Un Elgar soñado y refulgente

CHSA 5140

La flamante grabación de The Dream of GerontiusSea Pictures representa un desafío y al mismo tiempo, es una revelación. Desafío porque no sólo se iguala sino que por momentos supera las ilustres versiones de Boult, Sargent, Handley, Hickox, Rattle, Britten sin olvidar la legendaria de Barbirolli con la joven Janet Baker en 1964. Y también revelación porque vuelve a ponerla sobre el tapete como postergado tesoro del repertorio, la reverdece y despierta interés porque figure mas a menudo en la sala de concierto.

Este diálogo consigo mismo del compositor frente a sus dudas y la realización de su insignificancia frente al universo se ve traducido en una partitura de extraordinaria complejidad y belleza, paradójicamente, diríase que eterna. Más operístico que otros oratorios de la era victoriana se hermana con el Requiem de Verdi porque como aquel, apunta tan alto que logra trascender todo elemento religioso. En mas de un sentido, es la gran ópera de Elgar.

Encargadas de iniciar el primer compacto las Sea Pictures en una lectura soberbia de Sarah Connolly, a seis años de su primera versión discográfica bajo Simon Wright. Si en Sea Pictures y Gerontius, toda cantante debe luchar con la referencia ineludible de Janet Baker, Connolly tiene sobrados recursos y todas las de ganar. Bien diferente a su antecesora, sale airosa del compromiso como ninguna otra. El timbre es rotundo, redondo, con un filo expresivo inconfundible navega soberana por las cinco canciones aunando dicción perfecta con espléndido espectro cromático. Gracias a esto, tanto la intrincada The Swimmer como la solemne Sabbath Morning at Sea ostentan un fulgor antiguo de raro lustre.

El ciclo de canciones sirven de apropiadísimo prólogo para entrar de lleno en el dorado ocaso del oratorio donde la mezzo deslumbra con triunfante abandono, con una convicción, entendimiento, experiencia y naturalidad apoyadas en un instrumento magnífico, su ángel guardián posee la serena nobleza y reservada gravedad para encarnarlo, es maternalmente reconfortante. Si vale la pena adquirir el registro sólo por ella, los demás no le van en zaga.

La monolítica solidez del terceto es otro pilar de la versión por la simplicidad y belleza intrínseca del canto de los solistas. Es Stuart Skelton un Gerontius notable, de una firmeza, claridad e intención parsifalesca –a propósito de las alusiones wagnerianas sembradas en toda la partitura – la parte no presenta el mas mínimo problema tanto en los momentos en que se requiere el ardor de un tenor heroico como en los que debe acercarse a la intimidad de un liederista. Asimismo admirable la labor del bajo David Soar en su doble asignación cumpliendo con opulencia vocal y comprensión de ambos textos.

La orquesta y coro de la BBC responden como un solo hombre al comando del experimentadísimo elgariano Sir Andrew Davis quien natural y cómodo transita en equilibrio exacto entre todas las facetas y enfoques posibles para así entregar una lectura balanceada, con los requeridos claroscuros y el fervor debido.

Desde su desastroso estreno en 1900 dirigido por Hans Richter hasta esta excelente grabación, el camino recorrido por Gerontius ha sido largo y tortuoso, sin prisa y sin pausa tal y como anuncia el ángel Softly and gently entra luminoso en el panteón de la inmortalidad.

* ELGAR, THE DREAM OF GERONTIUS, SEA PICTURES. A.DAVIS, CHANDOS CHSA 5140

 

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