Bodas de sangre a la escocesa

Nunca se vio boda tan sangrienta y no son las lorquianas. Ni Lorca ni Andalucía sino Escocia, el casorio de la desventurada novia de Lammermoor. Sangrienta, diríase sanguinolienta, el horror gótico entreverándose con el grand-guignol, aquel extinto teatro francés que salpicaba a los espectadores con las vísceras de sus personajes, en la puesta de Katie Mitchell que escandalizó al Covent Garden londinense el año pasado, ahora en flamante DVD.

La directora traslada la acción a la primera mitad del siglo XIX, cuando Donizetti compuso la ópera, le agrega elementos victorianos y los condimenta con la incipiente rebelión femenina dentro del opresivo mundo de machos dominantes; es decir que “carga las tintas” de la criatura donizettiana, clásica víctima de hombres poderosos. Mitchell muestra todo aquello que Donizetti, con buen tino, no mostró y le agrega más de su cosecha imaginaria. El resultado espeluzna, cuando no satura o aburre. Si la noche de estreno fue abucheada, en la pantalla basta con cerrar los ojos o mirar para otro lado.

Los “detalles” de Mitchell combinan imaginación con exceso y también, disparate, aunque en otras cobra originalidad y llega a cambiar la visión de la historia. Que durante el “encuentro sexual” del primer acto con su amado Edgardo, la heroína haga coincidir su coloratura con estertores coitales para el Quando rapito in estasi es apenas una muestra de lo que viene. Que la dama de compañía, Alisa, esté tácitamente enamorada de Lucia y entre las dos masacren a Arturo frente a la audiencia agrega una faceta impensada. Que Lucía quede embarazada de Edgardo y tenga un aborto espontáneo frente a los horrorizados invitados a la boda no termina con el desfile de sangre, sudor y lágrimas. Un hallazgo el aporte de la glass-harmonica coincidiendo con la imaginaria canción de cuna que la demente canta a su hijito no nacido. No falta el fantasma de la fuente como zombi ambulando, si algo faltó fue el incesto con Enrico. La heroína no muere en la escena de la locura, se desangra en la bañera durante el gran final de Edgardo que luego procede a cortarse la yugular en sangriento abrazo con su amada inerte.

Contado así causa tanta gracia como espanto, verlo también, pero Mitchell se sale con la suya y la historia acaba funcionando mal que le pese a muchos. El trabajo de Diana Damrau es formidable desde el punto de vista actoral, minuciosa, al milímetro, arriesgada. Amén de vestirse y desvestirse y volverse a vestir infinidad de veces en escena, es imposible “no sacarse el sombrero” viéndola salir airosa de semejante desafío. Vocalmente exquisita esta sexta producción de Lucia para la soprano alemana muestra momentos débiles y algunos agudos destemplados, cuando no escuálidos, seguramente debidos al esfuerzo por cumplir tanta parafernalia escénica. No hay momento de la escena de la locura dejado al azar, cada nota tiene su justificación, es un arma expresiva, como debe ser. A su lado, Charles Castronuovo es un viril, vibrante Egardo con todas las notas y Ludovic Tézier un Enrico tan siniestro como temible. Obviamente, Daniel Oren no posee la frondosa imaginación de la puestista reflejándose en una lectura competente sin revelaciones, sólo la armónica funciona como un elemento de otro mundo perfectamente asociado con los desvaríos  de la protagonista.

La asfixiante, bellísima escenografía de Vicki Mortimer divide la escena en dos, opone lo mundano y lo privado, auxiliada por la iluminación de Jon Clark de ribetes espectrales, son cabal reflejo de las intenciones de Mitchell aunque no deja de distraer.

En síntesis, un sonoro baño de sangre ideal para ver en… Halloween.

*DONIZETTI, LUCIA DI LAMMERMOOR, OREN, ERATO DVD 0190295792053

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