“Músicos de músicos” visitaron Miami

Wu Han y David Finckel - foto Tristan Cook

Tres conciertos protagonizados por “Musician’s Musicians” jerarquizaron el primer fin de semana del 2012 en Miami. En primera instancia, deslumbró la actuación del matrimonio Wu HanDavid Finckel  (cellista del Emerson String Quartet) para Sunday Afternoons of Music. Galardonados “Músicos del año 2012” por Musical America, abordaron un vasto, reconfortante programa que abarcó Bach, Beethoven, Schubert y Brahms. La trascripción del Adagio de la Toccata en Do mayor de Bach abrió vigorosamente el concierto seguido por la Arpeggione de Schubert donde se apreció una consubstanciación total en la pareja que se enfatizaría a lo largo de la velada. El contagioso placer de hacer música emanó con una naturalidad y complicidad envidiables, sumándose la ejemplar introducción hablada a cargo de la pianista. En la temprana Primera sonata para cello de Beethoven primó el espíritu lúdico, probando como una obra compuesta para entretenimiento puede remontar alturas desconocidas con artistas de esta talla.  La limpidez de Han, a cargo de una parte endemoniada, contrastó con el hálito clásico favorecido por Finckel. Una cátedra musical que regresó con la monumental Segunda Sonata de Brahms, apasionada y dramática como debe ser, Wu Han desató una fiereza y virtuosismo arrasadores y Finckel se acopló con intensidad y calidez de igual nivel. Como bis, el Allegretto Scherzando de la Segunda Sonata de Mendelssohn rescató el espíritu juguetón empalidecido ante la ominosidad del Brahms para cerrar una noche donde cello y piano viajaron a través del tiempo magistralmente interpretados.

James Ehnes

Otro dúo, esta vez violinista y director, brilló en la New World Symphony con una obra trillada que interesa cuando se la interpreta como en esta ocasión: James Conlon y James Ehnes(*) probaron que valía la pena revivir el Concierto para violín de Tchaicovsky. Asombró la pericia técnica del joven canadiense  y su virtuosismo fue de la mano de la nobleza de su concepción, sobria, sin alardes ni exhibicionismo. Fue Conlon el director modelo, exhibiendo superlativa comunicación con la orquesta, cincelando cada detalle y jamás obliterando al solista con el aluvión tchaicovskiano en una lección de estilo y balance sonoro. Como bis, Ehnes regaló un Capricho de Paganini para rematar la primera parte de un programa cuya segunda fue dedicada a la suite de Romeo y Julieta de Berlioz arreglada por el mismo Conlon.  Se trata de un arreglo adecuadísimo para probar las capacidades de una orquesta, con todo el sabor a grand-opera de Meyerbeer, el ímpetu wagneriano y la grandiosidad y lirismo propias del francés siendo imposible soslayar la esencia beethoveniana y algún dejo más contemporáneo que hasta remite al ballet de Prokofiev. Con destacada actuación de los metales y transparente participación de las cuerdas, el director redondeó su acertada visión berlioziana y confirmó lo valioso de su presencia, una que debería repetirse mas a menudo.

El regreso del trío Kalichstein-Laredo-Robinson marcó un ya tradicional, y afortunado, acontecimiento anual para Friends of Chamber Music. La novedad fue el estreno floridano del trío “Reveille” de Stanley Silverman (1938), pieza desenfadada, pintoresca, conmemorativa que estrenaron el pasado septiembre en Nueva York con la participación de Sting en la canción para laúd “Fear No More the Heat o’the Sun” de Shakespeare (aquí se usó la versión puramente instrumental para lucimiento de Sharon Robinson). Dedicada al filántropo Herman Sandler, que pereció en el ataque a las Torres Gemelas, es una pieza ecléctica cuyos siete movimientos presentan variadas alusiones y connotaciones a hechos y lugares. De Boulez y Carter a motivos populares este racconto exuberante  comienza en un camino de los Hamptons y alcanza su cenit en Guajira y Fuga. Silverman fusiona aires de Sainte Colombe con ritmos latinos (el compositor  se permite un curioso zapping contrapuntal basado en la proximidad radial de la estación clásica neoyorkina junto al dial de la latina). La solemnidad de una pavana sumada a variaciones del You Can Call Me Al de Paul Simon rubrica el paisaje de Reveille. Enmarcó la première una exquisita lectura del Trío K.502 de Mozart y una espectacular – no cabe otra palabra – versión del Cuarteto para piano Opus 25 de Brahms donde se sumó el eminente Michael Tree, viola del Cuarteto Guarneri. La precisión, intensidad y elegancia de Joseph Kalichstein, enmarcaron el altísimo nivel de sus colegas que en las cuerdas completaron un torneo que hizo “desaparecer” a los intérpretes en aras del Brahms esencial. Bravo☼

Sharon Robinson, Jaime Laredo, Joseph Kalichstein - foto Fred Collins

(*) Regresa el 25 de abril con el Cuarteto Ehnes con Friends of Chamber Music.

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