Los espectros de Vizcaya, desvelados por Britten

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No todos se atreven con Villa Vizcaya, oasis miamense, insólito castillo sobre la bahia, suerte de nave que combina con encanto y astucia la exuberancia local con rancio sabor europeo a la americana, léase: ecléctico. No es Venecia, lo parece; ni Portugal ni España, lo parece; menos Inglaterra o Escocia. Museo por derecho propio rivaliza con sus jardines aún mas bellos y autóctonos que la residencia en si. Pero, después de la noche de Halloween 2021, para quienes se atrevieron a Otra vuelta de tuerca de Benjamin Britten, Vizcaya ya no volverá a ser la misma…

Quien en primera instancia se atrevió fue Amanda Crider, creadora de Illuminarts, que en su inaugural producción de una ópera completa se anota su mejor trabajo hasta la fecha. Vale recordar que Illuminarts se ocupa de eventos musicales en museos y galerías de arte del sur de la Florida, de ahi que utilizar las instalaciones de Vizcaya como lógico escenario para el cuento de horror de Henry James de 1898 musicalizado por Britten en 1954 fue una idea que la villa misma parecía clamar tácitamente. Con su audaz propuesta, Crider recogió ese guante simbólico para ofrecer una experiencia multimedia tan rigurosa como especial.

Maestro en desplegar ambigüedades, Britten compuso ésta ópera de cámara cincelándola a su medida, reflejando sus terrores, fragmentándose, sugiriéndose en cada uno de los seis personajes que la habitan. La premisa básica no puede ser mas “britteniana”: nada es lo que parece. Historia como música encierran doble sentido, es tarea del público adivinarlo, por ende fue acertijo ideal para Halloween.

En un rapto genial, Britten hace cantar a los espectros, mudos en la narración original que inspiró piezas teatrales, largometrajes (el mas recordado es Los inocentes de 1961 adaptado por Truman Capote, dirigido por Jack Clayton con Deborah Kerr y música de Georges Auric) y hasta una serie para Netflix. Su mayor acierto es recrear la atmósfera inasible, extraña, ambivalente de la novela; no en vano trasladar literatura a música fue una de sus maximas virtudes. La partitura calza como guante a la historia de la gobernanta de los díscolos Miles y Flora, habitantes de la Mansión Bly acosados por los espectros de Quint y la señorita Jessel, ex gobernanta y mayordomo. Historia de silencios entrelazados por desconcertantes interludios (otra especialidad del compositor) que tejen la teleraña despertando incógnitas sobre la verdadera identidad y destino de cada personaje. Si las interpretaciones son incontables, la música lo revela todo. Basta escuchar con atención.

Esta segunda aparición miamense de la ópera fue precedida en 1995 por una notable versión en FGO dirigida por James Judd – además como doble de Quint – y protagonizada por Peter Kazaras y Helen Donath, que también dio voz a la governanta en la película de Peter Weigl con la grabación de Colin Davis. Si merece recordarse aquel estreno, ésta versión obtiene – con mínimos recursos y un marco inmejorable – un impacto que reverbera a quien tuvo el privilegio de asistir.

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Aquí el asunto esencialmente inglés cruza fronteras hacia un asfixiante trópico, a través de videos grabados en rincones de Vizcaya y una cámara que continuamente sigue – o persigue – a los personajes para revelarlos al público. Dirigida y diseñada por Laine Rettmer, que suma espléndidas proyecciones y efectos, el ritmo nunca decae y el uso de fotografías de quienes vivieron en la casa contribuyeron al clima enrarecido de la ópera.

Con el espléndido marco musical dirigido por Joshua Gersen – ex New World Symphony y actual asistente de dirección de la New York Philharmonic – los trece instrumentistas y un elenco sin fisuras, de impresionante solidez y rendimiento otorgaron jerarquía a la velada.

Crédito a Laine Rettmer por la consustanciación y rendimiento de sus cantantes, excelentes en cada personaje, disfrutando cada momento. Desde la bella Christine Lyons que compuso una intensa governanta de kilates a la Señora Gross de Michelle Trainor equiparándola en todo momento. La niña Flora a cargo de Jaye Simmons con travieso ribete infantil pero sospechoso así como Miss Jessell de Katherine Pracht con un timbre cavernoso jamás forzado. El niño “Malo” de Miles tuvo en Elijah McCormack un baluarte de la noche; ambiguo, sigiloso, escurridizo, temible, proyectando una voz aniñada de prístina limpidez.

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Sin los rulos rojos del original, sino azabaches, en Karim Sulayman se tuvo al Peter Quint ideal. Britten lo creó para su pareja, el gran tenor inglés Peter Pears, y decir que Sulayman lo igualó, y hasta superó, es poco. Sutil, diabólico, lascivo, tan dulce como repugnante, tan seductor como temible, pareció encarnar al Erlkönig schubertiano con una voz de otro mundo. Ganador del Grammy vocal 2019, pudo apreciarse a este eximio liederista en cada escalofriante matiz e inflexión.

Razón tiene Britten con su nada es lo que parece ni lo que se ve, su música sirve a un drama psicológico, metafísico de infinitas aristas e Illuminarts ha logrado una original vuelta de tuerca al asunto y a la ópera de cámara local. Un hallazgo. Vizcaya no volverá a ser la misma.

Artículo originalmente aparecido en ARTBURST MIAMI

Información sobre Illuminarts

Photo Credits: Francisco Moraga, Laine Rettmer/Paulina Jurzec.