Wilhelm Furtwängler, el coloso equivocado


Acaba de aparecer un registro que en todo sentido es historia hecha música y viceversa. Uno que atraviesa toda barrera en virtud de su calidad y por las circunstancias en las que fue realizado. El último Bruckner por Wilhelm Furtwängler al frente de la filarmónica berlinesa el 7 de octubre de 1944 en la Sala Beethoven destruida meses después (la orquesta ya había perdido su auditorio principal en enero de 1944). Quedan pocos de estos documentos cuya calidad sonora sorprende; de hecho, muchos fueron llevados por las tropas rusas a Moscú hasta que en 1987 se convino devolverlos a Berlin por su valor testimonial captando la impronta del director y su orquesta entre 1942-44.

Uno de los dos gigantes señeros de la dirección orquestal (el otro fue Toscanini), aunque opuesto al régimen optó por quedarse en Alemania, según sus palabras (y hechos) para luchar desde adentro y para llevar el consuelo y mensaje de la música a la miseria de sus compatriotas. Su elección le valió críticas que perduran hasta hoy, pese a que en 1946 fue probado inocente de toda culpa y cargo por los tribunales de las fuerzas aliadas. Lo cierto es que al momento de esta grabación, Furtwängler había llegado al límite, se iría a Suiza dos meses después.

Magistral en Bach, Brahms, Schumann, Wagner, Beethoven y Bruckner, la Novena sinfonía de este último fue la que mas interpretó (y la de su debut orquestal en 1906) y junto a la Séptima sus favoritas. Este disco reune el sublime Adagio de la Séptima con la Novena – las de Beethoven contarían tambien con lecturas legendarias. No sólo impacta la claridad del sonido, es apabullante en su majestuosidad y poderío, es un manifiesto personal frente a la realidad que se vivía. No hay una nota, una frase, un momento que no sea verdad. Se puede visualizar al maestro dirigiendo su orquesta, aquella “que cambiaba el sonido con sólo verlo entrar a la sala de ensayo”, dueño de una elasticidad y flexibilidad únicas, dejándose llevar poseído por la inspiración, con sus tiempos elásticos, impulsivos, cambiantes en cada representación, encarnando al director subjetivo por antonomasia frente al objetivo simbolizado por su colega italiano. Otra razón por las que sus tomas en vivo lo pintan tanto mejor que las grabaciones de estudio. Idolatrado por sus músicos, desde el escenario desataba una energía arrolladora  que inundaba al público. Compositor también, desde ese lugar – y no el del director – se permitía ïnterpretar a sus colegas mayores tomándose licencias rigurosas pero licencias al fin para plasmar versiones personalísimas, siempre discutibles pero reveladoras, incomparables, únicas.

Y esta última Novena berlinesa es de otro mundo, asi como el adagio de la séptima (el mas mahleriano de Bruckner que dejó inconclusa su novena) donde condensa aún mas el mensaje. Es un grito callado, es la encarnación mas doliente del “Weltschmerz”, ese vocablo alemán intraducible que refleja el mas hondo dolor por el mundo. Presidido por el inconfundible legato furtwängleriano, es un implacable viaje a lo mas profundo del espíritu humano, a sus miserias y glorias, las melodías emergen claramente dibujadas por sobre el fragor de una orquesta que sabe que quizás sea la última vez, cada arremetida es un brochazo genial, es rebeldía pura, es desolación, desesperación, calma metafísica, los climax son cataclísmicos, apocalípticos, los bronces de ultratumba, funestos, cada coral parece multiplicarse, trepar y elevarse con clamor lacerante.

Es una interpretación donde se hace carne la frase fundamental del Parsifal wagneriano “Aquí el tiempo se convierte en espacio”. Y en la incandescencia de las cuerdas, de una ferocidad que lastima, emerge también el arrepentimiento, la realización del hombre culto y civilizado, del humanista a ultranza, de haberse prestado sin querer a la ignominia mas terrible perpetrada por el género al que amaba y del que era ejemplo, en resumen, de haberse equivocado. Todo eso sumado a aquel “Ya nunca mas podremos ser felices” que cuenta Elisabeth, su viuda en el notable documental Furtwängler´s Love, están presentes en cada instancia de este testimonio esencial para atesorar, conmoverse y reflexionar.

*FURTWÄNGLER CELEBRATES BRUCKNER, PRAHA DIGITALS PRD DSD 350 125

La Beethoven-Saal berlinesa destruida en 1945 donde tuvo lugar la grabación

 

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