No sólo de yates vive el hombre (también de música)

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No sólo de yates vive Miami, también abunda la música, y de la buena, afortunadamente. Como prueba este fin de semana que no sólo trajo los inconvenientes causados por el Boat-Show – sin contar con el festival de Coconut Grove y ArtWynwood – sino una oferta musical que hizo difícil la elección y donde vale destacar la Misa Nelson por Seraphic Fire, el concierto de percusión en la NWS, el recital de Roberto Berrocal y el concierto de la MISO entre otros y los dos comentados a continuación: la National Danish Orchestra y Thomas Hampson con la NWS. Dos conciertos cuya calificación primera es “importantes”.

Bajo la batuta del director residente de la Orquesta de Filadelfia, Cristian Macelaru – bien conocido aquí por haberse graduado en UM, fue luego concertino en MISO – la actuación de la Orquesta Nacional Danesa en el Knight Hall del Arsht Center señaló uno de los imprevistos hitos musicales de la temporada, un triunfo en absoluto opacado por la sensación que causó hace días la del Mariinsky con Gergiev y Matsuev, tanto mas previsiblemente espectacular. Lo cierto es que fue provechoso comparar dos orquestas tan diferentes y en repertorios respectivamente afines.

Los daneses confirmaron ser ilustres representantes de la música nórdica, dedicando la primera parte a Sibelius de quien se celebra el sesquicentenario de su nacimiento (la NWS y MTT lo festejan el próximo fin de semana con la Tercera Sinfonía) y la segunda a su compatriota Nielsen, también nacido en 1865, sin la celebridad del finés pero máximo compositor de Dinamarca.

La aterciopelada profundidad de las cuerdas en el inicial Vals triste dejó entrever que se estaba en presencia de una orquesta sólida, vibrante, cualidad reconfirmada en el Concierto para violín que tuvo un solista de quilates en Ray Chen, quien había visitado Miami en dos oportunidades para la desaparecida serie de Sundays Afternoon of Music. Ganador de los concursos Queen Elizabeth y Yehudi Menuhin, el joven australiano nacido en Taiwan es un eximio alumno de Aaron Rosand en Curtis Institute con una carrera internacional en ascenso; lo merece, su lectura exhibió una seguridad pasmosa y un vigor particularísimo asi como un caudal sonoro que recordó a rusos como Oistrakh y Vengerov. Armado con el Stradivarius “Joachim” de 1715, si Chen se lució mas en acrobacias y virtuosismos que en la intimidad que requiere el Adagio, no hay lugar para reparos puesto que el dramatismo arrollador de la composición emergió con absoluta claridad. Como ovacionado bis, Chan regaló el Capricho 21 de Paganini.

La orquesta es una de las principales exponentes de Nielsen y lo demostró al abordar La Inextinguible – Cuarta Sinfonía – con monumental precisión y compromiso bajo el fervoroso liderazgo de Macelaru. Los contrastes entre ambos compositores no dejaron de fascinar en este programa bien armado y donde la mas conocida de las seis sinfonías del danés adquirió una dimensión especial, una revelación para muchos y la mejor manera de entrar en contacto con el tempestuoso universo nórdico de Nielsen. Compuesta y estrenada en plena Primera Guerra Mundial, la obra va creciendo en intensidad hasta ensordecer con el fragor de la batalla. Los daneses cumplieron al pie de la letra con una versión simple y llanamente espléndida. Macelaru entregó como bis la obertura de la ópera Maskerade del compositor. Un final acorde.  

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El literal caos de tráfico y estacionamiento provocado por el Boat-Show no permitió a muchos llegar a la única actuación de Thomas Hampson en la New World Symphony. Jocoso, el barítono  preguntó si los asistentes eran “refugiados del boat-show”. El mayor placer de la velada fue no sólo reconfirmar la excelencia acústica del hall para un recital de este tipo sino el estupendo estado vocal del gran barítono americano. Escucharlo en vivo es volver a tener el placer de acceder a una voz única, familiar e inconfundible; y además, absolutamente comprometida con el material. Uno de los eximios representantes del canto culto e inteligente de las últimas décadas, a los 59 años se lo vio esbelto, en forma, mas y mejor comunicador que nunca en un repertorio arduo por el que siente particular afinidad, y donde el nombre de Dietrich Fischer Dieskau no deja de acudir a la mente, porque en todo renglón es su equivalente americano. Y quizás sea ese, el mejor elogio.

En dos partes, el recital abarcó un amplio espectro del cancionero americano. Hampson inició la tarde con My Days Have Been So Wondrous Free de Francis Hopkinson, la primera canción americana que data de 1759 por uno de los firmantes de la constitución seguida por una deliciosa Open Thy Lattice, Love de Stephen Foster – el autor de Oh Susanna y Beautiful Dreamer – para cerrar la sección con un magnífico The Dodger de Aaron Copland (de la colección Old American Songs) y tres colosales canciones de Charles Ives. Con su ejemplar canto y comentarios el cantante transformó el hall en un salón íntimo, evocador y pleno.

La segunda sección, siempre acompañado del excepcional Wolfram Rieger al piano, fue dedicada al ciclo Civil Words, encargo del barítono para Carnegie Hall a Jennifer Higdon en conmemoración al sesquicentenario del fin de la Guerra Civil y del asesinato de Lincoln que estrenó este último 9 de febrero. En cinco canciones, Higdon se basa en textos de la Guerra Civil para trascender y reflejar el absurdo e inutilidad de todas las guerras, comenzando por una madre despidiendo a su hijo y finalizando con un padre descubriendo que su hijo no regresará. A la medida de Hampson, conlleva un difícil, originalísimo y cautivante tratamiento vocal donde las palabras van engarzadas curiosamente en una continua línea melódica. Un brillante aporte de la compositora laureada con el Pulitzer.

En la segunda parte, miembros de la NWS y Michael Tilson Thomas se le unieron para The Wound Dresser de John Adams basado en Walt Whitman (Drum-Taps), composición particularísima en el catálogo del compositor. Solemne, doliente, soberano, ilustra el sentimiento del poeta al cuidado de heridos de guerra y por extensión, a todo dolor y enfermedad, es un canto a la compasión que apunta, Adams anota en el programa, en última instancia a “Aquellos que se aman serán invencibles”.

Michael Tilson Thomas lideró una orquesta etérea enmarcando perfectamente cada faceta de una obra que plasma las palabras del poeta con una pátina de reservada angustia y dolor, capa sobre capa hasta llegar al fondo. Otro alegato antibélico para una tarde donde el espectro de la guerra pareció habitar la sala de concierto dominada por Hampson, paladín de la unión de música y poesía. 

Sólo se extrañaron los textos, en el programa o en las pantallas – con imágenes de la época en un eficaz trabajo multimedia – para que la fiesta fuese completa.

Un recital valioso, serio e importante que va creciendo a medida que pasa el tiempo gracias al recuerdo e impacto de una voz tan sedosa como certera y que significó un oasis de reflexión al contrastar con la febril actividad del exterior.

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Thomas Hampson, Jennifer Higdon y Wolfram Rieger en el estreno mundial de Civil Words en Carnegie Hall el 9 de febrero de 2015, repetido en la NWS el domingo 15

 

 

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