Beethoven: Perpetuo Perianes

Javier Perianes es un pianista peligroso. Peligroso en el buen sentido, si es que cabe, de la palabra. Peligroso porque inquieta, provoca, sorprende, cautiva y convence. Y en esta era de espectacularidad homogeneizada, alegra que lo sea porque con él, la procesión va por dentro, como un volcán al filo de la erupción. La suya es una voz individual que hace su camino, sin detenerse, coincidentemente, en un literal moto perpetuo.

Después de su revelador Mompou y aún más revelador Blasco de Nebra, después del antológico CD dedicado a Manuel de Falla y de un Schubert de rara estirpe y arrolladora pureza, el notable pianista andaluz se atreve con un duelo beethoveniano del que sale triunfante al combinar suprema elegancia con rotunda intensidad hasta obtener la emoción más equilibrada como carta ganadora. Perianes conoce los riesgos y se lanza al desafío que le plantea el grande de Bonn enfrentándolo con una sencillez y honestidad pasmosas.

El programa se integra – y transcurre – acorde a la idea de “Moto Perpetuo” que titula este soberbio CD (óptima toma sonora y presentación, otra buena costumbre de HM) donde explora cuatro sonatas que concluyen con esa hipnótica configuración musical. Perianes huye del impresionismo que le es tan afín llevándose con él aquellas liviandad y exquisitez imprescindibles con las que barniza la noble madera beethoveniana. El resultado es admirable, es un diálogo íntimo, casi hermético, que roza el confidencial Muss es sein?...

Como los maestros germánicos de antaño a los que obviamente venera, a su sonoridad recia y sobria añade una luminosidad mediterránea que le otorga una nueva dimensión, otra hondura y cierta esperanza en las instancias más líricas de la Sonata 12 en la bemol mayor; en el arco desolado de la inmensa Marcha Fúnebre que parece levantar reconfortante vuelo elegíaco. Ese despegue tan dramático como poético se repite en cada una, en cada último movimiento haciendo honor al irrefrenable “Elan vital”, manantial esencial de la vida misma.

Como diafanidad y redondez son virtudes innatas del joven español, recurre a esa inmaculada nitidez para dibujar una “Tempestad” de claroscuros alucinantes donde conjura imágenes abismales pero también consoladoras. Y como Perianes también “canta”, este Beethoven adquiere el cariz liederista de su vecino Schubert; y en esa caminata vienesa, con el respeto y deslumbre del visitante evoca no sólo el soleado canto de la mejor Régine Crespin en Wagner o Janet Baker en Mahler  sino también a otro moto perpetuo, el de la rueca de Margarita.

Afortunadamente, es también en los silencios, acentos y entrelíneas donde ese moto perpetuo parecería querer detenerse en una reflexión que aunque pide por descanso debe regresar a su urgencia inexorable: la del moto perpetuo que entrega este novel, ya perpetuo Perianes☼

☀BEETHOVEN, Moto Perpetuo Sonatas 12, 17, 22 y 27.  HARMONIA MUNDI HMC 902138

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