Netrebko y Barenboim, cimas y simas de Strauss

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Algo no termina de andar bien si, como en este caso, las cuerdas del ensamble restan excesivo protagonismo a la soprano solista de uno de los grandes regalos jamás compuestos para su registro. Menos importa que sea aconsejable escuchar el disco en orden inverso, primero Una vida de héroe y luego las Cuatro últimas canciones cumpliendo así un orden cronológico tanto mas acorde con la evolución artística del compositor y su eterna batalla interior entre acción y contemplación.

Separadas por más de medio siglo tanto esa vida de héroe como las últimas canciones reflejan como ninguna su realización personal y el rol protagónico de la mujer, eterno femenino encarnado en la voz de la soprano y en el concertino del poema sinfónico que, por cierto, retrata a Pauline, su esposa. Dos de sus obras mas representativas y espejo del ego artístico encuentran en la Staatskapelle berlinesa un vehículo perfecto. Esa misma orquesta que Strauss dirigió mas de mil veces a partir de 1908 y que este último agosto para las celebraciones del centésimo-quincoagésimo aniversario del músico se vistió de gala en la sala de la Philharmonie bajo su titular Daniel Barenboim con el concurso de Anna Netrebko.

Es el torrencial sonido de la orquesta conjurado por Barenboim – y a no olvidar la óptima toma sonora – envolvente, opulento, clarísimo, vibrante lo que atrapa y deslumbra; es una ola que sumerge al oyente hasta evocar la frase de Montserrat Caballé “Interpretar Strauss es como entrar en el mar”. En manos del director argentino desfilan los episodios de esa vida “de héroe” combinando elocuentemente los elementos épicos con el renglón doméstico típico del compositor; plena de detalles y color, lejos del perfecto producto homogeneizado de Karajan en sus múltiples obsesivas encarnaciones. La lectura de Barenboim conlleva un crescendo y tensión operísticas, una sensualidad incontestable y una vitalidad contagiosa que trae al escenario tanto la esencia caballeresca de Schumann como la próxima fiereza de Shostakovich enlazándolos en una cabalgata arrolladora entre las cimas, valles y simas del ímpetu creativo y aledaños.

En ese contexto, el violín de Wolfgang Brandl nada tiene que envidiar antecesores como Willi Boskovsky, Michael Schwalbe o Roberto Chen, es la ideal encarnación de la amada del héroe, de una seducción, vivacidad y ternura tan palpable que parecería susurrar al oído del oyente. Brandl es el broche de oro de una orquesta que en esta magnífica versión no hace añorar ni a la Filarmónica de Berlín, Viena, Chicago o el Concertgebouw. El mejor halago.

No obstante, el obvio anzuelo del registro es Netrebko entregando una cuidada y fervorosa lectura que al final del periplo no termina de convencer. La voz emerge opulenta; la soprano rusa aborda las canciones frontalmente apostandolo todo al timbre bellísimo pero, al contrastar exquisiteces con desprolijidades – incluso alguna desafinación pasajera y falta de aire que no puede disimular la toma en vivo – se le escurre la esencia de los poemas de Hermann Hesse y von Eichendorff.  Si se la juzga a la par de grandes intérpretes de la obra, algo que no puede evitar y para lo que está preparada, por ahora se advierte una falta de consubstanciación con el lenguaje straussiano. Rodeada por cuerdas que parecen respirar y que crean un ámbito inspirador, a la vez etéreo y carnal (mágicas en Septiembre y otra vez sublime el concertino en Beim Schlafengehen) la cantante navega con diferente suerte el último gran ciclo straussiano.

En síntesis, una respetable primera aproximación que si bien no será la última tampoco desbanca a referentes como Schwarzkopf, Norman, Della Casa, Grümmer ya veterana, Janowitz, Popp, las modernas Fleming, Isokoski, Brewer y Harteros más Una vida de héroe inesperadamente tanto más memorable.

*RICHARD STRAUSS, BARENBOIM, NETREBKO, SB, DG 479 3964

 

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