De hazañas, amor, celos, venganza y muerte

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Parece mentira que haya pasado más de una década desde este Hercules que sigue tan vigente como en su momento gracias a una combinación poco menos que perfecta. La presencia de William Christie en el podio es un lujo y garantía. En el renglón handeliano escenificado ha enmarcado, por no decir protagonizado, aventuras tan exitosas como arriesgadas, aquellos inolvidables Theodora y Giulio Cesare en Glyndebourne o Alcina desde Paris.  Nuevamente, desde la ciudad luz llega la puesta para Aix-en-Provence del recientemente desaparecido Luc Bondy de otro oratorio vuelto ópera: Hercules. Es una puesta pionera que inspirará otras y que se mantiene incólume en su austeridad y sencillez, en su combinación de líneas contemporáneas en el lúcido anti-vestuario de Rudy Sabounghi y clásicas en la soberanamente parca escenografía de Richard Peduzzi, el gran colaborador de Patrice Chéreau que imprime el mismo toque familiar que llega hasta la formidable Elektra straussiana por ese director.

Y formidable es la mejor definición para este DVD que tardío llega a nuestras costas más allá de la distorsión dramática en el enfoque de Bondy que junto al dramaturgo inglés Martin Crimp simplifica la trama de Sófocles para Las Tarquinias al extremo a modo de dejar al desnudo sólo la música como elemento esencial. Elegante y suscinto, una estatua rota y un piso de arena le bastan para evocar antigüedad y al mismo tiempo universalidad del, al fin y al cabo, oratorio. En esa literal arena quasi “Peterbrookiana” se desarrollará el episodio del retorno de la guerra que desata la tragedia que culmina en la muerte de Hercules provocada por los celos de su mujer Dejanirah quien acaba enloqueciendo. La sinfonía que abre el último acto da oportunidad a Bondy a exponer su enfoque desde “La supremacía del deseo” en un texto proyectado con los paralelismos que encuentra entre Handel y Hercules y como todos somos el héroe cuando se trata de amor y las impredecibles consecuencias de los celos.

Joyce DiDonato es una Dejanirah referencial. Ya a sus treinta y cinco años la notable mezzo americana era la gran sucesora de Marilyn Horne y donde parecerían convergir los caminos pavimentados por mezzos líricas precursoras tan diferentes como Janet Baker, Cecilia Bartoli, Lorraine Hunt Lieberson, Jennifer Larmore, Sarah Connolly, Susan Graham y Anne Sofie von Otter, otra Dejanirah de temer. La cantante de Kansas se acopla admirablemente, se auna con el dramatismo torrencial que desata Christie desde el foso, ostenta una sorprendente batería de recursos vocales y es además una actriz extraordinaria; su escena final de locura – mejor dicho, de revelatoria lucidez – coronada con el célebre Where Shall I Fly marca un hito en una carrera que la llevaría al lugar en el que se encuentra hoy. 

La acompaña un elenco de kilates encabezado por William Shimell, un Hércules magnífico, y el espléndido Toby Spence como su hijo Hilos. No se quedan atrás la Iole de la soprano sueca Ingela Bohlin, clara, límpida, en contraste con su rival y Malena Ernman como Lichas.

No obstante, es el coro e instrumentistas de Les Arts Florissants magicamente hilvanados por el inimitable William Christie la sólida columna que sostiene y engrandece la versión. Otra vez se tiene a mano una lectura integral, sin fallas, tan imaginativa como intensa en extraer todo el drama, lascerante, punzante, volcánico y siempre dentro del mas perfecto estilo. Ejemplar y desde ya,  ineludible.

* HAENDEL, HERCULES, CHRISTIE, BEL AIR DVD BAC213

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