Frost Opera: un Orfeo de seis caras

Escenario de Sherri Tan

Si un evento no debe pasar inadvertido al aficionado lírico miamense es la exploración que año tras año realiza la Frost Opera Theater de UM;  compañía que aborda repertorios difíciles de hallar en éste ámbito con montajes experimentales de inusual factura e imaginación. Al “Albert Herring” y “La ópera del mendigo” de la pasada temporada el último fin de semana se sumaron las “Visiones de Orfeo”, un original periplo musical a través de seis óperas inspiradas en el mito.

Desde Claudio Monteverdi a Philip Glass, el dinámico equipo integrado por Alan Johnson (dirección musical) y Dean Southern (dirección escénica) abarcó – y logró amalgamar – cuatrocientos años de música con el entusiasta concurso de los alumnos de la escuela de música de la universidad enmarcados por la escenografía creada por Sherri Tan, módulos y marcos que en mas de una instancia recordaron al mágico universo de  Giorgio de Chirico.

El hilo argumental fue la amalgama de este collage que arrancó en 1607 con el Prólogo del Orfeo monteverdiano seguido por escenas del primer acto de la ópera de Gluck (con destacada labor  de Catherine Wiggins y Holly Jamison, un desenfadado Amor en zapatillas y gorra de UM). La primera parte culminó con Les malheurs d’ Orphée de Darius Milhaud, una divertida rareza de 1924 donde un Orfeo provenzal – mas doméstico y urbano –  es el sanador por  excelencia.

La segunda retrotrajo al Monteverdi seguida por la cuota de humor de Offenbach y los couplets de Berger Joli de Orfeo en los infiernos. El infaltable – y necesario – Ché faró senza Euridice del Gluck marcó el clímax de la velada en la noble presencia de Jillian Staffiera. Para el final quedaron dos obras contemporáneas: la conclusión y epílogo del ciclo Orpheus and Euridice (2005) de Ricky Ian Gordon señaló otro momento de lograda expresividad y estética y el Orphée de Philip Glass que basado en el film de Jean Cocteau  convierte al personaje en un altivo poeta parisino. Jeffrey Wienand  y la princesa – la muerte – de Alejandra Martínez se destacaron en este complejo intento bien manejado por la dirección escénica de Southern. Al piano o dirigiendo el grupo de cámara Alan Johnson mantuvo el alto nivel acostumbrado pero fue en la partitura de Glass (de quien ha sido colaborador) donde se lo sintió más a gusto.

Una imaginativa y reconfortante velada de teatro musical.  Ahora sólo queda esperar hasta la próxima aventura☼

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