Dresde: Tiempo de Thielemann

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Después de la avalancha Wagner-Mahler parecería que poco queda por decir en esas densas latitudes musicales. Las celebraciones que se han ocupado de ambos quedó testimoniada por una cantidad exorbitante de grabaciones de óptimo nivel y el aficionado no puede mas que agradecer ante tanto y tan bueno… sin embargo, hay mas.

Si las ansias postrománticas no lo han llevado a la indigestión justificada, todavía hay lugar para otro banquete que puede servir de postre o incluso de aperitivo preludiando un festín en ciernes. Sin prisa, a la sombra de los homenajeados esperan su turno Anton Bruckner y Hugo Wolf, colosos y antípodas del intimismo y la grandiosidad cuyo punto de encuentro es la austeridad mas recoleta y alguna que otra obsesión cuando no locura.

Y si ya es tiempo de Bruckner y Wolf, también lo es de Christian Thielemann en Dresde,  idas y venidas mediante, flamante director de la legendaria Staatskapelle, bastión ineludible no sólo de Wagner, Mahler y Strauss sino también de Bruckner. El presente DVD que muestra la asunción oficial del director alemán al frente de la venerada orquesta es ideal vehículo para familiarizarse con la obra acaso algo postergada de estos dos grandes por derecho propio.

En la acústica perfecta de la Semperoper – la soberbia casa de ópera diseñada por los Semper, padre e hijo en 1841 y 1878 e inmaculadamente reconstruída después del bombardeo de 1945 – el concierto se inicia con cinco canciones de Hugo Wolf en versiones orquestales del compositor, Günther Raphael y Josef Marx en la voz de Renée Fleming.

El miniaturista Wolf, especializado en joyas brevísimas, alcanza aquí otra dimensión y la suntuosidad tonal de la cantante americana le va como un guante.  Aún “la” soprano straussiana de esta época, Fleming cumple con su habitual excelencia, un único reparo es la dicción velada y aquí la ausencia de subtítulos es una imperdonable falla de la edición especialmente en Mignon, una de las cumbres de la literatura liederistica, verdadera mini ópera que Schwarzkopf supo hacer suya. A la superlativa lectura de Fleming le sucede Befreit (Liberada) de Strauss, exquisito bis donde su voz flota por sobre la orquesta mágica y triunfal, tal como debe ser.

La séptima sinfonía de Bruckner se estrenó en 1884 en la rival Leipzig por Arthur Nikisch y la orquesta del Gewandhaus, también clásica rival de la Staatskapelle. Pronto Dresde fue piedra fundamental de la difusión de la obra bruckneriana, incorporándolo como hijo dilecto junto a Wagner y Strauss. Tradición que fue tarea y legado de paladines como Karl Böhm (para quien la séptima era la máxima composición de la música toda), Herbert Blomstedt y Eugen Jochum que imbuido de la mas natural afinidad con el músico grabó en la década del setenta una famosa integral de sus nueve sinfonias con esta orquesta dicho sea de paso recientemente reeditada.

Sin olvidar las contribuciones del lamentado Sinopoli, ni a Chailly, Giulini, Haitink o Günther Wand, Thielemann recoje el guante con elegancia y severidad proverbial. Mas cercano a la sedosa luminosidad de Karajan, lejos de la abstracción del polémico Celibidache (aunque su versión sea referente inamovible) y del wagnerismo de Furtwängler que veía en la mística sencillez de Bruckner el germanismo absoluto, de hecho, quiso que el adagio se tocara en su funeral.

Esta séptima en la edición de Robert Haas por Thielemann se halla en un afortunado cruce de caminos, es su propio amanecer en Dresden y lo proyecta en la escala cósmica de la obra, atando cabos con mínimos toques, desplegando la paleta que va de Bach a Wagner, mesurado, solemne, transparente. La orquesta aporta su clásico, distintivo color mate, claro y pulido, todo conduce a la majestuosa sonoridad del órgano. Intenso, riguroso, moderno en el uso de texturas donde incluso Haydn parece asomar, equilibrado, hacia una emotividad distante, Thielemann reconfirma su estatura.

Una velada de felices paralelismos desde la capital de Sajonia, plena del otoñal romanticismo capaz de encender el apetito por visitar una y otra vez un legado ilustre de la mano de una orquesta incomparable y de un director a su medida.

* BRUCKNER, WOLF, THIELEMANN, OPUS ARTE VD OA 1115D

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