Otello & Desdémona se sacan chispas

Tarde o temprano, las mejores funciones del Metropolitan Opera se las ingenian para emerger oficialmente en DVD y  ahora SONY, como primera entrega de otra jugosa tanda, brinda una joyita de los archivos del teatro. Originada en un telecast de 1978, documenta el legendario Otello de Jon Vickers que permite apreciar su desempeño en vivo, a diferencia de la película con Karajan, donde fue amansado por el doblaje y control impuesto por el director.

La “electricidad” generada por el tenor canadiense domina la velada y su concepción del personaje atrapa al compararlo con otro DVD, también desde el Met casi veinte años después, con su heredero en el rol, Plácido Domingo, con la misma orquesta y director.

La contribución de Vickers tiende a ser menospreciada. Se olvida que fue puente entre el estentóreo Mario Del Mónaco – y el atípico Ramón Vinay – y el lirismo y la moderna complejidad psicológica de Domingo. Desde  su grabación con Serafín(1960), su primer Otello en el Met (1967), el registro y filmación con Karajan (1973)  hasta estas actuaciones en el nuevo teatro –  a los 52 años de edad – impacta su evolución en el papel.

Actor instintivo e inmenso, a pesar de que podía generar una sonoridad única, capaz de reflejar tormento interior como ningún otro, en lo vocal siempre fue un “gusto adquirido”, polémico y con muchos detractores. Como su Tristán, su moro es emocionante, es un animal herido que aúlla su dolor, es un león suelto en el escenario. Donde Domingo es atormentado y  humano, Vickers es un titán, un psicópata enajenado. Donde Domingo despierta compasión, Vickers atemoriza. Uno está enamorado de Desdémona, el otro de sí mismo.

Renata Scotto es su perfecto “pendant”, encarna la frase “‘Egli era nato per la sua gloria, io per amar…” y sólo la vívida interacción de ambos justifica la edición. Musicalmente impecable, si bella y delicada, esta Desdémona deja entrever una mujer de temple. Con exquisito detalle, Scotto cincela el personaje para recordarnos, entre otras cosas, que esta doncella patricia se arriesgó a casarse con un oficial de menor clase y que dejó a su padre para acompañarlo a Chipre. Esta criatura luminosa, triste en una tierra extraña, desde la primera entrada sugiere una esposa abusada adaptándose a una nueva realidad; atrapada en una telaraña letal, sabe que está condenada y su calmo terror frente al impredecible moro transforma la confrontación del segundo acto en el núcleo del drama.

No por último menos importante, es el Iago del recientemente desaparecido Cornell MacNeil, una de las especialidades del ya entonces veterano barítono de 56 años. En el molde de Tito Gobbi, su villano es un producto teatral que compensa cierta sequedad vocal de sus últimos años. Con excepción de los tres roles protagónicos, la dirección actoral brilla por su ausencia en un elenco competente – y el siempre soberbio coro metropolitano – donde el Ludovico del joven James Morris  preanuncia el admirable Iago que hará en 1996.

La oscura escenografía de Franco Zeffirelli acusa el paso del tiempo al igual que la filmación donde hay momentos fuera de foco y ángulos errantes. Los primeros planos del director Kirk Browning amplifican los gestos destinados al gran auditorio; no obstante, un solo cruce de miradas entre sus protagonistas compensan cualquier lapsus de cámaras.

James Levine reconfirma sus virtudes y credenciales verdianas y además, cómo ha transformado la orquesta del teatro llevándola a una entidad sin rivales en el foso operístico.

El catálogo en DVD podrá ofrecer versiones más modernas, algunas con mayor esplendor visual (e incluso vocal), pero pocas logran concitar tanta garra (y vigencia) gracias a la convicción de la pareja estelar☼

Sebastian Spreng©

* VERDI, OTELLO, LEVINE, SONY 88697 91012 9

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