Dawn Upshaw, un tesoro americano

Dawn Upshaw - foto Darío Acosta

Si Dawn Upshaw elude toda definición y más aún la de “soprano lírica” que en teoría le corresponde, es porque, simple y llanamente, su voz son muchas voces. Cuando en el 2007 fue merecedora de la Mac Arthur Fellowship (por primera vez otorgada a un cantante en vista de la “extraordinaria originalidad y dedicación en su búsqueda para establecer un nuevo modelo de intérprete”), la famosa Beca “Genio” – sumado a su incorporación a la Academia de Artes y Ciencias Americana – estampó el supremo sello de aprobación que venía avalado por cuatro Grammys, doctorados honoríficos,  galardones y una popularidad que rivaliza con la de “cantante de culto”. No obstante, etiquetarla de “genio” es encasillar a esta fuerza de la naturaleza disfrazada de tierno pajarito, que también es. Uno que no cesa de explorar, profundizar, buscar, hallar y que en definitiva sólo es fiel a su naturaleza, a su misión esencial: volar y cantar.

Es la musa inspiradora de Osvaldo Golijov que ha expresado “No compongo para ella, es más…a veces creo que ella compone para mí!”. El próximo 2 y 3 de marzo estrenará para Miami sus Tres canciones con orquesta con la Orquesta de Cleveland dirigida por Nicola Luisotti.

El argentino Golijov no es el único, otros compositores se disputan esta rara-avis capaz de plasmar la inspiración más diversa gracias a una natural combinación de inteligencia y sensibilidad. Como sus predecesoras Cathy Berberian, Jan de Gaetani y Lorraine Hunt-Lieberson, simboliza un tipo de artista dúctil, versátil, capaz de concitar vertientes expresivas y estilísticas opuestas  canalizándolas en una voz límpida que encierra insólitos matices y posibilidades. Su instrumento es como una tela blanca donde pueden pintar los compositores de su tiempo sin dejar de hacer justicia a los del pasado.

En Upshaw, nada sobra; en su aparente fragilidad reside su fuerza. La voz se ha fundido con la artista; es intención, expresión, verdad. El fuego debajo de la calma de este volcán benevolente inspira a músicos e inspira, además, el mismo respeto y humildad que caracterizan su enfoque. Bach, Handel y Mozart son los pilares de esta soprano que como una bailarina entrenada en el rigor clásico se lanza al universo de una Martha Graham o Pina Bausch para dar vida a  Daisy Buchanan en El Gran Gatsby de John HarbisonEl Niño de John Adams, a su extraordinaria Clémence de El amor de lejos de Kaija Saariaho o la estremecedora Margarita Xirgú de Golijov clamando “Quiero arrancarme los ojos para no verlo sufrir” por su Federico en la ópera Ainadamar. Aquí también, esa voz dulce e inocente capaz de navegar las aguas de Kurt WeillVernon Duke, Lukas Foss, Schubert, Barber, Mahler, Canteloube, Berio, Gershwin, Debussy, Ravel, el musical de Rodgers & Hart, el cabaret de William Bolcom y hasta el épico Luonnotar de Sibelius, levanta vuelo hasta transformarse en una trágica griega, incisiva y certera hacia y desde el alma de la música.

Hace dos décadas el público la conoció y consagró con la Tercera Sinfonía de Górecki, un disco que batió récords de venta catapultándola a un status de rock-star al que sumó una década notable con más de 300 actuaciones sólo en el Metropolitan Opera y otras casas líricas (Salzburg, Paris, Glyndebourne, Santa Fe, etc) donde paseó su Pamina, Susanna, Despina, Melisande, Anne Trulove, Zerlina intercaladas con estimulantes Liederabend donde no estaba ausente la música popular norteamericana, tanto la vieja como la nueva.

Con la llegada del siglo XXI, Dawn se mudó de siglo y abrazó más que antes la música contemporánea; batalló gallardamente un cáncer que tuvo en vilo a la comunidad musical y cuando regresó al ruedo artístico, más sabia, más intensa, fue inevitable no asociarla, con el nuevo “amanecer” con que volvía a honrar el significado de su nombre. Si no cabe duda que este “genio” es un tesoro americano al total servicio de la música, entrevistarla es constatar una sencillez y una risa que desarma, la misma risa contagiosa con la que remataba su indispensable Glitter and be Gay de Leonard Bernstein.

¿Es la primera vez que canta en Miami?

Es increíble pero, no recuerdo haberlo hecho antes. Es muy posible que así sea, de hecho, lo siento como la primera vez. Pocos saben que viví en Miami Beach desde los seis meses a los tres años donde mi padre era ministro asociado de la Miami Beach Community Church.

Entonces, Miami fue donde cantó primero…

Cierto!…. Ahora cantaré las Tres Canciones con orquesta de Osvaldo Golijov. Nos hicimos amigos hace una década gracias a la primera, Lua Descolorida, que luego incorporó a La Pasion y después orquestó con las otras dos: Night of the Flying Horses, un “Yiddish Lullaby” y How Slow the Wind sobre poemas de Emily Dickinson. Son tres obras completamente diferentes que se acoplan muy bien y me encanta hacerlas.

¿Acepta un ping-pong donde defina algunos de sus compositores mas cercanos?

A ver, vamos…

Mozart

Pureza, la verdadera vulnerabilidad de la vida, con él esta todo expuesto, toda la verdad y todo el dolor, no hay escondite posible.

Franz Schubert

Riqueza, complejidad, entendimiento.

Oliver Messiaen

Éxtasis amoroso.

Luciano Berio

Como en Schubert, complejidad y delicadeza al mismo tiempo.

Kaija Saariaho

Otro mundo, definitivamente, música de otro mundo…

György Kurtag

Un intrincado filigrana y el acceso veloz a la verdad, tan inmediato que lastima.

John Adams

Un vasto espectro, inmenso en posibilidades.

Osvaldo Golijov

De la tierra.

¿El éxito de la Tercera de Górecki le marcó un “antes” y un “después”?

No tanto como se cree, la gran experiencia fue conocer a Górecki. Además, el disco llegó a más gente que toda la que pueda asistir a mis conciertos durante mi vida entera. No obstante, si es cierto que fue un hito hubo otros hitos que signaron aún más esos “antes y después”: el San Francisco de Asís de Messiaen, La Carrera del Libertino de Stravinsky o los Fragmentos de Kafka de Kurtag. Por sobre todo, es la colaboración con colegas excepcionales como, entre otros, Gilbert Kalish, Richard Goode , Geoff Nuttal o  Peter Sellars.

Aquella Theodora en Glyndebourne con Hunt-Lieberson y Sellars fue paradigmática. ¿No extraña la ópera?

Esa fue otra experiencia inolvidable para añadir a la lista, pura magia, una experiencia irrepetible, por Peter, el elenco y por Lorraine…. En cuanto a la ópera, no, no la extraño porque es muy difícil hacerla bien y si no se dan todas las condiciones, no me interesa. Es un género muy demandante en todo sentido, incluso cuando se tienen dos hijos pequeños y hay que ausentarse por mucho tiempo. Y después de trabajar con Peter Sellars… bueno, es casi imposible encontrar otro igual. Ese es el tipo de experiencia que necesito para estar motivada. Por otra parte, mi voz y mi trabajo han evolucionado organicamente y estoy cómoda. No, no extraño la ópera.

¿Últimos proyectos?

El año pasado fui directora artística del Festival de Ojai, allí estrené Winter Morning Walks de Maria Schneider y That the Night Come sobre textos de W.B.Yeats del irlandés Donnacha Dennehy. La hicimos con su Ensemble Crash, y este año junto con la St.Paul Chamber Orchestra  estrenaré If he died, what then, un racconto sobre la hambruna en Irlanda por Asenath Nicholson, una suerte de misionera americana. Dennehy es una voz individual, dice como nadie, es muy original y me encanta. Es otra de las razones por las cuales trabajar con un compositor me reconforta y revitaliza tanto. Me hace sentir viva, lo que no quiere decir que no siga disfrutando el cantar música compuesta hace siglos. Además, también estoy enseñando en el Bard College, al norte de Nueva York.

¿Por qué  tanta gente teme a la nueva música?

Quizás sea porque el último siglo nos paseó por muchas diferentes tendencias musicales y porque parte de esa música resultó alienante para ciertos sectores de la audiencia. De hecho, yo también tengo reacciones muy diferentes frente a músicas nuevas. Algunas me gustan, en cambio con otras no puedo establecer conexión alguna. Por otro lado, estamos trabajando con nuevos lenguajes musicales y toma tiempo acostumbrarse. Recordemos el escándalo de La consagración de la primavera en 1913… Mucha música no se entiende en el primer momento, se necesita amplitud de criterio y generosidad por parte del intérprete y del público también.  Parecería que las composiciones necesitaran respirar, vivir en el aire por un tiempo, estar allí para que se produzca esa conexión. Mi sistema es tomar las nuevas composiciones en fragmentos de cinco o diez minutos a fin de asimilarlas. Así me sumerjo y a veces, sucede y otras….no conecto absolutamente nada!.

¿Alguna música, literalmente, le cambió la vida?

Si, estaba en college y un día, revolviendo discos en la librería me topé con una portada con la imagen de una mariposa, no la puedo olvidar, eran las Ancient Voices of Children de George Crumb por Jan de Gaetani. ¡Quedé atrapada como una mariposa!. Ese disco me conmocionó, cambió mi vida, no podía creer lo que estaba escuchando. De George Crumb justamente, acabo de cantar su ciclo Winds of Destiny –  [ocho canciones populares americanas sobre la guerra para voz acompañada por cuatro percusionistas que tocan 102 instrumentos] – en el Festival de Ojai pero quiero cantarlo más; su mundo de sonidos es único y profundo, va directo al núcleo con una suavidad, gentileza y honestidad incomparables. Son cualidades que admiro profundamente.

¿Después de tanto vivido, ha cambiado su percepción de la música y de la vida?

Después de tanto bueno y tanto, digamos…”no tan bueno”, lo vivido me ha regalado una mayor apreciación por el aspecto sanador de la música. Mi conexión con ella es todavía más fuerte e intensa y me demuestra lo importante de hacer música. Me hace feliz. Me hace sentir bendecida☼

* Viernes 2 de marzo y sábado 3 de marzo, 8 p.m. Knight Concert Hall, Adrienne Arsht Center. Boletos al (305) 949 6722 o www.arshtcenter.org

(una versión condensada de la entrevista fue publicada en El Nuevo Herald/Miami Herald el domingo 26 de febrero)

Anuncios