Elogio de la soledad: Goerne en Schubert y Schumann

 

Dos entregas, en todo el sentido del término, de excepción. Un compacto impecable y un DVD quizás polémico que testimonian el zenit artístico de Matthias Goerne. Podría decirse que es un privilegio acceder a esta inmersión en el alma del cantante que es a la vez espejo de las de Schubert y Schumann. Es Goerne quien nos permite conocerlo, quien se abre para mostrar cómo Schubert y Schumann literalmente lo poseen. Tanta sinceridad no garantiza una respuesta uniforme, ni aprobación unánime, habrá quienes disientan con su enfoque, o quienes reparan en su técnica vocal con acostumbradas aspiraciones previas a cada ataque, no es su intención conformar sino brindar.

 

Einsamkeit (Soledad) se titula el compacto Schumann, el barítono alemán engarza canciones de distintos opus relacionados con este tema hasta plasmar una especie de ciclo integrado por diecinueve Lieder. Parco, meditativo, reservado, de introvertida exquisitez ni entristece ni aburre, por el contrario, es un deleite del principio al fin. Evocando, parafraseando “la sombra” de Borges, podría ser una “Elogio de la soledad”. El Opus 90, Seis historias y un réquiem y los Seis Cantos Op.89 abren y cierran un recital cuyo “adagio” son selecciones de Myrtheny del Opus 83, 25 y 101. La serenidad del barítono evoca un lago calmo, una reflexión abisal donde las olas apenas reverberan creando los matices necesarios para avanzar el discurso. Hay una ternura nueva, un enfoque fresco y no menos noble y severo del acostumbrado. Magistral, Goerne mantiene un tono, crea una atmosfera que permea todo el recital.

 

Mas discutible es su Viaje de invierno “visualizado” por William Kentridge. El barítono ha vivido con la obra desde el vamos, sigue escarbando, revelando capas tal como hacen sus intérpretes mas concienzudos. Inevitablemente Winterreise – así, a secas, sin el artículo original – se convierte en una obsesión, caso Dietrich Fischer Dieskau o Ian Bostridge, que le dan mil vueltas y siempre encuentran otra faceta inadvertida. El caso se repite con Goerne que ahora suma el arte del sudafricano tentado, conquistado por las voces de la escena mundial. Enhorabuena. Es un torneo por mostrar y ocultar, un juego de escondidas. Kentridge muestra otro viaje, tan personal, diferente, los dibujos se suceden alocados, las negruras inundan la pantalla, hay tsunamis de cuervos y un tilo, el tilo inmemorial, no podía ser de otro modo. Hay blanco sobre blancos e invierno sobre inviernos, hay caligrafias, garabatos, poesía concreta, símbolos, esperpentos. El panorama es desolador, los papeles vuelan como aves, son recuerdos, son los poemas de Müller, son sus vivencias, las del artista. Ambos intérpretes tratan el ciclo como un gigantesco fresco, como un pentimento, acariciando, raspando, mostrando cada capa con minucioso cuidado. Las posibilidades son infinitas, por momentos Kentridge se queda corto, o usa la anécdota adrede, para remontar alto el minuto siguiente. El movimiento animado acompaña la voz del barítono. Desde el piano, Markus Hinterhäuser (ya lo hizo en el recital Schumann) secunda flexible y atento el aporte de un Goerne monolítico, críptico, tan hacia adentro que cuando deja ver, sorprende. Otra vez, juega el todo por el todo, y su entrega convence incluso a quienes puedan objetar distorsiones excesivas.

 

En la última canción, la que cierra el ciclo y una vida, ese  Organillero de melodía simple y laberíntica, Kentridge resuelve la ecuación como Fellini en otro glorioso final, el de Ocho y medio, con un desfile de personajes que van pasando en siluetas enfilando hacia un lugar del que obviamente no se regresa, ese circo de la vida que saben plasmar los grandes con elementos mínimos, con un trazo o una canción, en este caso, susurrada por el cantante. 

 

Bien aseveraba André Tubeuf que El viaje de invierno era el equivalente a La Odisea para el hombre moderno, ese hombre al que no lo espera Itaca, ni Penélope, abandonado por los dioses en un mundo donde pelea para morir solo pero libre y hacer de su destino un ejemplo. Ese viaje schubertiano resume el romanticismo, lo que fue  y lo que vendrá, Schumann, Goya, Büchner, Schiele, Berg. En esta épica del paria se llega como extranjero y como extranjero se parte.

 

*Schumann, EINSAMKEIT, Goerne, Hinterhäuser, CD HMM902243 
*Schubert, WINTERREISE,Goerne, Hinterhäuser, C Major DVD 73008

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