El emocionante regreso de Seraphic Fire

Photo credit:Scott Leger

Quizás porque todo regreso esté cargado de emociones, después de veinte meses de silencio la inauguración de temporada de Seraphic Fire – el grupo coral creado por Patrick Quigley con base en Miami  – conllevaba un frisson especial. Fue un rasgo inevitable e igualmente indiscutible el notable nivel del primer concierto con sólo siete artistas a consecuencia del planeamiento previo ateniéndose al protocolo de la pandemia. Otra vez less is more con resultado memorable desde todo ángulo. Amén de las consumadas interpretaciones, se sumó un programa bien concebido a la vez ameno y conciso.

En lugar del himno nacional como tradicional apertura de temporada, el grupo usa America the beautiful, el clásico de Samuel Ward Newark que contó en esta ocasión con un brillante arreglo de Patrick Quigley. Enmarcando las voces de Lauren Snouffer y Reginald Mobley, las cuerdas entretejieron los motivos del God Save the King, My Country tis of Thee, Battle Hymn of the Republic y Lift Every Voice and Sing para una conmovedora entrega plena de interesantes connotaciones históricas.

Fue apenas el comienzo de una noche presidida por el Stabat Mater de Pergolesi a las que se sumaron obras influenciadas o que tomaron prestado acentos de la obra del italiano. En primer término el Taedet animan del cubano Esteban Salas y Castro (1725-1803) excelentemente vertido por el contratenor Reginald Mobley, seguido por una límpida lectura no exenta de dramatismo del aria O Malheureuse Iphigenie de la ópera Iphigenie en Tauride de Gluck por la soprano Lauren Snouffer, en estricta vena historicista alejada de las familiares versiones de Régine Crespin o Maria Callas. Ambos cantantes se unieron impecables en el  dueto Wir eilen mit schwachen de la cantata Jesu der du meine Seele, derrochando gozo y exquisitez fue un Bach de primer nivel.

Como insólito aperitivo previo al plato principal, deslumbró el violinista brasileño Edson Scheid con dos caprichos del famoso L’arte del violino de Pietro Locatelli, tan endemoniados como los de su sucesor Nicolo Paganini para dejar a la audiencia boquiabierta con su despliegue virtuoso, elegante y preciso.

Llegó así el esperado Stabat Mater y su inmortal primera estrofa, una de las glorias de la música toda que irá a reverberar en tantas que seguirán. Para soprano y mezzo (o contratenor como este caso) más instrumentos de cuerda y continuo, bajo la atenta dirección de Patrick Quigley se apreció una lectura en literal estado de gracia. Se tuvo una versión que desplegó la emoción y belleza aunadas en perfecto equlibrio de la pieza del compositor que jamás llegó a ver interpretada ya que murió a los 26 años, seis meses después de finalizarla.

Un placer volver a escuchar a Mobley en la madurez de sus medios así como la impactante sonoridad de la joven Lauren Snouffer, de luminosa soltura y diafanidad. La labor de Aya Hamada en órgano y la cellista Sarah Stone fueron decisivas en el éxito del emprendimiento asi como el ya mencionado Edson Scheid más la violinista Isabelle Seula Lee y la violista Annie Garlid.

A toda música plena y pura, Seraphic Fire celebró este ansiado regreso, con la misma obra que prrogramó en su primera temporada hace ya diecinueve años.  Regreso e interpretación emocional y emocionante por partida doble.

Información y próximos conciertos: Seraphic Fire

Photo credit:Scott Leger