“THE BERNSTEIN WAY”, DE TAL PALO TAL ASTILLA

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Jamie Bernstein

Hay un momento justamente célebre de los célebres, valga la redundancia, Conciertos para la Juventud que Leonard Bernstein instauró entre 1958 y 1972 al frente de la New York Philharmonic y que sirvieron para educar musicalmente a más de una generación. Al piano explicando la Cuarta Sinfonía de Tchaicovsky, “Lenny” toca, canturrea, canta y grita Yo quise, yo quise… YO QUISE!. Y en esa frase definía el espíritu de la obra en su totalidad mientras dejaba una impronta imborrable en los asistentes; para esos jóvenes hoy veteranos de la sala de conciertos nunca la Cuarta prescindirá de ese grito desesperado que es la esencia de Tchaicovsky: Yo quise!.

Si su manera única de transmitir conocimiento hizo historia, no estuvo lejos su hija Jamie en el concierto de la sagaz serie Encuentros de la New World Symphony del sábado en esta oportunidad dedicado a Richard Strauss y Muerte y Transfiguración. El refrán De tal palo, tal astilla se encarnó en la disertante cuando entonó Yo tuve una vida en todas sus variantes para ilustrar la esencial nostalgia straussiana amén de las vicisitudes de la música programática, en este caso el poema tonal straussiano donde el protagonista evoca su vida en el lecho de muerte. 

A través de los años y como invitada anual de la “Academia orquestal americana”, Jamie Bernstein ha ido puliendo el arte de explicar y hacer accesible la música al novato logrando esta vez  un enfoque y presentación ejemplares. Digna heredera del “Bernstein Beat” mostró quién y cómo era Richard Strauss, y cómo ella misma sufrió una particular metamorfosis, el paso del justificado fastidio a la admiración absoluta por la obra del bávaro. La semblanza de Strauss, su técnica compositiva y su propia muerte y transfiguración contó con un audiovisual entretenidísimo que no evitó ni a Wagner ni a Bugs Bunny cantando Wagner para asombro y regocijo de una audiencia poco acostumbrada a la presencia que solía tener la música clásica en la vida cotidiana hasta no hace mucho.

La orquesta respondió con gran solvencia al liderazgo del atento Joshua Gersen tanto en las ilustraciones musicales como en el poema completo que concluyó la velada con la requerida grandiosidad; sólo en el tsunami sonoro final el volumen fue, por momentos excesivo.

Nótese la respuesta fervorosa de un público diverso integrado por jóvenes, veteranos y muchos adolescentes para quienes la explicación previa hizo que la media hora de la composición se pasara volando. Éste enfoque implementado por Leonard Bernstein y continuado por sucesores como Michael Tilson Thomas,  en la figura de su hija mayor presenta una opción vigente, amena y eficaz para la comprensión y absorción de nuevos universos musicales, una que  logra cambiar aquel famoso Yo quise por un anhelado y ávido Yo quiero!

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Joshua Gersen

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