Jordi Savall y el espíritu del bardo en Miami Beach

Jordi and Juilliard415

Jordi Savall y Juilliard415

Los peatones de la noche del miércoles ni se enteraron de lo que sucedía dentro de la Miami Beach Community Church sobre la bulliciosa Lincoln Road. Como tantos otros, no saben lo que se perdieron y vale recalcarlo porque el Tropical Baroque Festival de la Sociedad Bach es un esfuerzo liderado por la tesonera Kathy Gaubatz que debe apuntalarse. Un pequeño gran lujo de nuestra ciudad. 

En el interior de la iglesia, una fiesta contagiosa de música y teatro gracias a una conjunción imbatible: Shakespeare y la música incidental a cuatro de sus obras por una leyenda de la música (que afortunadamente regresa a esta entidad con frecuencia) dirigiendo un conjunto integrado por una veintena de jóvenes virtuosos músicos y actores. La leyenda es Jordi Savall, no necesita presentación, y el grupo de instrumentos de período es Juilliard415 que fundado en el 2009 suma al nombre de la escuela neoyorquina, la afinación acostumbrada en el barroco.

El famoso intérprete catalán ejecutó la viola de arco y los dirigió en música de compositores del jacobismo inglés como Mathew Locke (1621-1677), Robert Johnson (1583-1633) y Henry Purcell (1659-1695). Savall fue solista sólo en la música incidental de Robert Johnson para El cuento de invierno, limitándose a dirigir en Macbeth, La tempestad y Sueño de una noche de verano.

La delicada combinación de músicos y noveles actores – del grupo 45 de Juilliard Drama Department – aportó el equilibrio justo. Próspero, Puck, Calibán, Titania y Oberón se corporizaron entre sarabandas y gavotas añadiendo una cuota extra de encanto al vigoroso ensemble que contó con el argentino Manfredo Krämer como concertino, otro de los ases de Savall.

Imposible no mencionar las trompetas barrocas a cargo de Timothy Will y Caleb Hudson, la tiorba de Kevin Payne y el clave de Ignacio Prego, sin contar con la percusión de Samuel Budish y Christian Lundqvist. En estas mascaradas de las piezas fantásticas del Bardo de Avon se deleitó no sólo con danzas de la corte y música espectral, hubo también ecos, pájaros, tormentas y acrobacias extra musicales a juzgar por las del vívido Puck y sus patrones.

Un poema de Conrado Nalé Roxlo comienza “Música porque sí, música vana…” y en ese grillo cantor de “corazón eglógico y sencillo” del poeta pareció resumir una velada que mostró cuánto, y con cuánto menos, se divertían en aquella época. En el obligado bis, Savall hizo batir palmas a la enfervorizada audiencia para acompañar el ritmo de una contradanza de Les Boréades de Rameau y el efecto fue mas revitalizante (y menos predecible) que la sempiterna Marcha Radetsky del concierto vienés de fin de año. Para el público sirvió de feliz catarsis a una noche mágica y preludio a una semana que augura más bellezas barrocas. 

Información http://www.tropicalbaroquemusicfestival.org/

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