El placer de la nostalgia en una tarde de domingo

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Emanuel Ax – foto de Lisa Marie Mazzucco

Apenas horas después de un aclamado Cuarto Concierto de Beethoven con la New World Symphony y Michael Tilson Thomas, regresó al escenario de Miami Beach el pianista Emanuel Ax para un recital Brahms ejemplar, en todo el sentido de la palabra. Ejemplar por la calidad, por la nobleza y por la aproximación no sólo al compositor sino también a la audiencia de la que se disculpó por un cambio de programa. Lo anunció con la modestia y bonhomía que lo caracterizan, añadió una que otra jugosa anécdota para de inmediato lanzarse de lleno al Brahms maduro de las cuatro piezas para piano que conforman el Opus 119. Si se trató del Brahms más doliente y nostálgico originado en los últimos años de su vida, el incorregible Ax acotó risueño “Mi amigo Joseph Kalichstein dice que Brahms sufría de nostalgia desde los tres años”.

Dicho y hecho, con el soberbio Intermezzo en si menor la nostalgia brahmsiana se adueñó de la soleada tarde dominical transformándose en el secreto remanso necesitado por todos, incluso por el veterano pianista que mantiene una impresionante agenda de presentaciones.

Fue un recital reconfortante, como se debe, y esto quiere decir, transmitir, comunicar sin espectacularidades ajenas al hecho artístico, contagiando el gozo de interpretar, enseñando a apreciar y compartiendo música con mayúsculas. Ax entregó una cátedra de sobriedad, signada por la espontaneidad emanada de la absoluta decantación y que tampoco estuvo exenta de poderío, el necesario para convencer en las endiabladas Variaciones sobre un tema de Handel, especialmente en la gran fuga final o como ya habia hecho en la rapsodia que remata del opus 119.

El programa se completó con el bellísimo Tercer Cuarteto para Piano en do menor en el que Ax fue secundado por tres competentes, noveles integrantes de la academia orquestal americana, destacándose claramente el lustroso sonido de la cellista Grace An.

Un programa bien articulado en un ámbito ideal, que abarcó etapas fundamentales de la producción brahmsiana y que también sirvió para demostrar cómo Miami va puliéndose, va acercándose a ser el polo musical por el que trabajan instituciones pioneras como la NWSUn recital que demostró cómo una tarde perfecta de playa pudo ser también una tarde perfecta de música. En manos de Ax, esa nostalgia innata en Brahms fue capaz de conquistar a pleno sol.

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