Wozzeck, el color del miedo

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Una versión ejemplar por no decir perfecta de Wozzeck puede abrir la puerta de la ópera “moderna” (si eso significa casi un siglo de compuesta) a públicos renuentes o alérgicos a la atonalidad del señor Alban Berg. Sin ánimo de exagerar, los calificativos “ejemplar” e incluso “perfecta” pueden aplicarse a la puesta en escena de Andreas Homolki con dirección musical de Fabio Luisi para la Opera de Zurich. Es una lectura donde menos es mas – como debe ser en este caso y tantos mas – donde el amarillo es el color del miedo – cual otro si no – donde El Grito de Munch se adivina, es el clamor tácito en esta versión espeluznante donde la abstracción musical pareciera corporizarse en la sucesión de simples imágenes que sugieren, que pintan, que encarnan el mundo del torturado personaje y sus vecinos.

Con excelente tino, los responsables la presentan de un tirón, sin intermedios, convirtiendo las dieciséis viñetas en una admirable sucesión cinematográfica, hermanándola con la Elektra straussiana, y entonces a no olvidar que ambas óperas nacieron en los albores del séptimo arte, son hijas de su tiempo, monolíticas e impactantes. Ninguna ha perdido vigencia, su temática es eterna. Berg enfatiza, mejora el producto de Büchner, en esta rara ocasión “la película es mejor que el libro”. Aplicadas a la visión distorsionada del antihéroe, la ironía y el cinismo en la música de Berg, hecha de angustiantes pausas que por momentos duelen mas que las notas, cortan el aire como navaja. Se trata de una puesta e intérpretes que deben luchar contra el recuerdo de otras memorables, Wozzeck es obvio favorito tanto para directores de escena como de orquesta, más que para el público. Sin ir muy lejos, desde la paradigmática versión Patrice Chereau-Daniel Barenboim, el clásico vienés de Adolf Dresen-Claudio Abbado, la cinematográfica de Andreas Kriegelborn, la controvertida de Tcherniakov (o Calixto Bieito) y la de Lamos-Levine en el Met a cantantes como Fischer Dieskau, Wächter, Hampson, Keenlyside o Goerne que formidables, lo interpretaron al mínimo detalle.

Es desafío y tarea de Homolki-Luisi enfrentarlos y quizas superarlos a todos. Inspirada en el teatro victoriano, la notable escenografía de Michael Levine (más el vestuario de Meta Bronski y luces de Franck Evin), de economía e imaginación superlativas, redondean la entrega. Listones, marcos, cajas intercambiables que forman laberintos ilustrando la mente del protagónico, amarillo y negro y viceversa, de una simpleza y a la vez complejidad alucinantes, encierran mas y mas a los personajes perfilados como títeres gigantes manejados por el destino, sólo vistos de la cintura para arriba, las caras pintadas con tiza y crayones, todo emerge y concuerda con el dibujo caprichoso de un perturbado mental. Son trazos, arremetidas, manchones, piezas de un rompecabezas en despiadado chiaroscuro, todo como la música de Berg. Su espejo, o mejor dicho, reflejo.

Bocado de cardenal para el barítono, literalmente, Christian Gerhaher “es” Wozzeck, retratado sin piedad, cantado con el doliente lirismo de una canción de Mahler, sin afectaciones ni sentimentalismos fuera de lugar, una encarnación inolvidable. Impecables, lo secundan al mismo nivel Gun-Brit Barkmin como Marie (no hace olvidar a Evelyn Lear, Anja Silja o Waltraud Meier pero quien puede?), el brutal tambor mayor de Brandon Jovanovich y el capitan de Wolfgang Ablinger-Sperrhacker, sin poder dejar de mencionar a Irene Friedli (Margret), Mauro Peter (Andres) y el quasi Mengele doctor de Lars Woldt. La orquesta filarmónica de Zurich y el coro de la ópera junto al de niños se suman con igual ferocidad y elocuencia. En este juego de gato y ratón entre ensamble camarístico y orquesta ensordecedora Fabio Luisi obtiene un balance y rendimiento excepcional de cada participante y, sabiamente, nunca cubre a los cantantes.

La óptima dirección de cámaras de Michael Beyer, toma sonora y esmerada presentación del DVD contribuyen a la mas calurosa recomendación. Toda la miseria humana, la fascinación por el inconsciente, la pobreza de almas y el miedo a cada paso hacen de esta gloriosa “música degenerada” como osó rotular la ignorancia nazi, un monumento a la condición humana.

Imperdible desde todo punto de vista.

*BERG, WOZZECK, LUISI, ACCENTUS MUSIC ACC20363 DVD