Diana Damrau hace justicia con “Grand-Opera”

Una de las genuinas virtuosas del canto actual brinda justo tributo a un compositor hoy poco frecuentado con un recital discográfico necesario de factura impecable. En síntesis, un clásico instantáneo que viene a llenar un vacío sorprendente en el catálogo. Amén de algunas arias famosas y cuatro óperas que han sido grabadas o presentadas esporádicamente para rescatarlas del olvido – Les Huguenots, Robert le diable, Le prophète y L’Africaine – el otrora célebre Giacomo Meyerbeer (1791-1864) sigue en un limbo oscuro. Las razones esgrimidas son, entre otras, música difícil de cantar, óperas excesivamente largas y monumentales, por ende, caras de producir, sin olvidar la acusación de banal, grandilocuente, superficial y poco inspirado, renglón aparte para las diatribas de su celoso rival, Herr Wagner. En un mundo que ha visto el renacer glorioso de Rossini (que conste que sus cantantes son perfectamente capaces de abordar a este berlinés favorito de los parisinos), del belcanto romántico, del barroco informado y Berlioz, el caso Meyerbeer – con sus altos y bajos – es una cuenta pendiente.

Si los mejores papeles meyerbeerianos – Fidès, Sélika, Valentine, etc – son para cantantes como Pauline Viardot o Marie Falcon, creadoras de un prototipo que Berlioz siguió, no se quedan atrás aquellos para sopranos coloraturas de pura raza. Y entonces Diana Damrau, que como buena diva que se precie debe encontrar un vehículo original para su talento, siguiendo una suerte de tradición encarada por antecesoras como Sutherland, Horne y Callas, halla en Meyerbeer una ocasión para brillar como pocas o ninguna. Es un evidente trabajo de amor donde despliega afinidad innata con el material y un instrumento ideal para concretar uno de sus mejores, sino el mejor, trabajo discográfico.

Once arias que abarcan los tres lenguajes y las tres etapas del compositor (la italiana, la alemana y la Grand Opera francesa que contribuyó a crear) con igual virtuosismo y dominio estilístico. En el texto adjunto, Damrau acertadamente escribe “su música capta tanto cada nacionalidad que parecerían tres diferentes compositores nativos”. Este rasgo camaleónico también aplica a la soprano bávara que aporta solidez y versatilidad con su amplia batería de recursos. En este aspecto Damrau emula a ilustres precursoras como Sutherland, Sills, Gruberova (además de June Anderson, Desiree Rancatore  y Patricia Ciofi), con una voz menos personal que las mencionadas, no hay en ella amaneramientos ni deslices de pronunciación, todo calza como anillo al dedo y Meyerbeer sale ganando.

Del período alemán rescata arias de Irene del temprano singspiel Aimelek con obvia influencia de su amigo Carl Maria von Weber y de Un campo en Silesia sobre un episodio en la vida de Federico el grande (que “aparece” tocando la flauta) compuesta para el ruiseñor sueco Jenny Lind y que en parte luego usó en La estrella del norte para la Opera-Comique de la que canta el aria de Catherine con frescura y elegancia proverbial.

Dos títulos se ocupan del italiano, Emma di Resburgo e Il crociato in Egitto (con deliciosos ecos de Rossini) pero indudablemente es el francés el centro del recital al incluir L’Africaine con el aria de Inès, el exquisito Robert toi que j’aime de Robert le diable – uno de los tempranos éxitos de Renata Scotto -, el clásico O beau pays de la Touraine de Les Huguenots – inmortalizado por la pionera Joan Sutherland – y Ombre legere, de Dinorah, su aria mas popular, vehículo de lucimiento para  divas como Tetrazzini, Galli-Curci, Pons, Callas, Robin, Dessay y Sills. Afortunadamente las dos últimas grabadas completas sin los cortes habituales para ir mas allá del mero virtuosismo. La gran escena de Marguerite de Valois pide por una grabación integral de Les Huguenots para reverdecer la legendaria “noche de las siete estrellas” del Met en 1890 o la grabación de Sutherland-Bonynge de 1970, nótese que la australiana se retiró con ese papel. Asimismo, no vendría mal una segunda parte con Damrau en arias de las ignotas óperas que faltan para completar este bienvenido revival Meyerbeer.

Óptimo acompañamiento de la orquesta de la ópera de Lyon bajo Emmanuel Villaume con distinguidos aportes de flauta, clarinete, oboe, corno inglés y arpa como rivales contrapuntísticos de la voz de la diva alemana. El título del compacto lo dice todo: Grand-Opera, definitivamente lo es.

*MEYERBEER, GRAND OPERA, DAMRAU, VILLAUME, ERATO 9029584899

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