Thomas Hampson: reveladora “Masterclass”

foto: Dario Acosta

 

(Artículo de Sebastian Spreng, El Nuevo Herald, Miami, 24 de enero de 2007)

Otra vez afortunado, el público de la New World Symphony presenció una de las colaboraciones artísticas más importantes de hoy, la de Michael Tilson Thomas con el barítono Thomas Hampson. Bastaron cuatro canciones de El Cuerno Mágico de la juventud para confirmar un evento excepcional. No se trató de la faceta más encantadora de los Lieder de Mahler basados en el material folklórico recogido por Arnim y  Brentano, sino las más brutales, aquellas que denuncian la guerra y lo despiadado de la condición humana. Dentro de ese marco austero, de feroz y sombrío manifiesto, su voz y presencia volvieron a constatarlo como una de las máximas autoridades del género, si no la máxima.

Entre las tres representaciones, Hampson ofreció una reveladora Masterclass a los integrantes de la “Academia orquestal americana” contando con la invalorable participación de Tilson Thomas. La incógnita de qué puede enseñar un cantante a un grupo de instrumentistas halló contundente respuesta. A puertas cerradas, les reveló  “cómo cantar con su instrumento” transmitiendo a la dimensión instrumental, los secretos del fraseo y coloración exclusivos a la esfera de la voz.

Sería inútil explicar una propuesta tan fascinante como intransferible, en cambio debe contarse cómo durante tres infatigables horas diseccionó cada una de las Canciones del Caminante (Mahler) asignadas respectivamente a cuatro instrumentos de viento para deleite de estos jóvenes que asimilaban como podían su avalancha enciclopédica.  Estos Lieder que cantan el fin de la adolescencia, la renuncia y la realización del paso del tiempo (“Como el Viaje de invierno schubertiano, no versan sobre la muerte física sino sobre la muerte de una edad, de aquello que ya no será”) propiciaron un festín de cuatro platos suculentos donde no faltó el canto generoso y la risa desenfadada, y contagiosa, del barítono.

Abordó el rigor de la perspectiva histórica (ante una excesiva lentitud del oboe aconsejó “Shostakovich todavía no asomaba; recurre al pasado, hazlo desde Schubert” y la idea de cómo un poema – aunque se trate de Goethe o Schiller – deja de serlo al independizarse como canción; lo visionario de Schumann, la  ironía de Heine y su influencia en Freud;  la concatenación artística y la obra del filósofo Jean Paul (J.Richter); la simbología de las imágenes en el romanticismo alemán: por qué una flor es azul y no roja, por qué un ruiseñor y no una alondra; el secreto del campesino Landler frente a la urbanidad del vals vienés; la curiosa similitud entre una frase de Madama Butterfly y el orientalismo del cuarto Lied en La canción de la tierra y cómo involucrarse en una interpretación sabiendo distanciarse (“Quien da las noticias se limita a informar, la emoción va por cuenta del espectador. Preocúpense por saber contar y cómo disparar el proceso”) para culminar con una literal disertación sobre la diferencia entre información y conocimiento.

Reveló cómo entender el romanticismo desde la mirada del siglo XXI matizando con anécdotas sobre la enloquecida agenda vienesa del Mahler director, de la influencia de la Sinfonía Fantástica y hasta del nexo entre Monteverdi y el rap: ”No hay nada nuevo bajo el sol” y con claves accesibles a jóvenes de hoy (“Si alguna vez sintieron un ataque de pánico, esta canción lo retrata”), demostró como “La canción es una metáfora de la imaginación, del pensamiento poético encapsulado en música e impulsado por el instinto básico de contar la historia de la existencia”.

Y aunque sus palabras fueron más que suficientes, Hampson también cantó y cada inflexión probó la libertad otorgada por un saber asimilado que le permite tomar riesgos y nuevas avenidas. Tener el privilegio de contar con figuras de su talla, capaces de convertir buenos ejecutantes en artistas completos es otra razón de ser de la “academia orquestal americana” con sede en Miami Beach. Si el espíritu de Leonard Bernstein, tan caro a ambos artistas, pareció estar presente, sólo es de esperar que Tilson Thomas y Hampson traigan a Miami su lectura de La canción de la tierra, resumen del  universo mahleriano y soberbio corolario de una época y un siglo. Para la audiencia seria tan revelador como para sus integrantes lo fue ésta verdadera clase magistral.

Sebastian Spreng

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