Auspicioso aperitivo de la NWS

New World Symphony en el New World Center foto: Tomas Loewy

El concierto pre-temporada de la New World Symphony sirvió para precalentar los motores. Y las señales fueron buenas. Si es cierto que era gratis, también es cierto que el recinto diseñado por Frank Gehry estaba abarrotado. Otro buen indicio: un alto porcentaje de público joven, atento y entusiasta.

El programa, típico de la entidad, presentó una combinación capaz de interesar a neófitos y habitués: una breve composición de un brillante novel compositor americano, la provocativa orquestación de un clásico impresionista y la tradición a pleno con un caballito de batalla para probar el rendimiento de la academia orquestal americana después del receso veraniego y con un 40% de nuevos integrantes.

En las expertas manos Alasdair Neale, director principal invitado, que año tras año ha sido un pilar en el perfeccionamiento de los jóvenes instrumentistas, se constató notable cohesión y diferenciación estilística.

Alasdair Neale/Terrence McCarthy

Wish You Were Here fue un aperitivo de la obra de Nico Muhly (Vermont, 1981) que acaba de tener un éxito en Londres con su ópera Two Boys, sobre la relación online entre dos adolescentes. Lúdico y enigmático a la vez, con alusiones al mundo de la historieta, Muhly incorpora elementos asiáticos; de hecho, la fundamental inclusión del gamelan otorga carácter y sabor a la obra íntegra.

Asimismo, cautivó la orquestación de Colin Matthews de los preludios para piano de Debussy, joyitas de clara esencia orquestal que se prestan ideales a tal efecto. Matthews capta la atmósfera debussyniana sin dejar de intervenirlo desde su modernidad. Cada una refleja un enfoque minucioso y en el último, el célebre La fille aux cheveux de lin directamente recompone la pieza con misteriosas texturas y envidiable liviandad. No obstante, el rasgo mas evidente ha sido retener la esencia francesa pero al mismo tiempo, brindarle un sabor ineludiblemente británico.

En ambas obras la orquesta exhibió ajuste y sutileza elogiables. En la segunda parte fue el turno de la Quinta Sinfonía de Tchaicovsky, si demasiado trillada siempre una buena excusa para medir las capacidades de la agrupación. Como en las anteriores, el rendimiento fue irreprochable, destacándose cuerdas y metales en especial el solo de trompa de Jay Ferree en el popular Andante cantabile.

Una auspiciosa velada donde el único desliz no fue de la orquesta sino de un sector enfervorizado de la audiencia que aplaudió antes de tiempo, tomando por final uno de los exabruptos emocionales de Tchaicovsky. Sucede en las mejores familias☼

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