El irresistible ascenso de Carl & Carmina

Orff+in+1932

Carl Orff en la década del treinta

O-For-tu-na! y cuatro notas que sacuden los cimientos de la sala de conciertos. Anunciar Carmina Burana implica teatros repletos de audiencias sedientas por experimentar un orgasmo musical capaz de poner a prueba al mas recatado. Sin embargo, no todos aquellos que aplaudirán a rabiar saben que Carmina fue el hit musical por excelencia de la Alemania nazi.

Estrenada en 1937 – en plena exaltación patriótica posterior al ascenso de Hitler en 1933 y las Olimpíadas berlinesas de 1936 – la cantata subió las acciones de su creador a tal punto que fue inscripto como uno de los 24 “Indispensables” en la fatídica Gottbegnadete-Liste (Lista de elegidos de Dios) pergeñada por el ministro de propaganda Joseph Goebbels. Gracias a Carmina, Orff conocía a los 42 años el éxito económico que hasta el momento lo había eludido. Una década antes, había sido el artífice del Schulwerk, un extraordinario método de educación musical para niños hasta hoy usado con notables resultados – su mayor y mejor legado – y que muy a su pesar, fue rechazado como sistema por las juventudes hitlerianas.

El irresistible ascenso de Carmina parafrasea a El resistible ascenso de Arturo Ui, la pieza teatral contemporánea donde Bertolt Brecht ironizó el imparable avance del Führer. Hitler y Orff tenían casi la misma edad, apenas tres años de diferencia. El ascenso fue simultáneo. Aunque Orff no perteneció al partido, supo desentenderse de amigos y colaboradores judíos como Kurt Weill y Franz Werfel; del jazz, del atonalismo y de toda influencia foránea para centrarse en las raíces folklóricas y no ser tachado de degenerado, por ende, eludir prohibición y persecución. Por casualidad o coincidencia, Carmina acabó simbolizando los laureles musicales del venidero “Reino de los mil años” echando por tierra el inicial criticismo negativo del musicólogo nazi Hans Gerigk y siendo proclamada por el periódico oficial Völkischer Beobachter (El observador popular) como “la clase de música clara, pura, tempestuosa y a la vez, tan disciplinada como requiere nuestro tiempo”. Todo dicho.

Al finalizar la guerra, Orff fue sometido al proceso de desnazificación. Se lo catalogó “Gris inaceptable”. Trató de blanquearse afirmando que había sido uno de los fundadores de La rosa blanca, el movimiento de resistencia aplastado por los nazis. Pero su mentira quedó en evidencia cuando la mujer de su íntimo amigo Kurt Huber, profesor universitario columna del movimiento, contó como Orff se negó a ayudarlo e impedir que el feroz Tribunal del Pueblo lo condenara a la guillotina. Tiempo después, el astuto Orff consiguió ser etiquetado como “Gris aceptable” y continuar su carrera.

Según algunos directores, trabajar con Orff era hacerlo con un dulce sádico que había evadido toda responsabilidad moral; según sus cuatro mujeres y Godela, su única hija – entrevistadas en el revelador film de Tony Palmer del 2009 – ”Sólo pensaba en él”.

Carmina Burana es una sagaz adaptación de textos medievales y cantos profanos sobre los placeres terrenales hallados en un monasterio benedictino de Baviera en 1803. El inobjetable mérito del compositor fue seleccionar veinticuatro y crear un producto admirable capaz de seducir a neófitos y expertos, niños y adultos, mas allá de sus curiosa semejanza con Las bodas de Stravinsky compuesta doce años antes. Su popularidad perdura y se multiplica en avisos publicitarios, películas, televisión sin contar representaciones en cada continente, sea en Berlin, Miami, Tokyo, Caracas o Masada. Su efectiva mezcla de antigüedad con modernidad le otorgan un barniz capaz de saltar toda época. Alquimia musical o simple causa y efecto, lo cierto es que Carmina Burana lleva un indiscutible sello de aprobación y permanencia.

Cuando en 1982, Orff moría a los 86 años, había remontado las cuatro eras de la convulsionada Alemania del siglo XX: el imperio alemán, la república de Weimar, el nazismo y la república de posguerra. Oportunista? Impostor? Plagiario? Genio? Narcisista? Traidor? Sobreviviente?. Hoy vale conocer y reflexionar sobre esta faceta de uno de los mas exitosos compositores del siglo XX y también preguntarse por qué una ciudad donde Carmina Burana se da con frecuencia -dos veces esta temporada- no se da oportunidad a otros compositores (por ejemplo, Wagner) que aunque polémicos se hallaban cronológicamente bien lejos del caldero que desató el infierno y holocausto. 

El próximo fin de semana la Orquesta de Cleveland con coro y solistas abordará esta obra que despierta un triunfalismo latente y atávico y que fuera definido entonces como “una celebración del poder e ininterrumpido instinto de la vida” “el indestructible poder y resurgimiento del hombre común”.

Es muy probable que Orff no fuera un nazi sino un simple oportunista que en el momento histórico preciso sacó partido de la glorificación de los mitos paganos idolatrados por el régimen. Por cierto, Carmina tampoco puede ser etiquetada como arte nazi; es una expresión que irrumpe desatada, mostrando una raíz esencialmente humana. Ahí está su fascinación y también, su mayor peligro. Eso sí, no cabe duda que a sus casi ochenta años, al O-For-tu-na! la suerte no ha dejado de sonreírle. 

Carmina Burana, Cleveland Orchestra, Arsht Center, 27 y 28 de marzo.

O Fortuna Inzipit

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