Bruckner + Celibidache = Esencial & Adictivo

No sólo de Mahler vive el hombre. Quien no sea adicto a Bruckner tiene aquí la oportunidad de incorporar una nueva pasión a su lista y por otra parte, la mejor manera de celebrar el centenario del nacimiento del director Sergiu Celibidache (1912-1996), motivo de esta esperada edición en DVD.

Bruckner y Celibidache forman una pareja ideal y todo aquel que desee comenzar a interiorizarse con la obra del austríaco tiene aquí la ocasión perfecta, la de ver y escuchar una de sus grandes sinfonías de la mano de su profeta dirigiendo “la” orquesta por excelencia, la filarmónica de Berlin cuya textura y perfección sonora rivaliza con las de Dresden y Viena, gloriosos exponentes de la tradición bruckneriana.

Igualmente idolatrado y vilipendiado, postergado (y apenas menos elusivo que Carlos Kleiber), el mítico Celibidache emerge supremo y fiel a sí mismo en esta ocasión, cuando después de casi  cuatro décadas regresó a dirigir (sería la última vez) la orquesta que lideró entre 1946 y 1952 como sucesor interino de Wilhelm Furtwängler. Y lo hace con la Séptima Sinfonía de Bruckner, favorita de Furtwängler, y en el Schauspielhaus (Konzerthaus) de Schinkel (no en la Philharmonie “de Karajan”) donde tiene lugar este concierto a beneficio de los orfanatos rumanos auspiciado por el gobierno alemán.

Günther Wand, Eugen Jochum, Haitink, Giulini, Chailly, Karajan, Dohnanyi y naturalmente Furtwängler son algunos de los directores que dejaron huella en esta sinfonía y en este reencuentro berlinés, el rumano obtiene una densidad, hondura y lustre sin parangón. Se está frente a una versión plena de voces interiores, robustas y transparentes, donde Celibidache parece unir todas las facetas hasta esculpir un bloque monolítico, no para todos los gustos ni para quienes sientan excesiva su retórica.

Ritual del principio al fin, y el célebre Adagio es de una belleza aplastante, es una lección magistral del “sonido” de su compositor favorito. En la música de Bruckner se concretan las premisas estéticas y la compleja espiritualidad del director. El control absoluto e inmaculado, el detalle más obsesivo, el fluir de la tensión y el discurso orquestal exhiben un equilibrio asombroso, en definitiva, los rasgos característicos de “Celi”.

El DVD añade un documental de casi una hora (El retorno triunfal) donde se constata la obsesión del maestro durante los ensayos. Es un capítulo aparte, tan imperdible como sus comentarios sobre los críticos, el sonido francés versus alemán, una inolvidable disquisición sobre cómo atacar las notas y sobre las orquestas de Berlín (“Tantas caras nuevas en la que fue mi primera orquesta”) y la Filarmónica de Munich (“Las orquestas no existen, no estan hechas de músicos, son 120 directores”) que fue su hogar durante lustros.

En su achacada megalomanía, su ego desaparece al fundirse con la música para renacer como en un canto a sí mismo. El veterano budista zen que odiaba las grabaciones (y sus buenas razones tenía) bregaba porque cada función fuese una experiencia trascendental. He aquí una muestra tan esencial como, afortunadamente, adictiva☼

☀BRUCKNER, SEVENTH SYMPHONY, CELIBIDACHE, EUROARTS 2011408

Postdata:

Extracto del artículo Los Mitos – Sebastián Spreng – El Nuevo Herald, 26 de julio de 2009

Un tributo al legendario director Sergiu Celibidache (1912-1996). Elusivo, temperamental, enigmático, complejo, filósofo de la batuta que abrazó el budismo y aplicó una perspectiva diferente a la dirección orquestal de la música de Occidente.  La cámara se limita a seguir al mito con la misma devoción de alumnos y colegas. Haciéndose eco de Schiller, dice “Detrás de la verdad está la belleza pero ésta es sólo el anzuelo. La verdad no se puede definir, debe experimentársela; como la música, está mas allá del pensamiento”. No hay desperdicio, Celibidache ensaya, enseña, dialoga y monologa; para él “La música puede transmitirnos nuestra individualidad porque es la correspondencia entre el sonido y la vida interior lo que la posibilita”.

Admirador y breve sucesor de Furtwängler (“que me abrió un universo con sólo decirme Todo depende del momento, no hay teorías, cada composición tiene su tiempo) al frente de la filarmónica berlinesa afirma “La tradición no existe, la pieza debe nacer cada vez; quien se apoya en la tradición es un impotente. La interpretación es reconocer el proceso creativo, los intérpretes debemos ir hacia el lugar de la experiencia de donde partió el compositor”.

El apasionante film de Schmidt-Jarre muestra su retorno a Rumania, ensayos con la filarmónica de Munich (“su”orquesta),  cursos a jóvenes y el reencuentro con los viejos músicos de la orquesta en Israel. Uno dice “Divido a los directores en dos: policias y escultores, el es ambos” otro acota “Dirigiendo es un tirano, como persona el mejor amigo, en síntesis: un genio”. Para Celibidache “La música es como la vida, no se hace nada, solo dejarla fluir y manifestarse”.

Celibidache: You don’t do anything, you let it evolve; ARTHAUS 101 365

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