Chailly, heredero de la gran tradición

 

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En lo que va del año el mundo ha perdido a dos referentes de la dirección orquestal: Pierre Boulez y Nikolaus Harnoncourt. Fuerzas antagónicas, líderes irremplazables como lo fue Claudio Abbado desaparecido hace no tanto. Los nombres de Maazel, Colin Davis y Masur se suman a otros menos célebres dejando un vacío de poder en las lides orquestales. La pregunta del millón es quienes los reemplazarán, asi como a los veteranos Muti, Haitink, Mehta, Levine, Ozawa y Jansons afortunadamente aún en actividad.

El documental Music – A Journey for Life se ocupa de un augusto sucesor, heredero de la gran tradición italiana y dueño de una probada consustanciación con el repertorio germánico y contemporáneo, el milanés Riccardo Chailly. Nacido en 1953, el objeto del film de Paul Smaczny es el flamante titular del Teatro alla Scala de Milán y de la Orquesta del Festival de Lucerna que dejaron vacante Abbado y Boulez. Menos propenso al divismo que otros colegas, Chailly ha construído su reputación como referente no sólo mahleriano durante su etapa al frente de la orquesta del venerable Concertgebouw de Amsterdam, al que insufló con renovados bríos tanto en repertorio como enfoque.

Después de una década como titular del Gewandhaus de Leipzig, antes de dejar la entidad el director aprovecha el documental para reflexionar sobre su vida personal y carrera en su residencia de los paradisíacos Alpes suizos. Y el viaje de su vida transcurre sin prisa y sin pausa. Desde su mas tierna infancia matizada con el recuerdo de la Scala, su padre Luciano Chailly fue director artístico del teatro, y la ida a Siena por consejo de Franco Ferrara para definir su vocación después de verlo dirigir los discos en su casa, al encuentro fundamental con Abbado del que será asistente y su labor en Leipzig, ciudad que lo inspira como ninguna otra debido a una actividad cultural donde la música es centro absoluto.

En la ilustre orquesta del Gewandhaus, Chailly halló lo que define como “el ADN de las orquestas alemanas, es la madre de todas poseedora de un sonido único” y su primer encuentro con la entidad en Salzburg gracias a Herbert von Karajan. Esa profética reunión daría frutos y el joven italiano pasaría a liderar una de las mas antiguas y respetadas orquestas del mundo. La filmación de ensayos y los comentarios de los músicos aportan opiniones y vivencias beneficiosas para toda audiencia a la hora de la función. El rigor y perfeccionismo del milanés se hace eco en los músicos alemanes que se sienten constantemente desafiados a no abandonarse nunca al “piloto automático” sino al placer de hacer música.

Su devoción por Mahler es compartida con Puccini, aquí Chailly hace un jugoso paralelo entre los dos compositores a propósito de un viaje al Palau de Valencia para La Boheme. No debe olvidarse que el director se inició como director de ópera, disciplina que considera la mas difícil en su profesión por la cantidad de elementos que debe sincronizar: orquesta, escena y cantantes. Si el documento no contempla sus años en Amsterdam o el repertorio contemporáneo, tiene espacio para su vida familiar, su severa crianza a la antigua y ahora el disfrute de los nietos queda registrado en cálidas escenas hogareñas.

La esencia del film radica en mostrar el solitario trabajo de un director frente a la partitura, ese abrirse al universo del compositor, una tela blanca donde será el responsable por revivir fidedignamente una pintura que hará oír al público. En el silencio alpino, Chailly tararea frente a la Sexta de Mahler, la dibuja con sus manos en el aire y finalmente marca la partitura con diferentes lápices de colores, cada color para una ejecución diferente que sumandose a las anteriores crea un fascinante jeroglífico que sólo él puede comprender. Buena idea haberla usado de portada de este DVD que se completa con el Concierto para Piano de Grieg con la presencia estelar de Lars Vogt y el Gewandhaus dirigido por su italiano favorito.

* MUSIC, A JOURNEY FOR LIFE, ACCENTUS ACC 20254

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