Brentano: feliz Mendelssohn & sombrío Britten

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El inusual programa del Cuarteto Brentano para Friends of Chamber Music se integró con obras de dos genios precoces, Mendelssohn y Britten. Dos composiciones del alemán enmarcaron la del británico, demostrando la versatilidad  y virtudes del grupo que sucedió al célebre Cuarteto Tokyo como residentes en la Universidad de Yale. Fundado en 1992, el Brentano se diferencia de aquel por un estilo mas reservado y austero, igualmente efectivo y contundente.

El extraordinario Mendelssohn adolescente del Opus 12 constata la inspiración y factura de un prodigio a toda máquina, un creador rodeado y nutrido por los artistas e intelectuales de su tiempo, un ávido devorador y procesador de la cultura en el Berlin ochocentista. Este Primer Cuarteto funciona como calidoscopio musical con un tácito tributo inicial a Beethoven y ecos de Schubert a través de la obra, y más de un guiño operístico con su desfile de arias, danzas, corales y canciones. Aunque dentro del formato clásico, se aprecia la libertad propia de la insolencia juvenil, un dramatismo que regresa en el último movimiento después de la deliciosa canzonetta para morir en un hondo suspiro, tal como empezó. Impecables los miembros del Brentano – Mark Steinberg y Serena Canin en violín, Misha Amory en viola y Nina Lee en chelo – plenos de lirismo, exquisitos en la concertación y preparándose para el desafío de la noche, el Tercer Cuarteto de Britten.

Finalizado en el otoño de 1975, el Opus 94 es una obra ardua para ejecutantes y público. Helada, espectral, donde el sinsabor puede volverse espeluznante, donde el elemento sobrenatural prima en los cinco movimientos. Una de sus últimas composiciones, Britten muy enfermo regresó al formato luego de un alejamiento de veinte años, a instancias del Amadeus String Quartet que lo estrenó en 1976 dos semanas después de su muerte. Abstracta y desconcertante, explora voces solitarias, voces blancas, etéreas, en duos, en coros provenientes de dimensiones extrañas, en una quietud quebrada por oleadas bruscas capaces de despertar del letargo o pesadilla. En Solo, el tercer movimiento iniciado por el  primer violín, se traza el paisaje de la desesperanza con tintes shostakovichianos, disimulada por la máscara de la danza. Esa misma máscara conduce al Burlesque y al último, La Serenissima, un sutil paisaje de rara belleza, neblinoso, triste y resignado canto a la Venecia donde fue compuesta. Como la de Aschenbach en su ópera Death in Venice de 1973, el anciano enfrentando a la muerte, pleno de incertidumbre, sin haber resuelto su atormentada ambivalencia. El final de la obra de Britten señala el opuesto a la serenidad straussiana, y con un exacto doble filo de resignada amargura, el Brentano exploró cada faceta, como un continuo reproche lacerante e implacable, sin solución.

En la segunda parte, nuevamente Mendelssohn con una de sus últimas piezas compuesta dos años antes de su muerte (a los 38), el Quinteto para viola en Si bemol, vigoroso, energético y festivo, marcando vívido contraste con la pieza anterior. La mas agradable, previsible y quizá menos personal del programa, gozó de una lectura formidable por los Brentano y su invitado de lujo, Roberto Díaz, director del Curtis Institute de Filadelfia. Tan exuberante como su famoso Octeto, es una galería galante, amigable, efervescente como el “feliz Mendelssohn” del verano de 1845 y que fuera publicado postumamente porque no lo consideró suficientemente bueno. Hoy es joya camarística con claras ansias sinfónicas y el constante, vertiginoso galope del quinteto encendió a sus intérpretes para concluir una velada de buena música.

Dos notables pianistas británicos continuan en rápida sucesión la serie del sexagésimo aniversario de la entidad, Stephen Hough – con la Orquesta de FIU dirigida por el recordado James Judd en una rara aparición local – y el genial Benjamin Grosvenor. El 15 y 17 de enero respectivamente, imperdibles.

información: http://www.miamichambermusic.org

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