Amores que matan, odios que enlutan

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Lauren Flanigan y Rayanne Dupuis en Mourning Becomes Electra – FGO

Ni palacio griego, ni mansión colonial sino casa de muñecas, mas tortuosa que la de Henrik Ibsen y sus “Espectros” pero casa de muñecas al fin. Casa de muñecas que es el núcleo de la puesta de El luto le sienta bien a Electra con que Florida Grand Opera abre su temporada 2013-14. También conocida como A Electra le sienta el luto, en realidad no hay traducción al  español que consiga abarcar el ominoso sentido del título en inglés – Mourning Becomes Electra – reflejo cabal de la pieza de Eugene O’Neill, inmortalizada por actrices de la talla de Dame Judith Anderson o Colleen Dewhurst y que conoció una adaptación cinematográfica con Rosalind Russell, Michael Redgrave, Kirk Douglas y la mítica Katina Paxinou como Christine (Clitemnestra).

Hábilmente transplantada del retorno de la Guerra de Troya al de la Guerra Civil Americana, esta original decantación de La Orestíada – trilogía integrada por Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides –  de Esquilo y  luego O’Neill, es la base del libreto de Henry Butler para la ópera homónima de Marvin David Levy. Fue el segundo estreno mundial de la primera temporada del flamante Metropolitan Opera en 1967 – un éxito que opacó aún mas la desafortunada premiere meses antes de Antonio y Cleopatra de Samuel Barber – gracias a un equipo formidable integrado por el director chipriota Michael Cacoyannis (Zorba el griego, Las Troyanas y la película Electra con Irene Papas), al podio Zubin Mehta y en escena Sherrill Milnes, la malograda Marie Collier y Evelyn Lear, que ya famosa en Europa hizo un debut consagratorio en su país como Lavinia (Electra).

Sin embargo, como por obra y gracia (o desgracia) de la maldición de los Atridas – en la adaptación de O’Neill bajo el nombre Mannon – después del resonante suceso literalmente desapareció. El olvido duró tres décadas. Revisada por el autor, fue revivida en Chicago en 1998  y luego en el 2003 en Seattle y en la New York City Opera con críticas laudatorias. Una década después, la ópera arriba al sur de la Florida en calidad de estreno regional abriendo un nuevo capítulo en los setenta y tres años de la Florida Grand Opera y en tributo al octogenario compositor residente en Fort Lauderdale donde en su honor se estrenó una semana antes que en Miami.

Es una apuesta a un vital aggiornamiento de la FGO por parte de Susan Danis en su primera temporada como regente de la compañía, asumiendo un desafío que la entidad y el público, le guste o no, necesitan. Significa un sano paso adelante, una aventura desde ya mucho mas sana que las mentes de los disfuncionales Mannon, acosados por espectros, guerras, odios ancestrales, deseos y complejos paralelos que entrelazan el de Electra (amor por el padre) y el de Edipo (amor por la madre) en una telaraña impregnada de rancio puritanismo que serviría de opíparo banquete a Siegmund Freud.

El retorno al hogar, La Caza y Los poseídos, significativos subtítulos de la trilogía de O’Neill que dan la pauta de cada acto, emergen de esa casa de muñecas que la niña Electra abre para mostrar su mundo, dejando ver el horror familiar, el legado de una guerra, el recuento de esos daños, sus muertos, sus “muertos vivientes” y las heridas  incurables que deja toda contienda en una dinastía de por sí “complicada”. Celosamente cerradas, son puertitas que se abren para permitir que el drama irrumpa como ventarrón hasta el inexorable cierre último de postigos, enclaustrando, sepultando viva a la protagonista con sus muertos tan queridos, tan odiados. 

Este auténtico gótico americano de raíces griegas (por ende, universales) necesita una puesta en escena que aglutine los aspectos antiguos y modernos, tanto visuales como los de la música de Levy que, lejos del cataclismo sonoro de la torrencial Elektra straussiana, opta por resaltar, comentar y remitir con precisión de bisturí al teatro de O’Neill, proveyendo un tratamiento, en instancias, de ribetes cinematográficos. Y la puesta de Ken Newbury con decorados de Anya Klepikov, iluminación de Robert Wierzel más las espectaculares proyecciones de Wendall Harrington al contrastar con el vestuario de época de Elizabeth Caitlin Ward cumple con el cometido de amalgamar ambas vertientes y permanecer fiel a la esencia de la obra. El renglón visual es el nudo central y a su vez, nexo entre foso y escena.

Vuelve a sorprender el valenciano Ramón Tebar, esta vez dirigiendo un autor contemporáneo – y además, presente en la sala visiblemente emocionado – obteniendo de la orquesta un rendimiento excepcional, clarísimo, austero, rico, sutil o atronador según lo requerido por la intrincada partitura de Levy. Debe destacarse que el Director Musical de FGO y su orquesta salen más que airosos del difícil compromiso.

En escena, un sólido elenco capitaneado por la veterana Lauren Flanigan que repite la aclamada Christine que encarnó en Chicago, Seattle y New York. Digna hija de su madre y apenas un punto por debajo, la Lavinia de Rayanne Dupuis, que gana gracias a su convicción y honestidad, manipulando la tensión dramática con la misma pasión y entrega de su odiada rival. Impecables sus contrapartes masculinos en especial el estupendo Morgan Smith como Adam Brant (Egisto), el ojo del huracán, y Keith Phares como Orin (Orestes) sin olvidar a Kevin Langan, exacto capitán Ezra Mannon (Agamenon). La imprescindible bocanada de aire fresco llega con Thomas Lehman  (Peter/Pylades) y la excelente Riley Svatos (Helen) a cargo de la parejita joven salvada a tiempo de caer en las garras de los Mannon.

Para este ejemplo de ópera neoclásica americana una ejemplar puesta neoclásica que sabe jugar con la distante frialdad de un tema ardiente hasta redondear una versión de primera categoría capaz de medirse con sus ilustres predecesoras. Una ópera que como los fantasmas de la casa Mannon queda navegando a la deriva en el inconsciente del espectador hasta atracar en un puerto que es ópera y además, teatro.  Ahora es tarea -y privilegio- del público de Miami constatarlo, experimentarlo por si mismo. Es una oportunidad que no se repetirá.

* MOURNING BECOMES ELECTRA de Marvin Levy, en inglés con subtítulos en inglés y español.

16-23 de noviembre, Adrianne Arsht Center , Miami, http://www.fgo.org o 1-800-741-1010

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Mourning Becomes Electra – FGO – foto Justin Namon

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