Los mansos héroes de Klaus Florian Vogt

Este primer recital discográfico del ascendente Klaus Florian Vogt  refleja la precaria situación en que se halla la cuerda de tenor dramático y las desesperadas (o desesperantes) estrategias de las compañías grabadoras tratando de pasar “gato por liebre” al desprevenido, sea conocedor o curioso.

No está en tela de juicio su éxito como Lohengrin en el excelente DVD de Baden-Baden ni su original (aunque también controvertida) participación en Das Lied von der Erde bajo las órdenes de Kent Nagano pero, etiquetarlo como tenor heroico es ya otro cantar.

Si desde siempre se anuncia el ocaso del Heldentenor, este cd no haría mas que confirmarlo o en su defecto, constataría cierta falta de información en la adjudicación del término. Después de escucharlo cabe preguntarse qué adjetivo le cabe a ilustres como Lauritz Melchior, Franz Völker, Max Lorenz, Set Svanholm, Ludwig Suthaus y sus reemplazos, en su momento también polémicos, Jon Vickers, Ramon Vinay, Wolfgang Windgassen, Jess Thomas, James King y los más recientes Peter Hofmann, Ben Heppner y Plácido Domingo con sus recordados Lohengrin, Parsifal, Siegmund y el Tristan en disco.

El cantante alemán exhibe una voz de innegable belleza, admirable técnica e impecable dicción pero, lírica, transparente y livianísima, semejándose más a la voz de un contratenor que a la  típica, bruñida y robusta inherente a un héroe teutón. No deja de intrigar la notable repercusión de esta suerte de “contratenor wagneriano” en teatros europeos – incluído Bayreuth – lo que hace suponer un caudal sonoro de tal magnitud capaz de borrar cualquier reparo; caudal, por otra parte, difícil de apreciar en una grabación quizás manipulada en estudios.

No sorprende que lo mejor del programa sea el aria de Huon de Oberón, en su elegancia y dulzura recuerda al americano Donald Grobe que fue buen exponente del rol titular. El resto es un desfile estentóreo, algo anodino, sin atisbo de drama y expresión, con un timbre fijo, nasal, límpido y brillante que no deja de impresionar y, por momentos, cautivar. Sin provocar comparaciones con un Wunderlich o un Gedda, sus Tamino, Marqués de Chateauneuf (Zar und Zimmermann), Max (Der Freischütz) y en especial Paul de Die Tote Stadt resultan mejores elecciones que Walter von Stolzing (un Preislied cantado más por David que por el héroe mismo), Lohengrin (un susurrado In fernem Land que tiene lo suyo) y Siegmund, cuyo desconcertante “Winterstürme” entonado como si fuese una canción de cuna acaba por irritar.

En otra mala nueva costumbre, el cedé ha sido rellenado con oberturas y preludios – a cargo del solvente Peter Schneider y la Orquesta de la Deutsche Oper Berlin – como si se tratara de un concierto en vivo, en cuyo caso se sobreentienden para descanso del solista.

Un nombre a tener en cuenta y una voz bella, atípica, importante aplicada a un repertorio que, al menos hasta hoy, requería otro tipo de  instrumento. Será una señal de los tiempos o sólo cuestión de acostumbrarse… ☼

☀KLAUS FLORIAN VOGT: HELDEN; SONY CLASSICAL, 88697988642

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