Julian Kreeger, pionero y genuino»influencer»

La desaparición de Julian Kreeger confirma el excesivo uso que se le da a la expresión “fin de una era”. En su caso, no cabe otra, es la única que ilustra lo que significará su ausencia para la música clásica local. Un vacío quizás imposible de llenar y la pérdida de uno de los personajes mas conspicuos de nuestro ambiente artístico. 

Afortunadamente los medios locales le han dedicado extensos y detallados obituarios por demás merecidos, sería una obviedad repetirlos. En todo y cada caso, es imposible separar del ámbito personal ya que esa era su clave: entablar amistad con cada uno de sus genuinos “reclutados” sin importar edad, condición o sexo. Su misión era conquistar adeptos a su causa, compartir una pasión que bien valía la pena compartir y promover, la de la buena música. Disfrutar tanto como él, era su objetivo. Difundir, su tarea, hasta en la pila de discos que regalaba a quien lo invitara cualquiera fuese la ocasión. De profesión, abogado; su hobby como «Soldado de la música», significó su realización como persona.

Neoyorquino que adoptó Miami y la hizo suya sin cambiarla por ninguna otra. En la pujante Miami del presente se suele ignorar el florecimiento cultural, especialmente en música clásica, de la que pudo hacer gala antes de convertirse en la metrópolis que es. Además de la recordada Orquesta Filarmónica de Florida, se hallaban en apogeo la Florida Grand Opera, el Festival Miami de UM y la flamante New World Symphony así como la Asociación de Conciertos liderada por un personaje como Judy Drucker y los ciclos de cámara de Doreen Marx rivalizando con Julian que con su venerable Friends of Chamber Music brindaban lo mas granado de esa disciplina a la entonces soñolienta ciudad.

La constelación de estrellas que Julian no sólo presentó, sino que “mimó” atendiéndolos como realeza que son y representan, quedará en la memoria de todos aquellos que lo vivieron o constataron. Desde sus infaltables visitas post-concert al Versailles con artistas y amigos a sus célebres cenas en una casa tapizada de discos con figuras de diferentes ámbitos y músicos como Claudio Arrau, Emanuel Ax, Vladimir Ashkenazy, Daniel Barenboim, Jorge Bolet, Yefim Bronfman, John Corigliano, Arthur Fiedler, James Galway, Dame Ida Haendel, James Judd, Bobby McFerrin, Itzhak Perlman, Renata Scotto, agasajados por la calidez y manjares de la adorable Judy, la honorable jueza que fue su columna y sostén desde 1966.

Su notable colección de lapiceras sólo se veía opacada por la monumental colección de discos (27,000 discos y 17,000 cd donados a FIU) y la excelencia de su propio sello discográfico Audiofon, fundado junto a su compinche Peter Mc Grath, inmortalizando trabajos de Nelson Freire, Aaron Rosand, Leonard Shure, Earl Wild e Ivan Davis, entre otros. Cáustico e irrefrenable,  era una caja de Pandora de anécdotas que se deleitaba en contar apenas surgía la oportunidad así como en su paso por WTMI y su programa semanal “Collector’s Corner” fue un manantial de revelaciones y también, anécdotas.

Si una mañana sin aviso Martha Argerich tocaba a su puerta para ensayar en su casa, la lista del desfile estelar apabulla. Gracias a su bendita tozudez desfilaron por Miami, con mucho o poco público sólo para hacer música grande, eximios como el Beaux Arts Trio, los cuartetos Emerson, Borodin, Jerusalem, Escher, Dover, Brentano, Ehnes, el trío Kalichstein-Laredo-Robinson, James Ehnes, Sir Stephen Hough, Wallis Giunta, Michelle Bradley, Benjamin Grosvenor, Roberto Diaz, Christian Tetzlaff, Lars Vogt, Nikolai Luganski, Alex Fitestein, Emmanuel Ax… y tantos mas.

En los últimos años pese a que mermó su actividad, y sólo regresaban aquellos solistas muy amigos, Julian siguió firme mas allá del continuo cambio de auditoriums en su misión de presentar, difundir y disfrutar de la música que era su vida. Ese entusiasmo se mantuvo hasta el fin desmintiendo sus achaques y edad.

Si Julian sólo nos debe haber dejado sus memorias en un libro, le debemos no dejar morir la entidad que capitaneó durante cuatro décadas. Su motor y lema fue la amistad, esa poderosa amistad que forja la música, hermandad que nace de – parafraseando a Schiller y Beethoven- la “alegria chispa divina hermanando a los hombres” en este sublime arte.

Los tiempos han cambiado, un nuevo enfoque y energia se necesitan para seguir cosechando aquello que Julian sembró. La música de cámara, ese milagro al que tantos deben acceder porque desconocen, literalmente, su existencia, reserva un universo impensado al neófito. Es fuente de felicidad para audiencias y ejecutantes, un arte complejo que exige concentración de ambos para recompensar a todos.

Si en términos actuales, definitivamente Julian hoy seria un genuino“influencer”, se necesita su fervor y compromiso en la nueva generación para que una ciudad tan nueva como Miami se deje «influenciar» por su recuerdo y no quedarse sin una clase de música simple y llanamente imprescindible. Será ese el mejor homenaje y nuestra invalorable ganancia.

 

Julian Hillel Kreeger – New York City, 1 de marzo de 1940 – Miami, 22 de noviembre de 2024

Lo sobrevive su esposa Judy, sus hijos Abram, David y Daniel, y sus nietos Ilana, Addison y Andy.

Ken Noda, Charles Castleman, Renata Scotto, Judy y Julian Kreeger