Anja Silja, sólo ochenta

 

La Mujer en ERWARTUNG de Schönberg en puesta de Robert Wilson

 

Si no fuese por la disrupción causada por el COVID-19, la temeraria Anja Silja habría celebrado sus ochenta años en los escenarios donde trabaja desde hace la friolera de sesenta y cinco. La célebre soprano alemana es sinónimo de Emilia Marty, el multifacético personaje de la ópera El caso Makropoulos de Janacek, una cantante lírica que gracias al elixir de su padre ha vivido 337 años metamorfoseándose en diferentes mujeres – todas llevan las iniciales EM – y que planea vivir 337 mas. “Todo lo que he sentido, mi propio destino, mis hijos, mis relaciones, todo se refleja en el caso Makropulos” dice Silja que sin ser Emilia es tanto o mas  fascinante que su personaje emblemático, una intrépida “kamikaze” que sobrevive gracias a sus dotes de actriz fenomenal y a una voz que aún responde. Aquel “enfant-terrible”, prototipo de la cantante de ópera moderna en los 60-70 en minifalda manejando un Jaguar, la mas joven y osada Isolda y Salomé es hoy una artista para ver y estremecerse. Silja es la genuina “Kunst-Diva”, heredera de las colosales Martha Mödl y Astrid Varnay con las que compartió años dorados en Bayreuth.

Silja al piano a los diez años


Nacida en 1940, la berlinesa quizás sea la soprano que ostenta mas larga carrera entre sus pares. Como buena hija de actores, obviamente lleva el teatro en la sangre. Bajo la tutela de su abuelo, Egon Friedrich Maria Anders van Rijn, su único maestro de canto desde los seis (hasta los 22 cuando falleció), a los diez cantó Voces de primavera en un concierto veraniego que dió el puntapié a una insólita carrera, hizo giras como niña prodigio (se sabia de memoria los papeles de la tetralogia wagneriana, no sólo los femeninos, sino todos)  y a los quince cantó Rosina de El barbero de Sevilla en la Opera de Brunswick. 

La fama llegó muy temprano, a los diecinueve como la Reina de la noche de La flauta mágica en la Ópera de Viena nada menos que bajo Karl Böhm. Entonces los franceses en Aix-en-Provence la llamaron “La Callas alemana” se sucedieron Zerbinetta, Santuzza, Leonora, las tres heroínas de Hoffmann, Konstanza y Fiordiligi. Un año después llegó la consagración absoluta -y el amor- como Senta en El holandés errante al reemplazar a Leonie Rysanek en el Festival de Bayreuth dirigida por Wieland Wagner, el genial nieto del compositor. Primero será en su musa y mas tarde, su amante. Así Wieland realizará el sueño de su abuelo, una veinteañera esbelta, insolente y bella encarnando a Elisabeth, Elsa, Freia, Eva, Venus, Siglinda, la tercera norna, hasta el Pájaro del bosque en Siegfried, y una de las doncellas flores de Parsifal, sólo Kundry quedará sin su visita. Fuera de Bayreuth (donde sólo se canta Wagner) la transformó en Salome y Aida, Elektra y Lulu, Brunilda e Isolda, criaturas tan disímiles que hubiesen aniquilado voces menos resistentes, la suya era según Wieland “una trompeta aniñada”, sin belleza, daga penetrante, luminosa, versátil, adaptable, un cuchillo ondulante como una caricia helada, un “gusto adquirido”. Pero Wieland muere trágicamente a los 49 años y Silja se despide de Bayreuth, de Wagner y de su amado director de treinta y seis puestas en escena. Entablará una corta e intensa relación con André Cluytens, pero el gran director belga muere al año siguiente, devastada, Silja compra su casa en París donde aún reside.

Aún no tiene treinta años, está deshecha y considera retirarse pero el fuego sagrado puede mas y regresa más incandescente que nunca. Intrépida y polémica será Casandra (junto a Jon Vickers), Lady Macbeth, Turandot, Ariadne, El ángel de fuego, Tatyana, Violetta, Tosca, Carmen (dirigida por Ponnelle), Medea, Minnie, Marie, Judith, Anna y Jenny de Kurt Weill, claramente Silja no le teme a nada. Trabaja con el notable Christoph von Dohnanyi – nieto del compositor Ernst von Dohnányi e hijo de Hans, mártir de la resistencia antinazi – luego director de la Orquesta de Cleveland. Se casarán, tendrán tres hijos, el matrimonio durará 25 años hasta que decide abandonar la vida suburbana americana y regresar al escenario que la reclama porque “como bien dijo Birgit Nilsson, el criminal siempre vuelve a la escena del crimen”. Se reinventará, volverá a algunos personajes icónicos e incorporará nuevos donde estampará su sello único.Opera es teatro con música, retrata la realidad aunque no lo parezca porque se vale, para bien o para mal, del canto, uno se muere… cantando, inimaginable… No me interesa el público que acude sólo por la belleza del sonido, por el mero belcanto, ese no es mi público”. Sus personajes son ambivalentes, tortuosos y torturados. Dejó Wagner “que escribió para voces jóvenes” – sólo regresó como Fricka y Ortrud, villanas que la necesitaban – y abrazó Janacek que le proporcionó sus mayores triunfos: la memorable Kostelnicka de Jenufa, la Kabanicha de Katya Kabanova y por supuesto, Emilia Marty para la que “no es necesario saber checo, la música y el estilo son tan claros que no puedes equivocarte, sólo se necesita mucha experiencia de vida para hacerlo creíble”. Le sobra.

Con los años llegarán esos papeles soñados, bocado de cardenal para veteranas legendarias que engalanan la escena sólo con su magnética presencia: Herodías en Salomé, la vieja priora de las Carmelitas de Poulenc, la nodriza en La mujer sin sombra, el Príncipe Orlovsky en El murciélago, la Condesa Geschwitz en Lulu, la anciana de Candide, Babulenka en El jugador, Klytämnestra en Elektra, Jocasta en Œdipus rexPierrot lunaire, la bruja de Hansel y Gretel, la condesa de La dama de picas, la narradora en Gurre Lieder  y una excepcional Erwartung de Schoenberg dirigida por Robert Wilson, otro director que se la disputa junto a Lehnhoff, Klaus Michael Grüber, Luc Bondy, Ruth Berghaus, incluso Maurice Bèjart, todas figuras impensables sin la nueva estética del señero Wieland.

A sus gallardos “Sólo ochenta” – como la pieza teatral de Colin Higgins- la invencible Anja Silja es tanto mas real que el espejo infinito de Emilia Marty, tal como escribió en su autobiografía El anhelo de lo inalcanzable  “Mi futuro siempre estuvo en el pasado”.