De pioneros injustamente olvidados en la NWS
En el marco de la fascinante celebración anual que la New World Symphony presenta como “I Dream a World” – centrada en la “Harlem Renaissance” – el concierto “Transiciones y pioneros” cerró el ciclo 2025. En el programa tres hitos musicales del período 1930-50 por tres compositores significativos: William Grant Still (1895-1978), Julia Perry (1924-1979) y William Dawson(1889-1990). De hecho, las dos últimas llegaron como auténticas revelaciones.
La “Obertura Festiva” (1944) de Still funcionó como celebratorio aperitivo en ajustado contraste con la ascética obra que le seguiría en el programa. De corte patriótico, compuesta en plena Segunda Guerra Mundial, es imposible no remitirse a las películas de la época con sus marchas y contramarchas con sabor a Hollywood, con una orquesta a sus anchas desplegando la incontestable energía joven que es su marca de fábrica.
La composición central de la velada fue el notable “Stabat Mater” de Julia Perry con la participación de la mezzo Briana Hunter, de timbre lustroso y buena proyección. La compositora gozó de merecida fama en la década del 50-60 especialmente en Europa donde había sido discípula de Nadia Boulanger y Luigi Dallapiccola, a la postre su máximo mentor, para irse apagando en su regreso a la patria donde afectada por serios problemas de salud murió en 1979 a los 55 años.
Compuesto a los 27, su “Stabat Mater” no sólo fue su puerta de entrada a la fama sino que es justamente considerado su Magnus Opum. Es una obra de lacerante intensidad e intimidad desarrollada en exquisitas tramas de las cuerdas donde la voz humana se acopla como una más. Curiosamente no posee ninguna de las características de sus contemporáneos afroamericanos, ni la exuberancia, color y contrastes de las otras dos piezas del concierto por lo que su inclusión resultó una bienvenida novedad además de balancear el programa al situarse entre ambos. Obvio producto de su interés por el serialismo, se erige como un decantado ejemplo de esa corriente al que une una aterciopelada calidez, rasgo atípico al método serial. Así este austero pero soberbio “Stabat Mater” de Perry – al principio suprimía el nombre “Julia” para no ser asociada con su género – conlleva una honestidad y rigor artístico que le permite engarzar con otros célebres «Stabat Mater» a través del tiempo, desde Palestrina, Vivaldi, Pergolesi, Rossini, Haydn, Schubert, Dvorak a los mas cercanos de Poulenc, Szymanowski y Arvo Pärt
Por su parte, la “Negro Folk Symphony” es un fresco musical de certero efecto. Tan merecido el éxito clamoroso de su estreno en 1934 bajo Leopold Stokowski (la tercera sinfonía de un afroamericano estrenada por una gran orquesta norteamericana, la «Afro-American» de Grant Still y la en Mi menor de Florence Price le antecedieron) como injusto su posterior olvido. A diferencia de Still y Price, fue la única que Dawnson compuso, y que no elude el rótulo de “obra maestra” sino que lo sugiere plenamente. Obra de arrolladora vitalidad que conjuga elementos diversos sin perder su esencia y que además, exhibe momentos de lirismo arrobador al igual que otros donde retrata la simpleza de su esencia y que fuera revisada después de su trascendental viaje a Africa. En tres movimientos- “The Bond of Africa”, “Hope in the Night” y “O Le’ Me Shine, Shine Like a Morning Star”- ilustra la epopeya afroamericana con vehemencia y profundidad impactantes. En el fragor orquestal, Dawnson no evita sino que enfatiza solos donde blues y jazz dibujan deliciosas figuras a cargo del cello, el corno inglés y otros del ensemble.
La experimentada Jeri-Lynn Johnson condujo a la Academia Orquestal de America con resultados mixtos, en especial en referencia al volumen del ensemble que emergió en exceso contundente durante el concierto, siendo el “Stabat Mater”, obra que clama por etéreos pianisimos, la que mas evidenció su enérgico enfoque. No obstante, la directora logró ilustrar convicentemente el devenir de obras que si bien olvidadas deberían figurar mas a menudo como parte del repertorio regular.
Fotos Alex Markow, cortesía NWS

