Un Wagner actual “a la rusa”

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Grabado en estudio y presentado óptimamente, este álbum dedicado a “Arias de Wagner” es fiel reflejo de algunas tendencias actuales, de aciertos y  errores. Por un lado, la merecida presentación discográfica formal de un cantante que viene realizando una carrera estimable; por otro, la falta de criterio para con el público específico al que, teóricamente, pretende acceder. Quienes adquieren un recital Wagner, son en su mayoría aficionados al compositor, conocen el tema y están interesados en las nuevas estrellas de la lírica capaces de heredar el cetro de ilustres del pasado. De ahí que con toda razón puedan sentirse fastidiados por un programa que combina sólo cuatro fragmentos cantados con tres puramente orquestales, otra deplorable costumbre actual en muchos recitales discográficos y justificable en un recital en vivo para permitir descanso al solista pero que en una grabación no cumple propósito. La única excusa entonces sería la de seducir – o amansar – a un público nuevo que si interesado en Wagner tampoco acudirá en primera instancia a una edición reservada a especialistas.

Hechas las salvedades del caso, es la Orquesta Filarmónica Real de Lieja dirigida por el vienés Christian Arming una entidad valiosa merecedora de atención que secunda espléndidamente al cantante en todo momento. Primero antecediéndolo con la borrascosa obertura de El holandés errante, luego en el enérgico preludio al acto tercero de Lohengrin y finalmente en la imponente música fúnebre de El ocaso de los dioses, con notable participación de bronces y maderas.

Evgeny Nikitin hace su presentación con Die Frist is Um, el gran monólogo del Holandés, el mismo personaje que lo llevó a la súbita fama y no por motivos musicales cuando debió renunciar al Festival de Bayreuth en 2012 por llevar un tatuaje en el pecho que se parecía a una svástica, recuerdo de adolescencia cuando cantaba en bandas heavy-metal. La indiscutible solidez del bajo-barítono ruso se manifiesta la zona grave del registro, cavernoso e impactante, cuando asciende el instrumento tiende a emblaquecerse y abrirse en demasía. Nikitin es una voz importante y aparentemente un actor de garra en escena, de ahi que su mejor intervención sea como “el malo de la película”, Friedrich von Telramund en Lohengrin enfrentado a la pérfida Ortrud de Michaela Schuster. De lejos lo mejor del recital, Schuster es una feroz contrincante y ambos hacen una buena pareja de villanos.

Menos efectiva resulta la Canción de la Estrella Vespertina de Tannhäuser, eficaz pero sin el vuelo poético indispensable de este Lied wagneriano por antonomasia. El color eslavo típico del bajo-barítono (es un formidable Klingsor, otra antipática criatura del compositor así como Pizarro y Orest) deja a medio camino el Adiós de Wotan, de Die Walküre donde mas allá de una gran voz se necesita la expresividad contenida y a la vez desgarradora de un padre renunciando a su hija. Es cierta falta de convicción y agudos tensos que despiertan los principales reparos para esta fundamental voz del Mariinsky actual que deja un testimonio necesario de su trayectoria en casas de ópera internacionales. Sus fanáticos estarán de parabienes.

*WAGNER, OPERA ARIAS, NIKITIN, ARMING, NAÏVE V5413

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