Merci, Anne Sofie
Aún quedan artistas cuya grandeza no reside sólo en la excelencia de sus interpretaciones, sino también en su capacidad para reinventarse sin traicionarse jamás. Pocos encarnan esta cualidad con tanta elocuencia como Anne Sofie von Otter. En el crepúsculo de una carrera que supera las cuatro décadas —y que ha dejado referentes de rigor, entre otros, en Mahler, Strauss, Mozart, Bach, Händel, Gluck, Berlioz y el gran repertorio escandinavo—, la mezzosoprano sueca vuelve a sorprender con un recital tan inesperado como coherente con el camino artístico que ha recorrido desde sus comienzos. Este fascinante Berlin Berlin constituye un nuevo capítulo en la búsqueda infatigable de una artista que nunca ha confundido la fidelidad al repertorio con la inmovilidad creativa.
Contados cantantes se han movido con tanta naturalidad entre la ópera, el Lied, la canción popular, la música barroca, el repertorio contemporáneo, el jazz y la chanson francesa. Lejos de diluir su identidad artística, esa curiosidad no ha hecho sino fortalecerla. Me cuento entre quienes han seguido ese recorrido desde aquel ya incomparable Grieg de 1985, hasta llegar a su reciente chispeante inmersión en la canción francesa, y ahora esta nueva estación de su viaje donde abre otra puerta, diferente y para ella, familiar.
No sorprende que haya decidido explorar el universo del Berlín de entreguerras. Lo admirable es la inteligencia con la que lo hace. En lugar de ofrecer una cómoda antología de éxitos del cabaret berlinés, construye un itinerario musical mucho más rico y sofisticado, en el que conviven de manera natural canciones para cine, Schlager, teatro musical, Brecht, Weill y Hanns Eisler. Desde el Friedrich Hollaender de 1930 a su exilio en 1948 con Illusions (de la película A Foreign Affair) a Lothar Brühne, Bruno Balz y otros, el resultado no es una reconstrucción arqueológica ni un ejercicio de nostalgia, sino una reflexión contemporánea sobre una sociedad que contemplaba el derrumbe de sus propias certezas mientras convertía el entretenimiento en refugio y mecanismo de supervivencia.
La República de Weimar produjo una de las culturas urbanas más brillantes del siglo XX, pero también una de las más contradictorias. En apenas unos años convivieron la euforia artística, la modernidad, el expresionismo, el jazz, la emancipación femenina, la sátira política y el nacimiento del cine sonoro con el colapso económico, la radicalización ideológica y el lento ascenso del nacionalsocialismo. El cabaret berlinés absorbió todas esas tensiones. Bajo su aparente ligereza escondía feroz crítica, donde el humor, la melancolía y el cinismo ponían al descubierto precisamente aquello que la sociedad prefería no reconocer. Esa complejidad constituye el verdadero núcleo de este cancionero para leer entrelineas.
A sus gallardos setenta, Von Otter conoce su instrumento con absoluta honestidad y construye cada frase en torno a aquello que hoy puede expresar mejor que casi nadie: el matiz, la intención y el color de cada palabra. El paso del tiempo no ha disminuido su capacidad comunicativa; la ha enriquecido. Ese dominio permite que el Sprechstimme aparezca cuando la partitura lo exige. Susurra, conversa, sonríe, acaricia las palabras, las lanza con mordaz ironía, narra con dulzura o conmovedora sencillez o juega con un registro grave embellecido por la pátina del tiempo, atreviéndose incluso con Der Wind hat mir ein Lied erzählt, propiedad de la legendaria Zarah Leander, su ilustre compatriota.
El programa incluye el críptico Über den Selbstmord de Bertolt Brecht y Hanns Eisler, donde desaparece cualquier vestigio de ironía para dar paso a una desnudez emocional casi insoportable. Las páginas del Hollywood Liederbuch revelan otra dimensión igualmente fascinante: la del exiliado que transforma la memoria en música. No menos significativa resulta Marterl, del Berliner Requiem de Kurt Weill, que la reencuentra con un compositor del que grabó junto a Sir John Eliot Gardiner. Igualmente revelador es el sutil eco que este recital mantiene con Terezín, aquel extraordinario álbum dedicado a canciones compuestas en el campo de concentración de Theresienstadt, donde evitaba cualquier sentimentalismo para confiar exclusivamente en la fuerza expresiva de la música y del texto.
La espléndida Salon Orchester de la Komische Oper de Berlín es otro de los grandes aciertos de esta grabación. Bajo la dirección del maestro estadounidense Adam Benzwi, el conjunto recrea con autenticidad el inconfundible universo sonoro del Berlín entre 1920 y 1940, integrando las influencias del jazz norteamericano – a las que certeramente la mezzo llama Schwing, un jazz a la prusiana – el music hall, la opereta vienesa, el tango y la música popular urbana.
Von Otter comprende de manera instintiva el delicado equilibrio entre la risa y la tragedia. Contempla aquel mundo desaparecido desde la perspectiva que ofrece un siglo de historia y consigue, precisamente por ello, hacerlo profundamente contemporáneo. Quizá, el mayor logro del álbum. A diferencia de tantos proyectos similares, Berlin Berlin no pretende reconstruir una época perdida ni abandonarse a la nostalgia de la República de Weimar. Tampoco convierte el cabaret en una pieza de museo. Lo observa desde una sensibilidad actual, revelando hasta qué punto estas canciones continúan interpelando a sociedades que siguen buscando refugio en el entretenimiento mientras perciben que el mundo a su alrededor cambia de manera irreversible. Es penetrante, lúcida e iluminadora, pero también está animada por el inconfundible placer de una artista que disfruta cada una de estas pequeñas obras maestras, puliéndolas hasta alcanzar esa espontaneidad natural que sólo puede nacer de un oficio consumado. En ese delicado equilibrio ha construido un recital que no solo resulta admirable, sino imprescindible.
Y si el otoñal Leben ohne Liebe kannst Du nicht, que cierra el álbum, deja al oyente con un ojo lloroso y el otro sonriendo —en la mejor tradición del Rosenkavalier de Richard Strauss—, la deliciosa Merci mon ami, es war wunderschön hace imposible resistirse a tomarlo prestado y parafraséarlo en un merecido Merci, Anne Sofie.
BERLIN BERLIN BERLIN! KABARETT UND EXILE – BIS-2827

