Dos estrellas del violín con la Cleveland en Miami
Separadas por sólo una semana y enmarcadas por la suntuosidad de la Orquesta de Cleveland en el escenario del Knight Hall en el Adrienne Arsht Center, debutaron en Miami dos megaestrellas del violín, la japonesa Sayaka Shoji y la española Maria Dueñas, proporcionando a la audiencia la oportunidad de apreciar fascinantes contrastes así como la constatación de la técnica irreprochable de los instrumentistas actuales.
A los 41 años – aparenta muchos menos – la nipona, armada con su Stradivarius Recamier de 1729, goza de una importante carrera desde su triunfo en el Concurso Paganini de 1999 como su mas joven ganadora. En su haber cuenta con grabaciones de los conciertos de rigor para su instrumento, léase Tchaicovsky, Mendelssohn, Bruch, Sibelius, Paganini, Prokofiev, Shostakovich y desde ya, Beethoven, ese pináculo del repertorio que grabó dirigida por Yuri Temirnakov en 2014.
En su actuación con la Orquesta de Cleveland corroboró el notable desempeño del mencionado registro discográfico. Sonido caudaloso, terso e impecable afinación unido a un enfoque de distante expresividad e infinita delicadeza que obviamente se apreció en el Larghetto, donde acarició cada frase con la misma introspección con la que impregnó a su lectura. Shoji sorprendió con su propia cadenza, idiomática y elocuente y deleitó con agilidad y resolución de gran nivel. A estas cualidades sumó ejemplar humildad escénica, en síntesis, una artista que refleja su cultura y la absorción de la música occidental con nobleza cabal. Quizás en su acabada exquisitez faltó esa chispa y calidez que hace una interpretación inolvidable, rasgo que no desmerece su desempeño considerando sus virtudes.
El maestro Kahchun Wong sucesor de Sir Mark Elder en la ilustre Orquesta Hallé de Manchester, y a los 38 años uno de los nombres en mayor ascenso para seguir de cerca, creó el marco perfecto para la solista. Una versión de corte cameristico sin estridencias ni excesos con el sonido aterciopelado tradicional de los Clevelanders.
Regresó el director singapurense con el segundo caballito de batalla de la noche con la fabulosa orquestación de Ravel para “Cuadros de una exposición” de Mussorsky. El paseo de imágenes musicales fue un muestrario del abanico cromático que desplegó Wong con una orquesta respondiéndole como un solo hombre. Asimismo, vale destacar la transparencia e intensidad de su lectura que halló, como era previsible, arrolladora resolución en el siempre impactante final.
Siete días después Dueñas y Denève regalaron un festín sinfónico de superlativa sonoridad al unirse las fuerzas de la Orquesta de Cleveland con las de la New World Symphony, la academia musical americana con sede en Miami Beach de la que Denève es su director artístico. Impresionó el número de instrumentistas en el escenario del Knight Concert Hall y por ende, la opulencia sonora vívidamente apreciada en el recinto.
En el caso de Maria Dueñas, es tentador, casi inevitable no dejarse llevar por juegos de palabras, pero a juzgar por la reacción de la audiencia, la violinista se “adueñó” de la noche. Tuvo con qué en la “Sinfonía española” de Edouard Lalo, suerte de caleidoscopico híbrido que no es concierto ni sinfonía y lo es al mismo tiempo, además de tan francés como su contemporánea “Carmen” de Bizet. Compuesto para su legendario compatriota Pablo de Sarasate en 1875, es ya carta de presentación de la joven granadina y obra que la consagró en el Concurso Menuhin 2021. A partir de ese momento, la carismática artista cuenta con miles de seguidores y el fuerte respaldo de un sello como DG. Es una estrella joven para los jóvenes amantes de la música clásica, es decir, Dueñas está en el lugar correcto y en el momento adecuado.
Secundándola con fervoroso brío, Denève fue el acompañante ideal, sacando chispas a la orquesta en un derroche de color y luz mediterránea. El mismo espiritu habia impregnado la primera pieza del programa, una recopilación del director de las dos suites de “La arlesiana” de Georges Bizet que inspirara a Nietzche escribir “…música con sabor a sol, de aire arrollador y claridad desconocida a nuestra sensibilidad”. El filósofo alemán definió perfectamente, la música incidental que compuso para la obra de Alphonse Daudet, a la postre inmortalizada por Bizet. Un ramillete de delicias provenzales que culminó en la esperada “Farandole”, una de las viñetas favoritas del director, aqui o como en otras oportunidades, festejado “encore”.
Una espléndida “Octava Sinfonía” de Antonin Dvorák cerró la noche gracias a las fuerzas mancomunadas de Cleveland y New World Symphony en un torrente sonoro capitaneado por un Stéphane Denève a sus anchas. El director francés plasmó ese feliz periplo del compositor bohemio pintando meticulosamente cada escena pastoral con una miríada de colores destacadísima, de optimismo y joie-de-vivre contagiosos. Las cuerdas, especialmente los cellos, arrasaron con la noble melodia de clara inspiracion brahmsiana con vientos y metales a la par en un desafío reconfortante.
FOTOS ALEX MARKOW CORTESIA CLEVELAND ORCHESTRA


