Miami, al filo del espejismo musical

En el campo de la música mal llamada “clásica” (debiera llamársela “necesaria”) Miami podría estar próxima a quedarse, literalmente, varada. Asediada por la crisis económica mundial, navegando entre angustias, compromisos, indulgencias, adulaciones y promesas, necesitaría una leve corrección de rumbo para no encallar, paradojalmente, entre los pantanos y el playo mar que la rodea.

No bastan los denodados esfuerzos de muchos infatigables visionarios y de pequeñas organizaciones que sobreviven heroicas (son las responsables por tantos chispazos memorables); ni de la New World Symphony, que mantiene al público actualizado y que, al celebrar un año en su nueva sede, vale como ejemplo por haber implementado una programación sagaz, innovadora e inclusiva que convoca audiencias entusiastas y multitudes inéditas en sus Wallcasts.

Tampoco bastan las buenas intenciones ni las excusas de quienes resignados (o exhaustos) ven inevitable el estancamiento o naufragio anunciado. No es la falta de interés (o la supuesta ignorancia) del público ni la carencia de medios para acometer empresas novedosas que las respalden. Es obvio que la tibia respuesta de los espectadores está directamente relacionada con la oferta, sin contar con la escasa difusión y en ciertos casos, erróneo enfoque promocional.

Si bien parte de la audiencia quiere y necesita ser educada como espectadora (tarea y condición sine qua non en todos los centros musicales del planeta que empieza con la apreciación de la música hasta cuándo y cómo aplaudir); otro gran sector, la mayoría, está integrado por público culto e informado que se siente relegado ante la falta de estímulo por programaciones poco imaginativas o repetitivas, ídem con celebridades o “inventos” que aprovechan la falta de información y malabarismos que deben campear los organizadores para apenas, sobrevivir.

Mientras se ignoren los reclamos y sugerencias de público (más sediento e informado que nunca)  y crítica especializada que trata sutil (o como puede) de alertar sobre los peligros de este creciente anquilosamiento, se estará a la deriva hacia un atolladero que frenaría este impagable envión cultural que ha tomado décadas concretar.

No por repetida menos vigente, la paradigmática frase de Erich Kleiber los peores enemigos del arte son la rutina y la improvisación” se hace patente en esta ciudad joven y dinámica, con todas las ganas, necesidades, instalaciones y posibilidades para convertirse en un polo musical de primer orden; y además, único por su privilegiada situación geográfica y crisol cultural que la conforma.

A días del primer aniversario de MIAMI ☼ CLASICA, que esta reflexión no evoque ni al cuento del pastorcito y el lobo, ni a los ayes de Casandra; que sea un simple aviso bienintencionado para tratar de salvar las conquistas obtenidas y  para que, en última instancia, el temido arrecife sea sólo un espejismo☼

©Sebastian Spreng

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