Una Bohème digna de Florida Grand Opera

 

 

Con un año incierto por delante, Florida Grand Opera apostó a lo seguro inaugurando su temporada septuagésimo octava con la inmortal Boheme. Gracias a sus directores de escena (Buchman) y de orquesta (Tebar), el emblemático título de Puccini – y del género íntegro – logró salir airoso en su noche de estreno. No está demás recordar que se trata de una ópera construída con tal sabiduría que siempre cae parada, no importa cuan vapuleada por directores o cantantes, ni cuantas veces se la haya visto, apunta a los resortes emocionales de cada espectador y en ese final tan antioperístico (en contraste a la tradición lírica de su época), tan novedoso y esencialmente teatral ( “…en silencio…puro teatro!!!” asevera la veterana Renata Scotto en su memorable racconto con Antonio Pappano) genera una respuesta tan visceral como unánime. Boheme es infalible. Al igual que con los amantes de Verona siempre se abriga la absurda, secreta esperanza de que su heroína, por una vez, no muera.

Como no podía ser de otro modo, la Mimí de turno se murió en el escenario del Arsht; curiosamente la suya fue una muerte menos emocionante que otras en tantos años de Boheme locales. Recordada por una notable Pasajera temporadas atrás, la soprano húngara Adrienn Miksch entregó un personaje más distante que el esperado, vocalmente convincente pero sin ese ansiado acento que hace de Mimí una figura desgarradora y querible. De todos modos, su gran momento llegó con Donde lieta uscì del tercer acto vertido con la intimidad requerida. El grupo de bohemios que la secundó estuvo integrado por cantantes que aportaron credibilidad y entusiasmo principalmente en vista de su juventud, frescura derivada en eficacia como principal acierto escénico y que fue obvia tarea de Jeffrey Marc Buchman. El director volvió a probar que sabe enfrentarse y resolver los obstáculos planteados por una escenografia originada en otra producción con todos los inconvenientes que acarrea. No obstante, la sencilla pero efectiva escenografía de Michael Yeargan satisface especialmente en la resolución de la bohardilla parisina más aún en los tramos finales de la ópera auxiliados por excelente iluminación.

El joven tenor napolitano Alessandro Scotto di Luzio aportó emisión límpida con mejor rendimiento en los pasajes conversacionales que en las grandes arias donde tendió a aplicar un sonido demasiado abierto. Regresó el último Enrico de Lucia de Lammermoor pasada, el ascendente barítono Trevor Scheunemann de importantes medios y solvente vocalismo compuso un Marcello que sólo pide por mayor soltura como actor. Cumplieron eficaces el Schaunard de Benjamin Dickerson y el Colline de Simon Dyer, jóvenes artistas del programa de FGO. Asimismo, Jessica Jones trazó una pizpireta Musetta bien delineada en lo vocal y escénico sin caer en las tentaciones acostumbradas que tienden a ridiculizar el personaje.

Notable el trabajo del director Ramón Tebar no sólo en la concertación orquestal sino en la minuciosa atención a sus cantantes, atento y sensible al caudal de los mismos y expandiendo la gama cromática en los momentos cruciales a fin de plasmar con musicalidad, emoción y estilo la partitura pucciniana, con una orquesta que le responde y que poco a poco se ha ido instalando como uno de los pilares fundamentales de la compañía.

Hasta el 11 de noviembre en el Ziff Opera and Ballet Theater Arsht Center, 15 y 17 de noviembre en el Broward Center for the Performing Arts. Información y entradas: www.fgo.org, 1 800 741 1010, tickets@arshtcenter.com www.BrowardCenter.org.

https://tickets.fgo.org/Tickets/EventDetails.aspx?id=1713

 

Anuncios