Una mujer a la sombra

Deslumbramiento y decepción van de la mano en esta flamante versión en DVD de La mujer sin sombra desde el Festival de Salzburgo 2011. Decepciona el resultado del trabajo de Christof Loy, cuya interesante propuesta alegórica, simple y llanamente, no termina de levantar vuelo. Por imposible que parezca, el director logra despojar de toda magia la desmesurada criatura de Hofmannsthal y Strauss hasta reducirla a, según sus palabras, una “metáfora de la responsabilidad”. Como hiciera Mary Zimmerman en La Sonnambula metropolitana, Loy juega al “teatro dentro del teatro” a la manera de Ariadne auf Naxos. Loy traslada el reino de Keikobaad a la Viena de posguerra y a la primera grabación de la ópera en la legendaria Sofiensaal por Karl Böhm. En ese ámbito, traza paralelismos con el estreno de 1919 y los afectos del compositor (Lotte Lehmann, Maria Jeritza y su mujer Pauline de Ahna) mediante el encuentro generacional reunido por amor al arte para aquella referencial versión del invierno de 1955, y cabe entonces la evocación de la madura Elisabeth Höngen y la debutante Leonie Rysanek. Desafortunadamente, la tentadora exploración del mundillo de los intérpretes – la inexperta, el sazonado, la veterana, el matrimonio de cantantes a cargo de “los tintoreros” – es apenas un boceto y queda desaprovechado.

Para su radical tratamiento, el director se vale de un impresionante decorado de Joannes Leiacker, perfecta reconstrucción de la desaparecida sala de grabación inmortalizada en el video de Götterdämerung con Solti y elenco. Con todo, esta suerte de transferencia no concita la alquimia necesaria para sostener el producto; mas allá del válido intento, al quitar el esencial elemento fantástico corre el riesgo de quedar en lo anecdótico, sofisticado, y en mas de una instancia, aburrir.

El deslumbramiento llega desde el foso orquestal gracias a Christian Thielemann, paladín de esta ópera que define como “El encuentro entre Elektra y Ariadna“, liderando una impagable filarmónica vienesa. La suya es una lectura luminosa, refinadísima y reveladora que lo ubica en el panteón de los grandes directores de “FROSCH”. Ese mismo fervor parece contagiarse a un elenco de primer nivel donde triunfa Evelyn Herlitzius, una tintorera poderosa, segura, admirable. Apenas un punto por debajo, Anne Schwanewilms es una notable Emperatriz, seguida por Michaela Schuster, en el imposible papel de la nodriza. Thielemann, la orquesta y las tres damas se llevan las palmas pero tampoco quedan atrás Stephen Gould (en el ingrato rol del Emperador) y Wolfgang Koch como Barak. Un quinteto sólido y no menos memorable.

Si la intención de Loy fue destacar la belleza de la partitura, cumple su cometido, pocas veces se la pudo apreciar mejor. Grandiosa, compleja, rica y ambigua, la fabulosa épica straussiana necesita y es mucho más; la reacción del público del festival, acostumbrado a todo, es contundente. Lo que pudo ser una gran versión de concierto (o registro discográfico y entonces bastaría con cerrar los ojos) queda limitado a presenciar una grabación desde la butaca del teatro de ópera☼

* STRAUSS, DIE FRAU OHNE SCHATTEN, UNITEL CLASSICA OPUS ARTE, OA 1072 D

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