Juanjo Mena, el rigor de un mago

 

Cuando Juanjo Mena debute en Miami el próximo 8 de abril, la New World Symphony y su público experimentarán un sano “desmelene” . El maestro vasco es considerado el más notable director ibérico de su generación, las orquestas se lo disputan y los músicos “lo aman”. Es un músico de músicos, no hay mejor halago. Simboliza el respeto y devoción a una profesión que adora, donde sienta cátedra desde hace décadas y que recién ahora ha empezado a recompensar con creces su trabajo. Nadie le ha regalado nada y en la paternal serenidad que emana refleja una satisfacción tan sabia como merecida. 

Galardonado con el Premio Nacional de la Música 2016, titular de la BBC Philharmonic y director asociado de la Orquesta Nacional de España, fue el artífice de la Orquesta de Bilbao y la noruega de Bergen también está en su corazón. Desde el Concertgebouw a la Filarmónica de Nueva York, desde la Filarmónica de Berlín a la Chicago Symphony, Mena siempre vuelve a los suyos que todavía viven en su natal Vitoria del País Vasco. En entrevista desde Lugano, de gira europea con su orquesta británica, dice “No quiero que mis hijos pierdan ese privilegiado entorno familiar”.

 

Nunca es tarde cuando la dicha es buena, el reconocimiento y fama llegaron a sus jóvenes cincuenta…

Ahora empiezo a entender de que se trata, cómo se hace música, como volcar mis experiencias vividas… ahora empiezan mis mejores veinticinco años.

Convengamos que hoy su caso no es normal, es lo que debería ser pero ya no es más…

Hoy se va muy de prisa, gente demasiado arriba demasiado pronto con las grandes orquestas y esta es una carrera de largo recorrido, siempre lo fue. He visto pasar gente a mis costados y me he preguntado cómo era esto pero, cada uno escoge su camino y cómo quiere hacer las cosas. Ojalá todos tengan la suerte que he tenido.

Para Picasso el mayor acto de coraje era enfrentarse a la tela blanca, cómo es enfrentarse a una partitura y a una orquesta?

Gracias a esa experiencia hoy puedo afirmar que la partitura es Dios, es lo que hay que respetar al máximo y tratar de entender la música a partir de ese respeto, no desde lo que yo le aporto que es el enfoque erróneo.

En una orquesta, ese blanco de Picasso serían los primeros diez minutos, letales, fundamentales, donde captan si estas nervioso, si sabes el repertorio, cuando se ve cómo será la relación y el futuro inmediato. En mis comienzos tenía pesadillas la noche antes de enfrentarme a una por vez primera, pensaba que no tendría nada que aportarles. La experiencia te da la clave de cómo enfrentarla, de cómo conectarte con la orquesta. Ahora lo que interesa es crear música y respetarla, que puedan conectar contigo. Por ejemplo, en Tokio tienen otra manera de abordar la música, diferente a la rapidez que debes tener en Italia, la mecánica de las orquestas americanas o la tranquilidad y disfrute con los escandinavos que aguardan aprender y crecer contigo. Por lo tanto, también hace falta entonces entender cada país.

 

Hay que aprender lo que cada profesor enseña,

incorporarlo y luego caminar a otro espacio.

…Y con Celibidache, aprendí a buscar, descubrir, crear.

 

 

Su experiencia con la orquesta de Bilbao?

Eternamente agradecido, fueron años importantísimos, trabajamos intensamente, eran hasta treinta semanas anuales. Y lo fue desde el comienzo cuando me llamaron aquel agosto a Vitoria para hacerme cargo… a la semana, y ante el repertorio inmenso que proponían descubrí dos piezas que me las sabia bien y así empezamos. Fueron años fundamentales para ambos.

Y la Orquesta de Bergen?

Ah…. fue la primera vez que viví un cambio diferente, otro mundo. En Bilbao hacía un trabajo exhaustivo de corrección, de tempos, un minucioso “arreglar de tuberías” y cuando llegué a Bergen en el primer ensayo – la Tercera de Brahms – levanté la batuta y aquello sonaba a gloria. Me dije “Y ahora qué hago?”. Era dueña de un sonido oscuro, íntegro, unido, que me permitió poner en práctica lo aprendido con Celibidache, empezar a crear, a descubrir, a inventar y soñar, planteamientos para mí impensables hasta ese momento.

 

Y la BBC Philharmonic?

Después de nueve años en Bilbao, de Bergen y un buen tiempo en el  Carlo Felice de Genova haciendo ópera, dirigí un concierto con ellos y fue un flechazo. Buscaban un titular y los músicos me eligieron. Fue otro aprendizaje, algo completamente diferente, una orquesta en estudio radial implica preparación y exigencia máxima; con ellos llegué a ese respeto absoluto a la partitura que le comentaba. Necesitan todo claro, anotado y especificado para que así salga en la emisión radial en vivo. Tripliqué mi repertorio, a veces hacemos 3 programas diferentes en una semana, es una exigencia impresionante. Además tenemos la suerte de tocar en el maravilloso Bridgewater Hall de Manchester, junto al de Birminghan, los únicos dos grandes halls modernos de Inglaterra.

Y la Filarmónica de Berlin?

Llegó en el momento correcto, cuando quizás tenía algo que decirles. Si es demasiado pronto te enfrentas a ese “instrumento” y no puedes decir nada. El programa fue muy trabajado y pasé una semana magnífica con ellos.

Que espera de la NWS?

Estoy expectante. Conocía el proyecto, Javier Perianes me ha contado maravillas y estoy esperando llegar para recibir la energía de esa orquesta y poder encaminarla por los cauces de la música que interpretaremos. Siempre he disfrutado trabajar con los jóvenes y ésta perfila como un auténtico lujo.

 

“Hace falta que un director sepa de orquestación

para ayudar a que la orquesta suene como debe”

 

 

Cuentenos de sus maestros Carmelo Bernaola, Enrique Garcia Asensio y luego el mítico Sergiu Celibidache…

Fundamentales en mi vida. Carmelo llegó a Vitoria cuando yo era un niño de 12 y fue un idilio profesor-alumno. Me abrió las puertas de la música y me condujo a Garcia Asensio para trabajar la técnica que creía correcta. Y entonces Enrique me llevó a conocer personalmente a Ceilbidache y asistir a sus cursos en Mainz. Sin querer, me encontré con tres maestros que cubrieron cada uno de los aspectos esenciales. Bernaola a nivel armónico, contrapuntístico, composición y orquestación. Hace falta que un director sepa de orquestación para ayudar a que la orquesta suene como debe. Garcia Asensio en el nivel técnico, en el lenguaje que debes dominar… “para olvidarlo todo”, aprender a no pensar y sentir y finalmente Celi que acaba ese triángulo perfecto, todo lo que no está escrito en música, lo que no se puede hablar ni cuantificar. Todo aquello que es creatividad. Es la tríada que me guía. Hay que aprender lo que cada profesor enseña, incorporarlo y luego caminar a otro espacio.

Cómo era el gran “Celi”?

Durísimo, temible, terrible. Nunca formé parte del grupo que le seguía, casi sectario. Algo que él provocaba, era muy duro con nosotros porque sabía cuan fuerte debe ser un director. Muchos no podían soportar eso, los abrumaba y no lo resistieron. Nos inhibía al decirnos “Cómo te atreves a dirigir si no sabes nada”. Lo que no dejaba claro era que él aprendió a dirigir, dirigiendo. Arthur Nikisch le había enseñado mucho pero, la primera vez que se puso al frente de la Filarmónica de Berlin no había dirigido nunca, tuvo que aplicar todo lo aprendido y a partir de allí comenzó a plasmar ese auténtico monumento de la dirección orquestal.

De hecho, era muy duro porque sabía que esta profesión es muy dura. Logré sobrevivirlo, me influenció muchísimo y aprendí a despojarme de esa influencia al comprender que ni mi instrumento ni mi conocimiento era el suyo. Con él aprendí que la personalidad de un director debe ser rica, totalmente individual, intransferible, incopiable, tan rica que te permita sentirte desnudo delante de la orquesta, sin miedos, siendo honesto contigo y trasmitiendo lo que quieres hacer, algo que los músicos captan inmediatamente.

Y la ópera?, según “Celi”, “no era música”…

En la ópera se aprende muchísimo, a equilibrar y balancear las prioridades. Cuando “Celi” lo decía debe recordarse lo que él consideraba “música”. Decía que había hecho “música” en 1 de cada 300 conciertos, “en uno de eso hubo música, quizás”. Su exigencia era tan alta. Si bien es difícil lograrlo en repertorio sinfónico, imagínese en ópera donde al aparato sonoro se suman escenario, escenografia, vestuario, movimientos, desplazamientos…  se refería a la pureza musical, a encontrar ese centro orgánico, absoluto. Con Celibidache, aprendí a buscar.

Qué compositores hay que reivindicar?

Tantos! Soy un bruckneriano nato. Después de haber dejado reposar las enseñanzas de “Celi” en ese sentido, después de aprenderlo desde mí, sin intentar sus tempos sino buscando el tempo en cada momento. Creo que la tarea con la BBC me ha dado satisfacciones en Bruckner, arribar a una belleza, tranquilidad y continuidad de línea del principio al fin, “el final como principio y el principio como final”, eso es hacer música. Cuando pierdes el sentido del tiempo y ha transcurrido algo en el que ningún momento te has desconectado. Y por eso, según “Celi”, era tan difícil hacer ópera, con tantos elementos capaces de disturbar esa línea continua

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“Hay directores que son video-conductores,

que se miran mientras dirigen

y la música es otra cosa”

 

En referencia a compositores, hay que agradecerle las grabaciones de Alberto Ginastera.

Me aboqué a su difusión por el centenario coincidiendo que el sello Chandos y la BBC estaban interesados. Estoy contento de haber hecho la primera grabación del original Panambí con el coro de ninfas y haber grabado los conciertos para piano, para violín, obras complejas que he ido incorporando al mercado inglés y en los Proms.

La pregunta del millón, cómo se forma nuevo público?

No hace falta cambiar el producto para que llegue al público porque entonces estamos manipulando lo que debemos entregar que es música. Hace falta buscar en otros mecanismos que no sean los que hagan cambiar el repertorio o la belleza de la música.

Como final, qué hace el maestro Mena para mejorar este convulsionado mundo que habitamos?

Ser sincero, riguroso, como me enseñó Rafael Frühbeck de Burgos, madrugar cada día para estudiar, para ser honesto con la partitura, para pensar en música y no en uno mismo. Hay directores que son video-conductores, que se miran mientras dirigen y la música es otra cosa, trasciende a la impureza humana. Mientras exista ese compromiso, rigor y disciplina con lo que haces, con la ausencia de mentiras, siendo lo mas rico posible sin dejar de perder tu centro. Eso les inculco a mis hijos, que sean ellos mismos y apliquen ese rigor al ser.

 

Saturday, April 8 at 8:00 PM
Sunday, April 9 at 2:00 PM

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Juanjo Mena, conductor

Soloists
Ingrid Fliter, piano
Amanda Crider, mezzo-soprano

Program

Falla : The Three-Cornered Hat
Saint-Saëns : Piano Concerto No. 2
Ravel : Suite No. 2 from Daphnis and Chloe

Information click here

NEW WORLD CENTER – NEW WORLD SYMPHONY

 

 

 

 

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