cremonense construyó en 1699, es mas elongado, y también es cierto que si este violín contara nos enteraríamos de algunos secretos… sin olvidar con que durante su estadía en Venecia sirvió nada menos que a Vivaldi quizás en el estreno de Las cuatro estaciones.”.

Con o sin Stradivarius, sus interpretaciones hoy son referenciales, se trate de Beethoven, Brahms, Tchaicovsky, Mendelssohn, Sibelius, Elgar y al grupo que afectuosamente llama De los Años 30 “Es sólo una excusa para tocar mi música favorita, más allá de que sean obras compuestas en la misma época, en aquella incontenible ola de talento que explotó entre las dos guerras”. Se refiere a los conciertos de Barber, al segundo de Bartók, a los de Walton, Stravinsky, Prokofiev, Milhaud, Hindemith y en especial al de Alban Berg, ese Concierto a la memoria de un ángel que lo acompaña desde siempre. “Ahora los estoy grabando para mi sello, por ejemplo, el poco desconocido Concerto Funebre que Hartmann compuso en plena Alemania nazi y que logró contrabandear a Suiza. Es un gran trabajo y me encantó trabajar con el fantástico director español Juanjo Mena”.

En su carrera hay un sitio de honor para el concierto de Korngold – que aunque escrito en 1945 implícitamente pertenece a la generación de preguerra – del que quizás sea su intérprete definitivo, basta escuchar su grabación de  1993 junto al de Samuel Barber dirigido por André Previn en DG.

El exacerbado lirismo del compositor austríaco exilado en Hollywood encuentra su vehículo ideal, Shaham logra inmaculado equilibrio entre la decadencia y virtuosismo de la época sin dar lugar a excesos ni sentimentalismos. Y es con esta composición estrenada por el mismísimo Heifetz que regresa a Miami acompañado por la Orquesta de Cleveland con Franz Welser-Most para un imperdible programa vienés que incluye la Segunda Sinfonía de Schubert y valses de Johann Strauss hijo. Será un placer volverle a dar la bienvenida a quien ha crecido y madurado como hombre y como artista; a quien sigue siendo la misma persona, entrañable, íntegra y sin poses que entrevisté hace veinte años.

* Gil Shaham, Orquesta de Cleveland, Welser-Most, Knight Concert Hall, 24-25 de enero,8PM

http://www.arshtcenter.org/tickets/calendar/2013-2014-season/the-cleveland-orchestra/a-night-in-vienna/

Esencial Shaham en CD

* Korngold & Barber Concertos – London Symphony Orchestra – Previn

* Brahms Violin & Double Concerto – Berlin Philharmonic – Abbado

* Bartok Concerto 2 & Rhapsodies – Chicago Symphony Orchestra – Boulez

* Prokofiev Concertos 1 & 2 – London Symphony Orchestra – Previn

* Mendelssohn & Bruch Concertos – NY Philharmonic – Sinopoli

* Sibelius & Tchaicovsky Concertos – Philharmonia Orchestra – Sinopoli

* Paganini for Two –  con Göran Söllscher, guitarra

* Schubert for Two – con Göran Söllscher, guitarra

* Dvorak for Two – con Orli Shaham, piano

* Pablo de Sarasate – Virtuoso Works – con Adele Anthony, violín

* Haydn Violin Concertos, Mendelssohn Octet – Sejom Soloists

* Elgar – Violin Concerto – Chicago Symphony Orchestra – David Zinman

* Nigunim – Hebrew Melodies – con Orli Shaham, piano

* Messiaen – Quatur por le fin du temps – Meier-Wang-Chung

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