Una sonámbula que no da un paso en falso

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La Sonámbula – FGO – foto Gaston de Cárdenas

Producto de la Florida Grand Opera seis temporadas atrás, La Sonnambula fue repuesta en esta temporada de transición como alternativa a los caballitos de batalla que integran su programación 2012-13, léase Boheme, Flauta mágica y Traviata. Y pese a la peligrosa proximidad, valió la pena resucitarla porque es una de las mas bellas producciones acometidas por la compañía local. Una joyita escénica acorde a sus limitaciones y posibilidades, que no pretende lo que no puede ni debe, y que se ubica en un balanceado punto medio, equidistante de lo extremadamente convencional y del disparate prevalente hoy día, al mismo tiempo que valoriza su material más importante (la música de Bellini) y lima las aristas del libreto pueril de Romani, uno que no se arregla aggiornandolo como trató de hacer el Metropolitan hace dos temporadas.

Austera y elegante, la producción de Renata Scotto con escenografía y vestuario de Carlo Diappi funciona como un reloj. Trabajada monocromáticamente en blancos, platas y azules – en la misma sutil paleta baja de la partitura belliniana – opta por la atemporalidad sin renegar del elemento aldeano donde transcurre la historia. Los personajes en siluetas, el vestuario blanco, el bosque abstracto, la madera cruda del piso y del único árbol protagonista más la explosión final de color (y otras sorpresas) que retrotraen a la realidad a Amina y audiencia evocan la estética de Giorgio Strehler y el Piccolo Teatro milanés. Esencialmente europea, aporta un toque desacostumbrado por estas latitudes. En una suerte de tributo a su consagración en 1957 con este personaje en la puesta de Luchino Visconti (reemplazando a Callas en Edimburgo) y desde una perspectiva diferente a la del cineasta, Scotto homenajea la fábula campestre y al etéreo romanticismo de Maria Taglioni (creadora de La Sylphide) con tableaux-vivants como postales de época limpias de toda distracción.

Si menos frecuentada que Norma y Lucía, recuérdese que La Sonámbula marcó un hito en el revival belcantista iniciado a partir de la década del cincuenta que se alejó del artificio y excesivo embellecimiento vocal de antaño para dar paso a una mayor expresión dramática. El joven ensamble de cantantes demostró la asimilación de este legado fundamental con un desempeño vocal homogéneo. Tanto Hyng-Young Lee – una Lisa en la tradición de la soubrette-, Cynthia Cook (Teresa) y el otra vez destacable Adam Lau (Alessio), tres participantes del Young Artist Program supieron enmarcar a los protagonistas. Si Tom Corbeil (ex Young Artist) perfiló una figura de caballero antiguo y una voz acorde al personaje del misterioso Conde, el tenor Michele Angelini aportó un delicado Elvino pleno de fuegos de artificios vocales y los temidos agudos que otros menos temerarios suprimen.

No obstante, el peso de la ópera reside en Amina, la sonámbula en cuestión que ha sido vehículo de lucimiento desde Pasta, Malibrán y Lind a las más cercanas Callas, Sutherland, Scotto, Moffo, Gruberova y Dessay. Otro talento que pasó por el YOA, la joven lírica Rachel Gilmore, con un instrumento no demasiado caudaloso pero muy bien proyectado y manejado, salió airosa del desafío con una Amina vulnerable y tierna que cumplió con las tremendas exigencias vocales impuestas por Bellini; desde el Care compagne inicial al famoso Ah non giunge último desplegó seguridad y sabia administración de sus recursos. 

Junto al coro en óptima forma y dicción preparado por John Keene, la orquesta bajo Ramón Tebar sentó las bases del éxito de la velada. Pese a que la orquesta no es la protagonista de la ópera (son las voces); el maestro valenciano no se limitó al mero acompañamiento sino que supo recrear la atmósfera ochocentista con exquisitez ejemplar, incluso aprovechó para subrayar las referencias románticas y figuras musicales de la partitura con el ballet de entonces. Así Delibes, Chopin y hasta Tchaicovsky (nacido cinco años después de la muerte de Bellini) parecieron hacerse presentes para rondar las sutilezas del “Mozart de Catania”.

En síntesis, para FGO marca una exitosa velada donde estilo y musicalidad confluyen tanto en escena como en el foso orquestal y que quizás prepare el camino para otros ansiados títulos del belcanto o la mismísima Norma, favorita de Wagner y supremo desafío vocal cuya ausencia siempre se añora

☀ La Sonámbula, FGO, martes 12, viernes 15 y domingo 17, información online o al 1-800-741-1010

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Rachel Gilmore como Amina – foto Gastón de Cárdenas

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