Del tejido mas sutil, de color y de música

Acordes que se repiten hasta el infinito, que invitan a los caminantes a deambular entre laberintos de tejidos cromáticos; un sendero donde la contemplación serena se impone. No, no es una película de autor ni una toma inesperada en un lugar insólito. Aqui la música es de Philip Glass, los colores surgen de Olga de Amaral, el ámbito es el ICA Miami y la sutil pero poderosa propuesta, concebida por IlluminArts, vuelve a demostrar su acierto al unir artes visuales y música en un mismo noble gesto.

En complicidad con la fundadora de la organización, la mezzo Amanda Crider, su nuevo director artístico y ejecutivo, Shawn Crouch, diseñó un programa exquisito para enmarcar con música acorde la extraordinaria exposición de Olga de Amaral. A sus 93 años, la gran artista colombiana es una figura legendaria del arte textil, con tapices que desafían los límites entre el diseño más puro y el más riguroso arte contemporáneo. Así IlluminArts literalmente urdió este encuentro inusual en el que cada pieza musical dialogó con las obras de la ilustre creadora que hasta el 12 de octubre ocupan el amplio último piso del Institute of Contemporary Art de Miami, en pleno Design District.

Lanas teñidas, anudadas y engarzadas en combinaciones inesperadas, inmensos módulos filigranados en miles de translúcidas láminas de polietileno y otras fascinantes creaciones y hallazgos de esta auténtica pionera conviven con sus ya clásicos paneles dorados, que flotan como velas de un navío gigante ante los ventanales del museo y dejan ver la vegetación exuberante,  como fundiendo arte y naturaleza. Obras que obsesivas tejen hilos, trazan vínculos invisibles entre los tapices europeos medievales y el arte precolombino, que juegan con la luz al modo de su vecino Jesús Soto y que evocan guiños del mismísimo Gustav Klimt. En estas exploraciones, la música parece volverse tangible, aparecer sin ser convocada. Así emergieron Britten, Barber, Villa-Lobos y, en especial, Philip Glass con sus “Metamorfosis”, impecablemente vertidas al piano por Alan Johnson —asiduo colaborador del compositor y recordado director de la Opera Frost de UM—, incansable difusor de títulos necesarios y poco transitados en estas latitudes.

La soprano Catalina Cuervo impactó con su versatilidad sumando una voz poderosa que llenó con holgura el recinto. En el “Embroidery Aria” de la ópera Peter Grimes, Britten pintó magistralmente la desolación de Ellen Orford, mientras “Melodía Sentimental” de Villa-Lobos evocó los paneles tropicales de Amaral rematada con un fogoso “Júrame” de María Grever. Luego, siempre con el exacto concurso de Johnson, su interpretación del “Himno al Sol” de Akhnaten de Glass marcó uno de los momentos más logrados de la velada, ambos intérpretes en perfecta simetría musical en un entorno obviamente ideal.

El guitarrista y compositor Álvaro Andrés Bermúdez aportó el momento más íntimo de la noche: junto a la soprano, sentada a su lado, ofrecieron un encantador interludio de folclore colombiano que incluyó el bambuco “Bochica” y “Bunde Tolimense”. Cuervo se sumó en las canciones “Amo” y “Soy Colombiano”, esta última en un dúo delicioso de ribetes casi patriótico.

Cuervo y Johnson cerraron el concierto con la emocionante “Sure on this Shining Night” de Samuel Barber, esa joyita esencial sobre texto de James Agee. En la irrefutable magia de esta canción invocando el verano que abraza la tierra reverdecida, que todo lo sana y mira al universo con esperanza, la obra pionera de Olga de Amaral alcanzó nuevas resonancias gracias a la música de IlluminArts, que una vez más supo tender puentes entre mundos similares que, lamentablemente, suelen permanecer demasiado distantes.

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