Christiane Karg y el regreso a una era dorada

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Un disco fascinante que se ama o se cuestiona, porque sería imposible odiarlo. La propuesta es regresar a la fuente, al mas riguroso clasicismo en la voz de Christiane Karg a cargo de seis escenas de concierto que conllevan la desesperación de damiselas abandonadas a su suerte. La soprano bávara las rescata con interpretaciones imbuidas de rara calidad y enraizadas en la corriente historicista que hará suspirar a más de un disconforme por una voz mas opulenta, menos metálica y “tradicional”.

No obstante, Karg responde al desafío llevando las de ganar con soberbia musicalidad, precisión y un vigoroso sentido dramático que no decae ni un segundo. Tiene como aliados a eximios acompañantes: Jonathan Cohen dirigiendo su ensamble Arcangelo, el siempre confiable Malcom Martineau esta vez al pianoforte para quitar todo barniz romántico al Ch’io mi scordi di te…Non temer amato bene mozartiano y la exquisita Alina Pogostkina en el solo de violín de la versión original de Infelice pensier de Mendelssohn.

La furia y la resignación, la tempestad y la calma son los vectores de las cinco escenas debidas a la pluma del infatigable Metastasio y Gianbattista Varesco (Idomeneo) en el mencionado Mozart que la soprano encarna a la perfección con una batería de recursos estilísticos y envidiable limpidez. La escena de Berenice y la cantata Miseri noi, misera patria de Haydn contribuyen a cincelar aún mas el canon clásico que Karg plasma con gusto y fiereza en la resolución impecable de coloraturas y demás ornamentos.

Rivalizando en fama con la de Mozart,  Ah pérfido de Beethoven ha sido inmortalizada por notables wagnerianas como Kirsten Flagstad, Birgit Nilsson, Eileen Farrell, Régine Crespin, Gwyneth Jones y Astrid Varnay sin contar con la versión de una Callas tardía capaz de galvanizar al mas prevenido o la de mezzos generosas como Christa Ludwig, Janet Baker y Marilyn Horne. La joven Karg se ubica en las antípodas de sus ilustres antecesoras pero tiene tanto que aportar que su lectura no puede ni debe pasar inadvertida, es un fresco ventarrón luminoso que retrotrae inmediatamente al siglo XVIII.

Para el final una rara joyita que sirve de broche de oro al álbum y que en esencia es respuesta y equivalente de Mendelssohn a la escena y aria de Beethoven . Se trata de la primera versión del Opus 94 – la escena Infelice con el aria Ah ritorna età dell’ oro y cabaletta D’amor nel regno– que la Sociedad Filarmónica de Londres encargó al compositor de veintincico años y que éste hilvanó a partir de varios segmentos de Metastasio. Es una suerte de bello pasticcio que incluye un solo para violín como vehículo de lucimiento para el belga Charles-Auguste de Bériot a la postre amante de la célebre Malibrán para quien fue escrita. Pero la pareja nunca llegó a estrenarla y Mendelssohn compuso una segunda versión sin violín para Maria Caradori-Allan. Cruza de belcanto y clasicismo, la escena cayó en el olvido. Redescubierta, fue grabada por Edda Moser y luego por Cecilia Bartoli en su tributo a Malibran con Maxim Vengerov en el obbligato de violín. La distinguida lectura de Christiane Karg se ubica en el medio de ambas, superando a las de Simone Kermes y Julia Lezhneva.

El amplio espectro emocional transitado por esta cantante “haciendo Escenas” – el título del CD – confirmen la presencia de una nueva estrella previamente sugerida en un magnífico recital Richard Strauss para el mismo sello y como solista en el Lobgesang bajo Pablo Heras Casado para Harmonia Mundi. Recomendado.

  • SCENE!, CHRISTIANE KARG, BERLIN CLASSICS 0300646

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